Me inscribí en Facebook a fines de año pasado, solo para estar en contacto con una pareja amiga mía en Canadá, y no volví a abrirlo en meses. Hoy ya es la locura, me llegan invitaciones, gente que quiere o dice ser mi amiga, Microsoft lo compró en 240 millones de dólares y por alguna razón no logro entender la gracia del sistema; si me preguntan, hasta a Twitter o Pownce les encuentro sentido pero a Facebook sinceramente me parece una tontera. No digo que sea malo, digo que es inútil: si empiezo a contar los servicios 2.0 que uso, todos sirven para algo: WordPress me permite bloguear, en Flickr tengo las fotos subidas y me olvido de mantenerlas en el pc; imaginen mi alegría cuando descubrí del.icio.us, una red de bookmarks donde puedes ver qué cosas enlaza gente parecida a tí. Todas dicen algo de tí, todas tienen un sentido. Facebook me parece más bien unas “páginas amarillas” sociales para que los demás sepan quién eres en el espacio. Y además es privada. Cosa que a estas alturas no sé si será bueno o malo.
El otro día alguien me decía “me carga eso de bloguear, de escribir “ah, me tiré un peo” para que todos lo sepan”. Claro, esta misma persona tiene una red social en Facebook para demostrar cuantos amiguis tiene en el escabroso mundo del cine. Pareciera que la lógica es: si te gusta escribir, ten un blog, si no te la puedes, un Fotolog, y si ya no te puedes ninguna de las dos, ten un Facebook. Y es raro, porque tengo contactos que sinceramente no entiendo para qué se inscriben, el único afán pareciera ser, como bien dijo Pancho Ortega hace unas semanas en su blog, estar. Figurar. Ser alguien en el ciberespacio. Que te vean, ser visto y una vez dentro… hacer una de las mil webadas que se pueden hacer, o sea, yo cuando revisto vía Flock -si te gusta Facebook, el navegador Flock es lo tuyo- tengo mil invitaciones a cervezas, a “hombres lobos vs vampiros” y una sarta de tonteras sin sentido, como quiz de cine, de afinidades. Un Myspace sin música. El último escalafón en servicios sociales. Me da lo mismo que me puteen: me salgo de Facebook, no sirve para nada y no entiendo su rotundo éxito.
Leí que puedes pedir darte de baja del servicio, pero que aún así mantienen tus datos privados. Yo voy a salirme. Esta semana me han llegado tres invitaciones, a una de estas personas la veo todos los fines de semana, a otras, no las veo hace meses. Y con mis amigos canadienses chateo siempre. Así que termino de inscribir esto y me doy de baja.
Actualización: para darse de baja, vas a “My Account” y “Desactivate”, luego te van a preguntar por qué. Parece que sacar tus datos es más complicado aún, porque volviendo a loguearte, ya estás dentro de nuevo. Al parecer tu perfil sigue apareciendo para la gente, como si nada. Veremos que se puede hacer.






