En la foto, mi fiel bicicleta verde. El viento.

A comienzos del año 2009 no encontraba trabajo en ningún lado y como no tenía ganas de quedarme en mi casa viendo tele, decidí trabajar en lo que fuera y me puse a atender, hasta diciembre de 2009, un negocio en un centro comercial.
Como buen ciclista no lo pensé dos veces, agarré la bici, empecé a pedalear, y de pronto se me cruzó una idea: llevar un excel de distancias recorridas y ahorro en transporte público, no sólo por mi amor a las planillas de cálculo, sino para intentar demostrar un punto: no hay nada más sustentable que la bicicleta para moverse por la ciudad.
¿Y qué entiendo por sustentable? Etimológicamente sustentar viene de “sostener”, de conservar algo en su estado originario, así que me gusta pensar que de algún modo hablamos de un medio de transporte que permite mantener a la ciudad bien, sin tanta contaminación, y de paso, conservar en buen estado al cuerpo que nos aguanta todos los días. Pero hay otro sentido, y es que la bicicleta es el único medio de transporte que se paga a sí mismo. Ese era un punto que quería poner sobre la mesa.
Como les decía, empecé a pedalear. En mi vieja bicicleta verde ochentera, una pistera de una fidelidad impresionante, que salvo algunos pinchazos, no me dio mayores problemas. Algunos días salía de mi trabajo a medianoche, y era mi absoluta felicidad pedalear por las calles casi vacías de esta ciudad. Es una tontera, pero los ciclistas a veces le ponemos nombre a nuestras cletas; a la mía la llamo “viento”, y es que las pisteras son bólidos, el viento es lo único que siente la gente luego de que has pasado volando a su lado. En fin, pedaleaba cerca de Alcántara, veía a las prostitutas de noche, me reía pensando en cómo hacían detener a los autos, y bueno… un tipo en bici no debe parecer un buen negocio.
En invierno les prometo que Carabineros me acorralaba por las calles. En este país las fuerzas de la ley tienen dentro del perfil del “anarquista” una descripción bien simple: se movilizan en bicicleta. Imagínense a un servidor pedaleando con pasamontañas -y casco- cerca de las calles donde vive la presidenta Bachelet. Debo haber aterrado a más de algún Carabinero de turno.
Son recuerdos ya, la cosa es que a mediados de año las rodillas comenzaron a doler mucho, mi novia compró para mi cumpleaños unos pedales y zapatillas automáticos, los que fueron la solución inmediata a ese problema (como podrán ver en el gráfico a continuación). Me caí tres veces aprendiendo, y luego no me los saqué más. Aprendí a optimizar todo, amarré con pulpos un bolso a la parrilla, descubrí que mucha gente que trabaja en restaurantes y sale tarde se mueve en bicicleta, y es que claro, esperar la micro de noche es realmente una lata. A veces tuve que invertir plata en arreglos o pinchazos, todo eso también quedó consignado en estas planillas de cálculos, me costaba mucho al comienzo cambiar cámaras de pistera -las de aro 26 no tengo ningún problema- pero terminé descubriendo los errores, aprendí a regular bien los cambios, en fin, si ya sabía algo de reparación de bicicletas, terminé aprendiendo mucho más.
Pero vamos a los datos duros, a las cifras. ¿Cuánto puedes pedalear en un año? Es una buena pregunta, yo he ido a Lo Vásquez y he hecho Cicloturismo por el sur. Usando esta herramienta, el Gmaps Pedometer medí la distancia entre mi casa y mi destino: 7,8 kms aproximadamente, en total, ida y vuelta, 15 kilómetros al día.

Después del salto, más gráficos y más info. » Leer el resto de esta entrada..