El próximo 6 de mayo viene Robert McKee a dar uno de sus cursos, a los que creo que nunca asistiré, primero porque no pagaría esa cantidad de dinero, segundo porque no creo que me gusten mis compañeros de curso y tercero, porque como decía Goethe, “el talento se nutre en la soledad (…)”.
Recuerdo que McKee salía en Adaptation (El Ladrón de Orquideas, 2002), no él, claro, sino que lo interpretaba -por elección personal de McKee- Brian Cox .
En la película Charlie Kaufmann (Nicholas Cage) está en uno de esos seminarios y le pregunta a McKee qué pasa en un guión en el que “nothing much happens”. La respuesta es la siguiente (traducción literal mía, por siaca)
¿Que nada pasa en el mundo? ¿Estás mal de tu puta cabeza? Hay gente asesinada cada día. Hay genocidios, guerra, corrupción. Cada puto día, alguien en el mundo, alguien sacrifica su vida para salvar a alguien más. Cada puto día, alguien, en algun lugar toma la decisión consciente de destruir a alguien más. La gente encuentra el amor, la gente lo pierde. Por el amor de dios, un niño mira a su madre ser golpeada hasta la muerte a los pies de una iglesia. Alguien tiene hambre. Alguien más traiciona a su mejor amigo por una mujer. Si no puedes encontrar eso en la vida, entonces tú, mi amigo, ¡no sabes ni una mierda de la vida! ¿Y por qué PUTA estás haciéndome perder mis dos preciosas horas con tu película? ¡No me sirve! ¡No me sirve para nada!
Bueno, en el mundo pasan cosas, eso está claro. Ahora, si tienes el talento o no para convertirlas en historias, es otro cuento. Puedes tener o no talento. Y si no tienes talento, siempre puedes tener oficio.
En fin, estoy desvariando. El otro día en un mall miraba cómo una pareja terminaba su relación, ella estaba sentada llorando, con la cabeza entre sus rodillas, mientras él gesticulaba con sus manos, en una de las cuales sostenía una rosa. Al terminar sus líneas le lanzó la rosa al piso y ella quedó ahí un buen rato, llorando. No siempre tiene uno la suerte de ser testigo de las vidas privadas de los demás, a lo Deadman. Es un privilegio maldito, morboso, y maravilloso a la vez. No pude evitar acercarme y tomar esta foto:
Un afectuoso saludo igual, a la anónima pareja. La rosa quedó en un basurero del lugar.




