Archivo para el mes de marzo 2010

1. La versión Fanny Lu.

La canción se llama “Celos” y es original del Guatón Romo de Daniela Romo, y dice así:

Celos de tus ojos cundo miras otra chica,
tengo celos, celos.
Celos de tus manos cuando abrazas otra chica,
tengo celos, celos.

Cuando te encuentras con alguien,
cuando caminas con alguien,
cuando te siento feliz,
yo tengo celos, tengo celos.

Hoy, quiero bailar solo contigo,
hoy quiero soñar que tu eres mio,
hoy te dare todo mi amor en un abrazo,
y tu prometeras que nunca, me haras sentir,
nunca mas, nunca mas, nunca mas, nunca, celos
celos.

2.- La versión Graham Greene.

El fin de la aventura

Ralph Fiennes es Maurice Bendrix y  Julianne Moore es Sarah Miles en la versión de 1999 de Neil Jordan. En la versión de 1955 la dupla la forman Van Johnson y Deborah Kerr, dirigidos por Edward Dmytryk. En cualquier caso él es un escritor celoso y ella una esposa infiel que viven un tormentoso romance durante el Blitz alemán sobre Londres, por allá por 1940-1941. El siguiente es un extracto del libro.

Sarah y yo solíamos tener largas discusiones sobre los celos. Yo me sentía celoso hasta del pasado, al que ella se refería francamente a medida que iba saliendo a la superficie: aventuras sin significado (salvo quizá la del deseo inconsciente de obtener aquel espasmo final que Henry desgraciadamente no había conseguido proporcionarle). Sarah era tan leal con sus amantes como lo era con Henry, pero lo que debería haberme servido de consuelo (pues indudablemente también sería leal conmigo) no hacía sino irritarme. En un tiempo solía reírse de mi irritación, negándose simplemente a creer en su propia belleza, y me irritaba también que no tuviera celos de mi pasado, ni de mi futuro posible. Yo no admitía que el amor pudiera adoptar otra forma que el mío: medía el amor por la magnitud de mis celos, y desde luego, con arreglo a esta norma, resultaba que no me quería lo más mínimo.

Las discusiones seguían siempre el mismo patrón y, si me refiero a una ocasión en particular, es porque esta vez terminó en acción, una acción estúpida que no condujo a nada, como no fuera a esta duda que me asalta siempre que me pongo a escribir, la sensación de que quizá era ella y no yo quien tenía razón.

Recuerdo que esta vez le dije acerbamente:

—Esta es la consecuencia de tu anterior frigidez. Las mujeres frígidas nunca son celosas; simplemente porque no logran compartir la emoción ajena.

Me irritó que no intentara defenderse.

—Es posible que tengas razón —asintió—. Yo lo único que deseo es que seas feliz. No quiero verte descontento. Admito, pues, todo lo que pueda hacerte feliz.
—Lo que deseas es un pretexto. Si me acuesto con otra mujer, es una razón para que tú, por tu parte, te acuestes con quien te parezca, ¿no es así?
—No hay tal cosa. Lo que deseo es verte feliz, eso es todo.
—¿Incluso me ayudarías, si viniera al caso?
—Quizá.

La inseguridad es lo peor que puede sentir un amante. A veces, hasta el matrimonio más rutinario y sin deseo es preferible. La inseguridad tuerce el sentido de todo y envenena la confianza. En una ciudad acosada cada centinela es un traidor en potencia. Ya en los tiempos anteriores a Mr. Parkis me había esforzado en desenmascararla y más de una vez la pillé en pequeños embustes y en evasivas que en realidad no significaban sino el temor que me tenía.

Yo agrandaba las mentiras e infidelidades, y aun en las palabras más evidentes me empeñaba en leer un sentido oculto. Pues la simple idea de que otro hombre pudiese tocarla me era ya insoportable. Lo temía de continuo y el movimiento más casual de sus manos cuando hablaba con otros hombres me parecía intencionado y revelador de una secreta intimidad.

—¿Y tú, no preferirías también verme feliz que desgraciada? —me preguntó, con una lógica intolerable.

—Preferiría estar muerto o verte muerta —afirmé— antes que con otro hombre. Yo soy un ser normal y quiero como los seres humanos. Pregunta a cualquiera. Todos te dirán lo mismo… si realmente están enamorados. Todos los enamorados son celosos.
Sarah y yo solíamos tener largas discusiones sobre los celos. Yo me sentía celoso hasta del pasado, al que ella se refería francamente a medida que iba saliendo a la superficie: aventuras sin significación (salvo quizá la del deseo inconsciente de obtener aquel espasmo final que Henry desgraciadamente no había conseguido proporcionarle). Sarah era tan leal con sus amantes como lo era con Henry, pero lo que debería haberme servido de consuelo (pues indudablemente también sería leal conmigo) no hacía sino irritarme. En un tiempo solía reírse de mi irritación, negándose simplemente a creer en su propia belleza, y me irritaba también que no tuviera celos de mi pasado, ni de mi futuro posible. Yo no admitía que el amor pudiera adoptar otra forma que el mío: medía el amor por la magnitud de mis celos, y desde luego, con arreglo a esta norma, resultaba que no me quería lo más mínimo.
Las discusiones seguían siempre el mismo patrón y, si me refiero a una ocasión en particular, es porque esta vez terminó en acción, una acción estúpida que no condujo a nada, como no fuera a esta duda que me asalta siempre que me pongo a escribir, la sensación de que quizá era ella y no yo quien tenía razón.
Recuerdo que esta vez le dije acerbamente:
—Esta es la consecuencia de tu anterior frigidez. Las mujeres frígidas nunca son celosas; simplemente porque no logran compartir la emoción ajena.
Me irritó que no intentara defenderse.
—Es posible que tengas razón —asintió—. Yo lo único que deseo es que seas feliz. No quiero verte descontento. Admito, pues, todo lo que pueda hacerte feliz.
—Lo que deseas es un pretexto. Si me acuesto con otra mujer, razón para que tú, por tu parte, te acuestes con quien te parezca, ¿no es así?
—No hay tal cosa. Lo que deseo es verte feliz, eso es todo.
—¿Incluso me ayudarías, si viniera al caso?
—Quizá.
La inseguridad es lo peor que puede sentir un amante. A veces, hasta el matrimonio más rutinario y sin deseo es preferible. La inseguridad tuerce el sentido de todo y envenena la confianza. En una ciudad acosada cada centinela es un traidor en potencia. Ya en los tiempos anteriores a Mr. Parkis me había esforzado en desenmascararla y más de una vez la pillé en pequeños embustes y en evasivas que en realidad no significaban sino el temor que me tenía.
Yo agrandaba las mentiras e infidelidades, y aun en las palabras más evidentes me empeñaba en leer un sentido oculto. Pues la simple idea de que otro hombre pudiese tocarla me era ya insoportable. Lo temía de continuo y el movimiento más casual de sus manos cuando,hablaba con otros hombres me parecía intencionado y revelador de una secreta intimidad.
—¿Y tú, no preferirías también verme feliz que desgraciada? —me preguntó, con una lógica intolerable.
—Preferiría estar muerto o verte muerta —afirmé— antes que con otro hombre. Yo soy un ser normal y quiero como los seres humanos. Pregunta a cualquiera. Todos te dirán lo mismo… si realmente están enamorados. Todos los enamorados son celosos.

El viernes pasado Isabel y yo fuimos al departamento de mi amigo Jaime a tomar unas cervezas, ver el Festival de Viña, o cualquier cosa en la tele, y conversar un rato. Volvimos tipo 2 de la mañana a dormir, y de pronto desperté con todo moviéndose. He hablado con mucha gente esta semana y creo que todos sabemos lo mismo: no hay que pescar mucho a los temblores, al fin y al cabo resultan para este país tan anecdóticos como la lluvia. Pensándolo así, los terremotos son como esas nevadas que pasan de vez en cuando en sectores donde nunca nieva.

En fin, en el momento en que iba a despertar a Isabel mi teléfono de disco cayó al piso, ese fue el momento en que comprendimos, y quizás fue el mismo momento para miles de personas, que esto era más grande de lo normal. Nos levantamos, y yo salí al patio a buscar unas lámparas de camping para iluminar la casa. El agua de la piscina estaba por todo el piso, cruzaba los patios y salía a la calle. Al volver con las luces, tomé algunas fotos.

Ésta es una foto del comedor de mi casa, con toda la repisa en el piso, incluyendo el globo terráqueo desactualizado desde los años ’80 y la colección de “Revistas del Domingo” antiguas de mi viejo. Por lo menos el terremoto sirvió para que botara un montón de cosas  a la basura. El globo terráqueo no, claro.

El mundo en el piso

Después salí a la calle a tomar fotos, era impresionante ver toda la ciudad a oscuras. A lo lejos viene un auto.

Calles sin luz

De noche

Creo que lo peor de todo no es estar incomunicado, sino el tener esta necesidad desesperante por información. Fui a buscar un personal stereo viejo y le conectamos audífonos para escuchar la radio, que ya transmitía noticias sobre el terremoto. Tengo la sensación de al comienzo haber escuchado por la radio el Canal 24 Horas, después en la radio ADN transmitían. Nada mucho. De pronto volvió la luz, quizás a las 4 de la mañana; prendí el computador y las noticias de otros lados del mundo ya reporteaban sobre el terremoto, en Twitter alguna gente posteaba y alcancé a cargar la página de la BBC Mundo cuando la luz se fue y junto a ella internet. A eso de las 5 de la mañana volvimos a dormir.

Hay más fotos y más historias después del salto. » Leer el resto de esta entrada..

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Sobre mí:

Productor audiovisual, Escritor.
Ciclista urbano y fotógrafo aficionado.

    • Festival Chilemonos.

      Del 25 al 29 de Abril se llevará a cabo en Santiago el Festival de Animación Chilemonos, donde se juntará la crema y nata de la animación nacional. Habrá muestras audiovisuales y estrenos, competencia nacional, internacional y de escuelas; exposiciones, talleres, foros, charlas y demases. Las sedes son el centro cultural GAM, el Centro Cultural Palacio de la Moneda, y el Centro Arte Alameda. En la página web del Festival pueden revisar la programación por fechas y sedes,  los invitados internacionales y las actividades en general. Nos vemos allá.

    • Tin Tin en el cine.

      La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.