Crisis. Segunda parte

27 dic 2006

Otro día sin dormir. Es raro esto. Efectos de la falta de melatonina en el cuerpo. Va la segunda parte.

Luego de aquella primera crisis descubrí varias cosas: la confusión tras uno de estos eventos, el cansancio que se produce, y como que fui tomando en cuenta que tenía una enfermedad más seria. Tuve algunos ataques en mi pieza, en mi cama, otro me dio al despertar, en el baño, y mi vieja llamó a una ambulancia. Por más que le pedí al tipo que encendiera la sirena, no lo consideró necesario. Entonces cambié de doctor, por uno que de verdad funcionaba, también cambié de remedios -a Fenobarbital- y seguí mi vida, siempre con el consejo de no excederme con el alcohol, consejo que la verdad siempre seguí poco y que con el paso del tiempo traería consecuencias. Pero no nos adelantemos. Había consecuencias terribles e inmediatas que afrontar primero. Hace años, antes de saber que mis saltos se llamaban “mioclonías”, -hoy un amigo apuntó a lo mucho que el nombre se parece a los midoclorians de Star Wars- tomé un curso de manejo medio desastroso del que nunca salí airoso y en el que noté que el nerviosismo al volante no solo producía que mi espalda quedara entera sudada, sino también, de vez en cuando, estos “saltos”. Era peligroso, claro está. Pero también quería mi licencia, así que sin saber manejar del todo fui aquella mañana a la municipalidad de providencia a sacar la licencia. Me fue impecable en el test teórico y luego pasé al auto. Tranquilo. Un auto viejo. De prueba de manejo, usualmente malos. Intento poner reversa para salir mejor y el auto de mierda no podía meterla. Así que mido mentalmente la distancia hacia el auto delantero, del Automovil Club de Chile y pienso que en realidad mi auto es pequeño, así que no habría problema. Total, si a la señora que estaba delante de mí en la fila le dieron la licencia y estuvo como cinco minutos intentando partir por un freno de mano, quizás eso de la reversa podría pasar piola. Puse primera, aceleré y embestí al auto de delante.

Miré al tipo de la municipalidad, quien estaba realmente asombrado, y le pregunté qué hacía ahora:

-¿Vuelvo en 15 días?

-Vuelve en quince años mejor.

No saber manejar, y mejor aún, no poder manejar, son hechos fuertes cuando tienes una enfermedad que te acompañará toda tu vida. A los epilépticos se les recomienda 6 meses sin crisis -en mi caso sin mioclonías- para manejar. Es irrisorio, imposible. Es sumamente fuerte. En parte por eso y en parte por el placer que me produce, es que soy ciclista. Hace algún tiempo cuando veía “Virgen a los 40″, cuyo protagonista andaba en bicicleta -solo por eso me identifico, seamos claros- me reí mucho con la escena en que la chica que está saliendo con él le pregunta a qué hora lo pasará a buscar.

-En realidad… yo… ando en dos ruedas -responde él.

-Ah, no es problema. En la universidad tuve un novio que andaba en moto.

No me malentiendan, pero si hay algo de lo que tengo la más absoluta certeza, es de que en cierta manera post-evolutiva (las necesidades van hoy más allá de comer y sobrevivir) las mujeres demandan que las vayan a dejar y a buscar. Nunca jamás será lo mismo juntarte con ella en algún lado o no poder irla a dejar. “Al final las minas buscan a weones con personalidad” dice un amigo. Si no tienes auto, o mejor, si no puedes manejar, estás tres, cinco, siete peldaños abajo de alguien que esté en el mismo peldaño tuyo de personalidad pero que tenga movilización. Indiscutible.

Pero se puede vivir igual. Solo una vez he perdido una pega por no tener auto y en realidad me pone tan nervioso manejar -el stress es uno de los factores que me gatillan mi mierda- que mejor no hacerlo, las probabilidades de chocar son muchas.

Pero sigamos con la historia de las crisis. Hace dos años tuve uno de los años más alcohólicos de mi vida, entrar a la carrera de cine fue un factor, tenía por fin compañeros de curso que me caían bien y que eran más jovenes por ende bebían más, y además por mi lado también tomaba mucho. Fui incluso el tipo de pololo “cacho”, problema, que se emborrachaba en un carrete cuando tu mina quería estar contigo. Y esa temporada terminó con la última crisis generalizada que tuve, en la playa. Bebí, no dormí, y a la mañana siguiente jugué fútbol en la playa. Todo lo que un panfleto sobre epilepsia dice que no tienes que hacer. Sin recordar cómo caí al piso y me reventé la cara contra el piso, quedé hecho pedazos.

Desde entonces no he tenido crisis generalizadas.

Les decía en el post anterior que a veces tengo que contar estas historias. Mi doctora me propuso ir cada dos semanas a un módulo de docencia en la Universidad Católica a que alumnos de medicina, de neurología, me entrevistaran… y bueno, básicamente a partir de los síntomas “adivinaran” -diagnosticaran- qué tengo. Todo esto por dinero, por supuesto. Y de a poco le empecé a tomar el gusto, aprendí a contar la historia, a hacer algunos chistes, y bueno, si quiero que descubran alguna cura, tengo que hacer mi pequeño aporte al mundo.

Al final es una enfermedad de mierda, pequeña, que arreglas con pastillas. Podría ser mil veces peor. Los efectos de mierda del ravotrill son malos, sueño, cansancio… pero bueno, no todos pueden nacer con el cerebro perfecto y eso hay que afrontarlo.

Voy a cumplir 3 años sin crisis. Ha pasado un tiempo, soy más viejo y más fome. Pero menos mal que mi pasión no es pilotear aviones ni la fórmula uno.

Y hay una última cosa. Algo que es medio raro y que he tendido a llamar “somatizar lo malo”. Uno de los factores de mi enferemedad son las situaciones de stress. Entonces junto eso con cierta filosofía de vida, y es que jamás me quedo en un lugar donde no me sienta a gusto. De alguna manera momentos de stress, mucha tensión o mucha mierda pueden detonar mioclonías. Y a veces simplemente me voy. Paso por maleducado -otras simplemente lo soy- y no doy explicaciones cuando me siento a disgusto en un lugar. Me marcho porque puedo somatizar situaciones.

Especialmente lo malo. Y mucha gente no se da cuenta de que vivir así no vale la pena. A veces la gente vive en otro tipo de crisis, permanentes, sin darse cuenta, tragandose todo.

A veces una buena sacudida puede ser para mejor.

 

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2 Comentarios en “Crisis. Segunda parte”

  1. yuriria de dios dice:

    hola, soy otra compañera de “enfermedad”, antes me sentia enferma, marcada, traumada, triste, pero aun asi llego el momento en que las pinches mioclonias me valieron madre…despues de 4 años tomando pastillas, de tener miedo al stress o a la luz, a los desvelos, a tantas cosas….pummmmm me embarace, tuve otras 2 crisis…y de milagro me “cure”,mi marido dice ke me hacia falta cojer para curarme jajajaj asi ke si eso fue pues yo creo ke entonces si me cure porke ya no tengo crisis…eso si hay dias en los ke me siento un poco extraña…es ese pinche miedo ke tienes a que algo pase…y aun tengo pequeños movimientos en mis manos…pero hago lo mismo que tu me alejo del peligro y pues he sabido sobrellevarlo….saludos de pura casualidad estaba buscando informacion sobre mioclonias y aparecio tu blog… por cierto soy mexicana teng 28, un marido, una hija hermosas…..y la “chiripiorca” ya quedo atras…..jajajaja

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  2. cesar dice:

    ACABO DE DESCUBRIR LA RELACION MEMORIA- EPILEPSIA.
    TENGO GANAS DE LLORAR TRAS 6 AÑOS EN LOS QUE NINGUN NEUROLOGO ME LO MENCIONO. ES MAS, ME DECIAN QUE MI MEMORIA ERA BUENA, PUES LOS TEST ASI LO DECIAN. ME
    C… EN LOS TEST.

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