Ante todo, mis disculpas por no haber escrito en un buen rato. Tengo varias excusas, entre la pega, el podcast y la mudanza desde la casa de mis viejos a mi departamento con mi novia, no he tenido el tiempo para sentarme a tipear opiniones sobre las cosas, que es el tema principal de este blog. El otro día recordé que existía Windows Live Writer y lo instalé, es bastante cómodo y permite escribir offline, como por ejemplo ahora, desde mi escritorio, y publicar desde mi trabajo o cuando alguno de mis vecinos de los que me cuelgo que tan amablemente me convidan internet no están bajando demasiado.
Espero poder entonces retomar un poco el ritmo y no subir solamente programas de radio o fotos, sino más textos. El siguiente es un resumen de una interesante pelea-conversación que tuvimos con un grupo de amigos sobre el premio Nacional de Literatura y claro, Isabel Allende.

Ya se acerca la eterna discusión de todos los años, el famoso Premio Nacional de Literatura y su entrega –o no- a la escritora nacional Isabel Allende. Me parece que el principal error es tener que entregar todos los años un premio, los premios deberían entregarse cuando haya obras o personas que los merecen, pero este afán de hacerlo todos los años obliga a estar calentándose la cabeza por buscar candidatos, ya que sería poco educado declarar año tras año como desiertos estos premios.
Todo esto parte del mismo negocio en que el arte se ha convertido, esta obligación por saturar el mercado y estar constantemente lanzando cosas obliga a que no tengamos demasiada opción, en mi caso me pasa con la música, no me gusta nada de lo que suena pero siempre hay algo que es “lo mejor”, y claro, “lo mejor del momento” no significa necesariamente que sea bueno.
Isabel Allende es postulada todos los años al Premio Nacional de Literatura y jamás lo ha ganado, según ella por el machismo reinante en este país. Prueba de su argumento es que este mismo premio lo han ganado sólo tres mujeres en la historia. Gabriela Mistral incluso lo ganó después de su premio Nobel.
Es el clásico argumento feminista que no funciona de entrada, ¿recuerdan cuando Bachelet propuso la paridad de cargos, es decir que hubiera igual número de mujeres y hombres en cargos importantes? No confundir con igualdad de salarios para hombres y mujeres en el mismo cargo, que es una obviedad. La paridad de cargos es la tipica idea bien intencionada que puede traer distorsiones como que, habiendo alguien mejor calificado para el cargo, haya que dejarlo fuera porque le corresponde a una mujer.
El mismo argumento de Isabel Allende, redactado de otro modo, es que “me toca el premio a mí porque hace tiempo que no se le entrega a una mujer”. No tiene sentido, ¿acaso el premio Nacional debiera ser un año para un hombre y al año siguiente para una mujer?
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