Lleva más de 20 días la huelga de Farmacias Ahumada. Sus peticiones son bastante razonables: que su sueldo base sea igual al mínimo (eso es ley desde 2008) y el hecho de que llevan 10 años sin recibir gratificación legal.
Ayer tenían un cartel que decía “no apoye la colusión”.
Recuerdo una vez que entré a una Farmacia Ahumada con un dolor atroz en la rodilla, de tanto pedalear para mi trabajo. Quería comprar ibuprofeno. El clásico, que vale entre $600 y $700.
-No tenemos el genérico, sólo el que cuesta $3.800 – me dijo el vendedor.
-Por favor, por favor –le dije- sé que lo tienen escondido atrás, que necesitas vender el más caro para ganar la comisión, pero de verdad, yo trabajo en un mall, como tú, y me duele mucho la rodilla huevón, por favor véndeme el genérico.
-Lo siento, tenemos sólo el que cuesta $3.800.
Es complicado ponerse en el lugar de estos pobres vendedores. Yo sé lo que me van a decir: que ellos no tienen la culpa, que sus jefes los obligan, que son unas pobres víctimas del sistema.
Me imagino a aquel vendedor que me negó un remedio, cosa que me ha pasado muchas otras veces, sufriendo una vez que me fui, casi llorando por haberme engañado y mentido. Haciendo su trabajo con un dolor inmenso en el alma.
No nos engañemos, los clientes somos tan víctimas de los vendedores como ellos de sus jefes. La diferencia es que nosotros no tenemos alternativa: necesitamos remedios a veces.
Es complicado ponerse en su lugar. Ojalá se acabe la huelga y logren que sus demandas laborales se cumplan, que la empresa respete la ley y tengan mejores condiciones laborales. Que trabajen más felices, que toda la ayuda que pidieron de la gente se consiga. De a poco, creando presión por blogs, twitter o facebook.
Y cuando todo se acabe y vuelvan a atender público, voy a pasar a preguntar si venden remedios genéricos, a ver si aprendieron alguna lección.








