Cartas a Martín: las calles del amor.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Holas, que tal. Comienza el 2007 y no tengo mucho que decir en tu favor, salvo que no vives acá. Si lo hicieras, habrías tenido que ver a tu ex esposa -y con acento chileno- junto a Vicuña pidiendo que compres en una tienda sino muchos niños habrían sufrido en navidad. De todas formas me imagino un poco tu vida, cuando no te da por correr autos de carrera, supongo que debes saber lo que es la internet, y se que casi en la misma proporción que uno busca nombres de gente que ha conocido, busca los de ex parejas para saber qué ha sido de sus vidas. E insisto que no me gustaría estar en tus zapatos. Tipear “Pampita” en google debe ser especialmente para tí un infierno. Los modelos a veces dicen que es una pena tener que animar eventos en año nuevo, porque pueden estar lejos de tu familia. Yo creo que para tí, viejo, debe ser un alivio. No tenía pensado escribirte pero te ví el otro día en el diario y me dije que te mereces una canción. Una con propósitos de año nuevo incluído. Perdonar, olvidar, como quieras llamarlo. El nombre da lo mismo. Lo importante es que deje de ser importante. Y que cuando uses el tema, sea para ganar terreno en la prensa y no para seguir siendo el mismo modelo patético que figura solo por ser el referente obligado del despecho, y del único triunfo amoroso nacional en las competitiva liga chileno-argentina. Yo no voy a hacer nada para el año nuevo. Quizás salga a caminar por ahí. Te invito a seguir leyendo y a caminar conmigo por las calles del amor.
Se como se siente. Ver las fotos, -yo no tengo videos, sorry- y es idiota comparar el nivel y tonelaje del material de Pampita con el que cualquiera de nosotros, simples mortales, pueda tener. Pero cualquiera sabe el peso específico de una foto de alguna ex.
Son cosas que todos hemos compartido, ahora que lo pienso, tener una conversación dura o triste y tener que volver de donde estábamos a nuestros hogares, que te digan por teléfono “tenémos que hablar” y entonces salir, sentirse triste en estas fiestas y no encontrar nada mejor que hacer que salir a caminar, todos hemos tenido caminatas no muy alegres, donde ver a los demás es parte de ese sentimiento extraño de satisfacción, alegría, odio. Ganas de sincerarse, de llamar, de preguntar que cómo estás. Cuando eres famoso como tu, Martín, y no puedes hacerlo, no es tan diferente a cuando cualquiera de nosotros ha tenido que morderse la lengua y quemarse los dedos -figurativamente digo, para todos los emos idiotas que ya estaban corriendo a prender el fuego.
¿Cuál es tu propósito de año nuevo, Martín? ¿Seguir viviendo de lo que te den por llorar a Pampita? ¿Ser el referente romántico para una nueva generación? El mío es bajar de peso. Es más simple, y si sale, bueno, conocer a alguna chica. Pero principalmente bajar de peso.
Ahora que lo pienso, esto de los “propósitos para el año nuevo” debe estar hecho para olvidar a otras personas. Digo, fabricado para todo lo que es relaciones. Es parte del set de clichés para poder vivir en sociedad. Olvidar a alguien es de lo más complicado que hay. Toma todo el tiempo que le tarda a la Tierra dar la vuelta al sol.
Sol, verano, bikini, Pampita, derroteros de la mente a las 8 y media de la mañana. Pampita. Imposible olvidarla, ¿no, viejo? Que pena, si, bueno, qué se le va a hacer. Para tí es más difícil, pero el peso específico es el mismo. No vas a ser un héroe por seguir sufriendo, va a llegar un momento en que va a haber que hablar golpeado, Martín… no quiero ser yo el que lo haga. Para eso tienes tus propios amigos. Supongo. Espero que sí.
Yo he vuelto a caminar mis propias calles muchas veces. Y a andarlas en bicicleta. Tengo varias calles especiales, algunas que molestan, que pican, otras que duelen. Tengo plazas, cines, muchos lugares. Unos que amarran y otros que tiran para irme algún día.
Pero cada vez duelen menos, y son recuerdos, así que es mejor guardarlos que olvidarlos. Pero de ahí a tumbarme en la cama un viernes en la tarde y a mirar el teléfono en primer plano y de fondo tener la televisión, es otra cosa, es tiempo pasado… espero que se entienda el punto, Martín.
Si al final de cuentas todos somos iguales. O más o menos iguales pero en el fondo todos queremos lo mismo.
Ser felices.
Nos vemos.
Sinceramente, Bendrix.




