Hace varios años empecé a ver una serie española muy simpática llamada “Los Serrano”. Cada capítulo duraba la friolera de ¡hora y media! lo que obligaba a Canal 13 a dar medio capítulo cada semana. A ese ritmo por supuesto no llegaron a ningún lado, ya sabemos lo respetuosa que es la tele abierta con los productos envasados.
En fin, la serie trataba sobre un hombre viudo, Diego, que contrae matrimonio con una dulce rubia (Belén Rueda), y al casarse unen las dos familias, porque cada uno tiene hijos por su lado. Los hijos se enamoran y pasan mil situaciones. La cosa es que Belén Rueda empieza a incursionar en el cine y su personaje, Lucía, muere. La serie sin embargo siguió, pero yo me rendí. Como tantos. Ya no se trataba de nada -o peor, se trataba siempre de lo mismo- y dejé de verla.
Hoy me enteré de que Los Serrano llegó a su fin. De la peor manera posible.
Siempre digo que la mejor forma de aprender de cine o televisión, es viendo malos productos, porque así tienes conciencia de cómo es un mal montaje o un mal guión, a veces la buena factura nos hace olvidarnos de las cosas básicas. Como por ejemplo, que no hay peor final que decir “todo era un sueño”. Así es. Señoras y señores, con ustedes el final de la serie “Los Serrano”, donde Diego se da cuenta de que todo… era un sueño. ¡En serio! Y despierta y toma desayuno con los hijos -hombre, que ya han pasado cinco años y los niños tienen pelos en el mentón- y aquí no ha pasado nada.
Alguien en este equipo no aprobó Guión 1. Les dejo el video.






