El otro día surgió un tema interesante mientras comprábamos cosas para un asado, estábamos con Jaime en el Ekono cuando me dijo “mira mis pantalones nuevos, la Claudia (su novia) me está adelganzando toda la ropa”. Me sentí identificado de inmediato, cierta vez fui a comprar pantalones con Isabel y me hizo notar que los usaba algo anchos. En mi vida me había dado cuenta. Jaime y yo teníamos algo similar, el odio por ir de compras, dado lo cual muchas veces les pedíamos a nuestras viejas que trajeran un pantalón. “Negro” era en mi caso la indicación más importante. Bueno, el misterio residía en que existen más indicadores para comprar ropa. Y en que al parecer el gusto de nuestras madres era -sorpresa- diametralmente opuesto al de las chicas de nuestra generación.
Medio en serio, medio en broma, dimos con la respuesta a tantos años de soltería. Ahí estaba todo, llevábamos años vistiéndonos mal. ¿Sería esa la razón por la cual fuimos siempre los últimos en agarrar novia?
En mi caso la primera sorpresa fue enterarme que no era XL sino L. Llevaba años con la idea fija de que mi talla era XL, pantalones anchos y chaquetas que solían caer. Siempre creí que me veía “onda viejo”, o sea bien. La cosa es que, me aclararon, no era “ese tipo de viejo” el que parecía con esa ropa. No el viejo intelectual huraño que vive al lado de una caleta de pescadores, sino el viejo pordiosero bañado en vomito y que se viste con ropa que a nadie más le quedó bien. Bueno, o algo por el estilo. » Leer el resto de esta entrada..












