El Airbus A380 se marchó de la ciudad de Santiago la semana pasada, el jueves a mediodía. No alcancé a verlo en persona, solo a tomarle una discreta foto cuando el domingo sobrevoló la ciudad. Es hermoso. Parecía un fantasma gigante. Coke se rió cuando dije eso. Se nota que no lo vio surcar el cielo aquella tarde. Días después escribí este poco de ucronía al respecto de esta ilustre visita en la que espero viajar algún día. Si es que no se cae antes.

Air Bus

Recuerdo que con Isabel discutimos un poco por qué ruta tomar hacia el memorial de los degollados, era la jornada 13 de rodaje de “El Manto”, la última película que hice para la Escuela de Cine. Ella decía que había que tomar la costanera, yo insistía, sin saber por qué, en Vespucio. Daba lo mismo, ibamos a llegar antes que todo el equipo igual. Andábamos en el auto de mi vieja, un Hyundai Accent blanco. Me acuerdo como si fuera ayer. Yo había querido ir toda la semana a la FIDAE pero con el rodaje no pudimos. Tomamos la costanera, y nos perdimos. Llegamos a la ruta 68 y apenas pudimos tuvimos que volver. Preguntamos en la Copec, nadie sabía donde quedaban las sillas, el memorial en memoria de Natino, Parada y Guerrero, degollados en 1985. Un carabinero nos dio la pista correcta, había que entrar por Vespucio. Llegamos y esperamos al resto del equipo. Cristóbal, el sonidista, venía espantado en la camioneta. El recinto de la FIDAE quedaba al lado nuestro, el ruido de aviones y helicópteros era ensordecedor. En realidad ya lo intuíamos; habíamos estado grabando en el Cementerio General aquella mañana, y desde ahí ya teníamos a los motores en los micrófonos. Isabel estaba en el auto, molesta por haberse equivocado de ruta. Le dije que bajara para ver un poco más de cerca los aviones. No quiso. Entre FIDAE y el aeropuerto, el cielo estaba lleno de máquinas, vimos un 727 de Varig despegar muy bajo. Era pura felicidad.

El sol se nos iba, así que empezamos a grabar pronto. Estaban con nosotros Marco Tapia y Leo Santana, era un encuentro entre viejos compañeros en un lugar desolado. Era la toma 4 del plano 2 cuando sentimos el estruendo. Primero fue el ruido sordo de unas turbinas, que empezó a crecer hasta traspasar esa línea que siempre piensas que “no puede sonar más fuerte sino se caería”. Pero en un momento el sonido, aún siendo grave, pareció el de un animal enorme sufriendo. Un animal metálico, un sonar constante, apagado. Entre varios del equipo nos miramos, como pensando en cortar la escena y grabarla de nuevo. Cuando Cristóbal iba a gritar “¡Corte!” el bombazo fue atroz. Yo me agaché instintivamente, y alcancé a ver la bola de fuego mientras me levantaba . Tenía las piernas paralizadas. Corri hacia el auto, donde Isabel miraba incrédula. Mientras subía la plataforma del memorial, sentí el calor. El ruido no se apagaba todavía. Nos abrazamos mirando hacia el norte; la tarde se teñía de naranjo. Se escuchó una explosión muy fuerte, Isabel corrió hacia el auto, yo no podía dejar de mirar aquel bello apocalípsis. Un auto frenó en medio de la carretera, otro lo impactó por detrás mientras escuchábamos a lo lejos las sirenas. Todos sacamos las cámaras y empezamos a grabar. Sebastián tomó la P2, con 4 minutos de tarjeta restante, y corrió hacia la curva, intentando ver mejor.

Fui al maletero del auto, con un pitido en mis oídos. Isabel lloraba. Miré a Don Sergio, desmayado en el piso. Sólo entonces noté que me costaba respirar. El calor era insoportable. A lo lejos, noté que habían algunos desmayados entre el equipo. Leo Santana, el actor, llegó corriendo con heridas en los brazos. Comprendí que había que correr. Con Isabel partimos hacia el sur, donde habían unos rent-a-car con paredes de concreto. El pito en los oídos se convirtió en un mar de sirenas, de gritos, de histeria. La carretera ya era un taco que costaría varios días desatascar. Recordé las primeras Avion Revue, decían que era demasiado grande, decían que jamás podría volar. Recordé los videos donde intentaba aterrizar con viento cruzado, o donde lo forzaban y sus alas tocaban la losa. Y recordé que siempre quise subirme y entendí que desde ahora, no podría. Lo más seguro era que el Air Bus no volvería a volar. ¿Recuerdas donde estabas para el terremoto del ’85? Siempre me preguntan eso. Yo apenas lo recuerdo, estaba en el patio de mi casa. Nuestra generación tendrá su propio terremoto. Pensaba en eso mientras la noche caía, una noche naranja. No encontré a nadie del equipo de la película entre los sobrevivientes, lo más probable era que arrancaran en otra dirección.

El accidente del Airbus A380 en Santiago de Chile fue decisivo para la búsqueda de combustibles más seguros que comenzó en 2008, fue como si todo el mundo se pusiera de acuerdo en entender lo prehistórico que era seguir impulsando las cosas con petróleo. De más está decir que no tuvimos FIDAE desde entonces. La película quedó trunca al quemarse el disco duro con material virgen.

Isabel y yo, desde nuestra pequeña casa ñuñoina, todavía miramos con temor el cielo cuando el ruido se hace demasiado fuerte.

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