
Gracias a la pitutera pero siempre generosa Isabel, partimos hoy en la tarde a ver Madama Butterfly al Municipal, yo no soy muy entendido en la ópera pero creo que es complicado verla sin estremecerse, en especial ante un espectáculo tan… zorrudo. Ok, quizás no es la mejor palabra pero ¿se acuerdan de las escenas de la carretera de Transformers, en que a uno se le erizaban los pelos y decía “esto es demasiado fabuloso”? Bueno, la ópera es totalmente diferente pero el resultado es similar, uno llega a las lágrimas sin tanto robot ni explosiones. Es un tipo de emoción… intensa. El dueto por ejemplo entre Madama Butterfly y Pinkerton, que cerraba el primer acto, me tenía al borde de las lágrimas, y eso es solo intensidad. Repartida entre orquesta, canto, régie, una ambientación excelente, en suma, pura intensidad. Sólida, apasionante. Estremecedora.
La historia es de una joven quinceañera que se casa con un marino norteamericano quien la abandona. Ella espera y espera… mucho tiempo, noticias de él. Hasta que él vuelve… pero no les diré para qué. Porque les puedo arruinar la sorpresa, tal como me la arruinaron a mí.
Jaja un detalle tonto, pero igual. Al tipo que hacía de Pinkerton, el marino que hacía sufrir tanto a la pobre Madame Butterfly, al final, la gente lo aplaudió a rabiar pero con un “buuuuu” generalizado. Es que bueno, su personaje era demasiado malvado. Entonces Pinkerton no atinó a nada más que encogerse de hombros, como diciendo “así es la vida, no es mi culpa” mientras de todas formas le llovían los aplausos.
Esta foto la tomé yo desde el palco en el que estábamos. Si llegas media hora antes, puedes ver como los bailarines arman la regié.









