DISCLAIMER: La siguiente es una bitácora de viaje de índole más o menos personal. Si no te interesan estas aventuras, quizás quieras revisar estos consejos prácticos para hacer cicloturismo.
Día 11.
Desperté con el ruido del teléfono y con Isabel consolando a su hermana quien, ya está confirmado, está embarazada. Yo siempre digo que uno debiera saltarse todos estos malos ratos, retos, miradas, y pasar al momento en el que estás jugando con un feliz niño en el jardín.
Salimos, estamos frente al lago. Por fin duchas calientes, cortes de uñas y un buen desayuno con mantequilla de verdad. Compramos además jugos, cebollas, tomate y cosas así. Por fin pude sentarme a escribir mientras Isabel cocinaba. Ahora tomamos un par de aguas de hierbas y hacemos sobremesa mientras planeamos los futuros días. En la tarde iremos a la playa y averiguaremos un poco más sobre todo respecto al viaje de regreso y a la posibilidad de ir a las termas. Cierro por ahora.

La playa resultó espectacular. Isabel no se pudo bañar -es el último día que anda con problemas técnicos- por lo que solo yo practiqué la inmersión. A diferencia de Llanquihue, el lago Puyehue no tiene olas, sus piedras son más grande y tiene una tranquila playa que se hunde muy abruptamente, me puse a bucear y pude ver todo con tranquilidad.
Claro que me sacaron bien rápido porque teníamos que ir al pueblo a ver algunas cosas. Primero preguntamos por “Aguas calientes” y en la oficina de información turística una mina nos dijo: “no sé, no sé nada de ese sector”, piola.
Nos metimos a un cibercafé y revisamos correos. Luego pasamos al banco, yo tenía en mi cuentaRut $6.300 y saque $5.000, con lo que comimos kuchen y jugos naturales, que estaban muy ricos.
Llamamos también a la oficina de Línea azul, casi todo esta agotado para el fin de semana, por lo que Isabel tomó el bus para Osorno para comprarlos. Cada pasaje costaba $1.000 así que no fuimos los dos.
Ella escribe desde acá:
El viaje a Osorno no comenzó tan entretenido como yo esperaba. Por una mala jugada escogí los asientos al lado del sol y como tenía que ir pendiente del camino, que es el que haremos el sábado en bici, tuve que ir de cara a sol todo el viaje. En el celular, en mensajería, fui anotando como era el camino (subida heavy, plano, subida, plano, bajada, etc), además observaciones como el estado de la carretera y el paisaje, las curvas también.
Cuando estaba entrando a Osorno llamó mi papá. Pensé que ya sabía lo de la María José (por la hora, eran cerca de las 20:00 horas). Sin embargo, aún no sabía nada y me pasó a mi tío Miguel que estaba en la casa. Le pedí más plata a mi papá y le corté. Mientras bajaba, gentilmente un caballero me ubicó en el terminal y me acompañó a ver desde donde salían los buses de Osorno a Entre Lagos.
Me contó que era de Rancagua y que tenía una casa de vacaciones en Entre Lagos, pero que desde que se jubiló pasa más tiempo en Entre Lagos que en Rancagua. Luego llegué a Línea azul. Al final resultó que había pasaje para el viernes como nos habían dicho, sino para el sábado que estaba supuestamente agotado. Compré dos boletos en los mismos asientos de la vez pasada: 43-44 a $19.000 cada uno. Además, pague el sobre equipaje, dos lucas por cada bici, más barato que la estafa de los inspectores que cobraron $5.000. Luego pasé a comprar un turrón para Cristián, al que a esta altura extrañaba mucho, y para mi un oba oba. Llegué al paradero de los buses y tomé el de las 21:10 horas, llegue 50 minutos después. Me alegró ver que gran parte del viaje a Osorno es en bajada. Ah! me vine en el asiento de adelante así que apenas bajó hacia la costanera vi a mi amor esperándome leyendo en la esquina. El resto ya se los contó él.

Mientras Isabel estaba en Osorno, me metí a un cibercafé. Conecté la cámara para sacra las fotos y respaldarlas se demoró como 10 minutos en bajar el driver. Seleccioné las 400 fotos, apreté “copiar”, me fui al escritorio, carpeta nueva, pegar y ahí se colgó todo el PC.
Me fui y volví al camping, me preparé un té, leí un rato y fui a la esquina a esperar a Isabel. Hace 10 días que no me separaba de ella y la echaba mucho de menos. Un grupo de cuatro niñas me vio en la esquina leyendo y me preguntaron que qué pasaba y les conté:
-No se preocupe- me dijo la mayor -ya va a a volver-.
Efectivamente unas tres horas después, Isabel estaba de vuelta.
Pasamos a un muelle a mirar el increíble espectáculo de la luna en el lago. Después una sopa con huevo y Coca Cola, nos quedamos conversando hasta muy tarde y después nos fuimos a dormir.







