
Iba saliendo del cine el otro día cuando en la esquina de Echeñique con Vespucio estaba la fauna urbana que más detesto. No crean que son pokemones, ni emos ni góticos, para nada. Todos ellos son un pan de dios al lado de lo que llamo un R.B.O, un “Rasta Buena Onda“, un clásico de clásicos, el típico weón “lindo” con rastas, tocando tambor, y con dos minas exquisitas al lado. Puta que los odio. Cuando era chico e iba a fiestas, este era el clásico weón que llegaba tres horas más tarde, pasado a marihuana y se llevaba en dos minutos a la mina que te había costado toda la noche engrupir. Una mierda. Y es que algo tienen los RBO que son sumamente atractivos para las chicas rubias lindas y poco inteligentes, y es que cuando tienes 17 años tienen algo de lo que tu careces y jamás podrás tener: ONDA. Claro, mientras para ti la noticia era la salida de Windows ’98, ellos venían de vuelta con la nueva pipa para fumar y el nuevo disco de algún raro cantante jamaiquino. No son rastafaris, no tienen nada de jamaiquinos, detestan el reggae, lo escuchan solo en público pero en privado ponen a Nirvana. Son niños bien cuyos padres les permiten hacerse rastas. Y con eso arrasan. Es el cĺásico imbécil que no te conoce y el primer día de universidad se te acerca con su sonrisa de mil dientes y ojos entrecerrados para decirte “¿tenis un cigarrito compadre?” Su sonrisa provoca estragos entre las chicas, a quienes no les interesa que su pelo huela a mierda. Ellas caen como moscas. Viven barseando, son parásitos de todo, desde cigarros hasta la materia de clases, y lo que realmente me carga, son esos tambores de mierda. Es esa actitud de que no te importa que esté a todo volumen, puedes pasar horas y horas tocándolo.
Hace unos días conversaba de esto con una mina, que hablaba y hablaba de muchos temas sin poder profundizar en ninguno. Era una especie de Wikipedia pero sólo con títulos, podía enunciar libros, culturas prehispánicas, de todo, pero solo títulos, nada en profundidad. Yo le decía que alguien en marihuana es para mí exactamente igual a un adicto al ravotril, ok, será uno natural y el otro químico, pero el efecto es similar, un dopaje constante todo el día, un escapar de todo lo que hay. Un humanista, ávido de lecturas y de conocimiento, no puede más que detestar a su contraparte, un tipo cuyo único interés son la paz, el amor, y la hierba, pero que para llegar a ellas, solo puede fumar y tocar el tambor. Un clásico del verano, por estos días se ven muchos por las calles. Muy probablemente se multipliquen por el verano.
Igual no encontré una foto tan decidora… los R.B.O no usan muchos gadgets parece.







