A lo “Capitán de Mar y Guerra“.
Hace cerca de un mes iba pedaleando por Thayer Ojeda cuando algo pasó, no recuerdo bien cómo pero choqué con mi bicicleta a alta velocidad contra un auto estacionado, un hit and run que de “run” no tuvo mucho porque caí a la calle, a Thayer Ojeda, y menos mal que ningún auto me pasó por encima. Agarré la bicicleta, mi mochila, y me tendí en el pasto, contra un árbol, a mirar el cielo. Estuve así como por diez minutos, pensando en que fácilmente me pudieron haber atropellado ese día. Andaba con casco así que no me pasó nada, salvo algunos rasmillones y pesadillas los días que siguieron. El otro lado de la historia fue mi fiel bicicleta, mi pistera verde, que se fue “hacia adentro” por el choque. Tuve que cambiar la horquilla, y aún así no quedó del todo bien. El tipo del taller me dijo que el marco está doblado y que tendré que cambiarlo porque eventualmente, con el tiempo, va a romperse.
Durante Marzo, ya que iba relativamente cerca de mi casa, tomé la bicicleta de mi hermana, una Mountain aro 26, súper vieja y maltrecha, pesada como un burro y que sonaba como si arrastrara cadenas por la calle. Y partí pedaleando, todavía con miedo a las calles, por la ciclovía de Simón Bolivar, hasta la ciclovía de Antonio Varas, para después tomar Sucre hacia abajo. Son atroces esas ciclovías, la gente camina por ellas, los autos estacionan, pero a pesar de todo, es impresionante ver cuánta gente las usa.

Después del salto, sigue la historia. » Leer el resto de esta entrada..