DISCLAIMER: La siguiente es una bitácora de viaje de índole más o menos personal. Si no te interesan estas aventuras, quizás quieras revisar estos consejos prácticos para hacer cicloturismo.
Día 2. Alabanzas
Tras los ravioles de la noche previa, Isabel y yo fuimos a dormir de inmediato, a ambos nos dolían mucho las piernas, yo fui a lavar la loza y ahí noté que no habíamos traído detergente. (En este momento Isabel da vuelta un trozo de carne… pero ya llegaremos allá)
El segundo día amaneció primero con los horrendos sonidos de un pájaro del infierno, los “tiuques” o algo así, según nos contaron nuestros vecinos, una pareja bien simpática (Alejandro y Vero), profesores de educación física ambos. Usualmente en camping yo despierto muy temprano por la luz, pero ahora llevé unas antiparras para dormir, las que por supuesto no sirvieron de nada contra los pajaros. El siguiente ruido molesto fue peor, un tambor, sonido que odio. Isabel se asomó y con espanto me señaló unos enormes amplificadores; un grupo de evangélicos venía a celebrar.
Empezaron a ensayar y les dijeron que era muy temprano, así que se callaron. A todo esto, habíamos intentado abrir los sacos, dormir sobre uno y taparnos sobre otro como si fueran de dos plazas, pero eso era complicado por lo que optamos en la noche por dormir individualmente. Por fin salimos de la carpa y fuimos al lago, el día estaba espectacular, las nubes de ayer se habían ido, todas, el horizonte estaba despejado y empezamos a nadar. En esta playa aunque te alejes 100 metros el agua no te tapa, nadamos un buen rato y después pasamos otro buen rato tendidos al sol, con bloqueador, claro que no en las típicas zonas donde no te echas y que ahora duelen. Por ejemplo, detrás de las rodillas. El traje de baño de Isabel es entero y se bajó la parte delantera, casi haciendo topless. Dice que le daría lo mismo mostrar las pechugas, yo no sé. Hoy no lo hizo porque habían muchos niños, veremos que pasa. El bullicio evangélico seguía, y con ellos el basural, botaban envoltorios en la arena, en el lago. Amarán mucho a Dios pero puta que les cuesta respetar su creación. Yo estaba chato, pero la dueña del camping es al parecer amiga de ellos. Dormimos un rato al sol, leimos también. Yo tengo “Preludio a Fundación” de Asimov e Isabel lee “El Peregrino Secreto” de Le Carré.
A todo esto, había olvidado comprar que en la mañana fui a comprar al almacén de un viejo español, a unos 500 metros, traje aceite, lavalozas, pan, (eran gigantes), huevos y vienesas para el almuerzo. Con eso desayunamos huevos con salamín, a lo que yo sumé un Milo, y al poco rato, estábamos en el lago.
» Leer el resto de esta entrada..










