Yo, Juan, Bati

Hace 3 años, el 18 de octubre de 2003, mi gran amigo Juan Miguel Rojas -”Juanito Maravilla” para el mundo Flamenco- falleció en un accidente automovilístico en el cajón del maipo. Han pasado tres años y recuerdo prácticamente todo aquel fin de semana, no me pregunten por qué. La foto de arriba fue la última que nos tomamos juntos, a la izquiera estoy yo, a la derecha mi amigo “Bati” Avendaño y al centro Juan, durante las vacaciones de invierno del 2003.

Había salido la noche anterior pero no hasta tarde, lo recuerdo porque la primera llamada fue temprano, quizás a eso de las diez de la mañana, quizás un poco antes. Era la hermana de mi amigo Bati, Silvia, quién me dijo con voz temblorosa -un término que suena literario, hasta que escuchas a alguien a quien realmente le tiembla la voz- que parece que Juan se había muerto, que parece que un accidente de tránsito, que parece, que parece, en fin. Ella sabía por una amiga que bailaba flamenco con Juan, y para estar segura, me llamó a mí. Por lo que me tocó el muy desagradable papel de ser el Mithrandir, el portador de las malas noticias. Llamé a la casa de Juan y me atendió Carolina, la hermana, al fondo se escuchaba la voz de la vieja de Juan, llorando desconsoladamente. Entonces supe que ése iba a ser un sábado de esos. Carolina me dijo que había sido un choque frontal con un camión, en el puente del Manzano, en el cajón del Maipo. Cerca de las seis de la mañana. Me dijo además que por favor le empezara a avisar a los demás. Colgué el teléfono, me tendí en la cama, y tomé el teléfono. Llamé a Raúl primero, al día siguiente, el 19, era su cumpleaños. Solíamos celebrarlo con todo, pero la tradición no ha vuelto a ser la misma. Luego le pedí que me ayudara a llamar gente y me fui a la pieza de atrás a sentarme en el messenger, a esperar por algo. No sé qué. Me puse de nick “Bendrix Skyline se pone de pie y despide a un gran amigo”, algo así. No es fácil resumir una amistad desde pendejos en unos cuantos caractéres. Javier “Bati” Avendaño, con quien junto a Juan formábamos un trío de amigos desde la infancia, de esos pegotes, estaba por esos años en Australia y me fue difícil contactarlo, intenté varias veces pero no lo ubiqué, así que le pedí a Silvia que le avisara. Entonces empezaron los llamados, Jaime, Jorge, no recuerdo bien, fue mucha gente y a pesar de que les agradecí, no me sentía bien, para nada. Y luego llamó Bati y como que nos largamos a llorar por teléfono, hablamos mucho tiempo, yo soy malo conversando por teléfono, siempre lo he considerado una herramienta para hacer planes y no un aparato de conversación.
Luego salí de mi casa, caminé hasta el parque Pocuro y deseé estar con alguien pero estuve solo toda la tarde, no me pregunten por qué compré un paquete enorme de cheetos y una bebida gigante, ahora que lo pienso -disculpen la torpeza, escribo sin corregir- se parecía un poco al menú que comíamos en los tiempos del colegio aconcagua, bebidas grandes y papas grandes. Je. Estuve en el parque mucho rato, recordé a una amiga, Carolina, con quién no me llevaba bien, y deseé pasar a verla, quería ver a alguien a quien no tuviera que explicarle ni contarle nada. Pero por supuesto, no podía caer de la nada. Dormí un poco, desperté y volví a mi casa. Mi vieja me preguntó si estaba bien y le dije que si, toscamente. En la noche mis amigos se iban a juntar donde Pancho para… no sé, nunca lo supe bien, quizás para deprimirse. Yo salí con Jaime y Víctor a un carrete en un departamento, muy tranquilo, donde no conocía a nadie pero estuvimos sentados bebiendo cerveza en una mesa todo el tiempo, escuchando, recuerdo, la banda sonora de Snatch. Jaime me dijo que en el funeral iba a colapsar.

Al día siguiente fue el velatorio. En una academia de Flamenco. Estaban mis amigos y bueno, fue bien fuerte ver a Juan tendido ahí, tranquilo. Pero no dormido, porque cuando dormía roncaba mucho y abría la boca. No, era raro, y no quise verlo demasiado tiempo. La vieja de Juan estaba destrozada, comprensible. Me fui un par de calles más allá a sentarme solo pero no lo estuve demasiado, la Maca y Pancho llegaron muy pronto. Sentí de pronto -y no me gustó mucho- que nadie quería dejarme solo. Durante mi infancia me sentí en cierta forma “un papá” para mis amigos, y también tenía que serlo ahora.

Al otro día fue el Funeral, y bueno, unos flamencos cantando… no sé, y claro, quebrarme totalmente, fue tremendo. El viejo del Bati me dijo “ánimo, ánimo”, y nos tomamos unas fotos para hacerlas llegar a Australia, fue creo la segunda vez en mi vida que fui a un cementerio, la primera, no me pregunten por quién fue, pero seguro que me dio lo mismo. En un momento la Maca me tomó la mano; no sé por qué se la aparté. Recuerdo haber lanzado una orquídea blanca sobre el ataúd. Se acababa una gran parte de mi infancia ahí.

El tiempo ha pasado y los viejos de Juan han sabido catalizar la pérdida a través de un centro cultural, de un disco con los temas que Juan alcanzó a componer, y a través de varias galas de Flamenco que han servido a muchos artistas para difundir su arte. Quizás de eso se trata. La vieja de Juan descubrió una serie de coincidencias para la muerte de su hijo, son tantas que cabrían para otro post, lo mío no son las coincidencias, me quedo con mis recuerdos y con la alegría que me produce contarle a veces a Soledad, -que todavía se llama “la vieja de Juan” y a quién veo a menudo.- historias que desconoce sobre su hijo, sobre pendejadas, borracheras, sobre las cosas que nunca quiso oir y que ahora le encantan.

Los que seguimos, lo hacemos lo mejor que podemos. También se trata de eso. Hablé hace media hora con el Bati, mañana es el cumpleaños de Raúl. Va a haber que preparar algo.

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5 Comentarios en “El día que murió Juan Miguel.”

  1. papion dice:

    todo lo que se pueda decir esta demas, pero filo, lo has sobrellevado y es algo con lo que tenis que vivir

  2. Cristian dice:

    Me conmovió todo. Que perdida tan feroz. Estoy muy mal luego de la lectura. Han pasado 7 anhos. Y al
    leer esto lo diento como una perdida personal.
    Hable solo una vez con el y por teléfono. Era amigo de su hermana. Estoy no se porque arrasado devastado. Me he inundado de una tristeza enorme

  3. Cristián dice:

    Raveau:
    Muy bueno tu Blog. Bueno en verdad.
    He leido tus artículos y tu pereseverancia a través de ellos.
    La c´ronica de la muerte de tu amigo es estremecedora. DEbieras tener más ambición. Tu debieras escribir en un medio impreso. Eres , realmente bueno.
    Mis saludosn , mi admiración y solidaridad.
    Cristián.

    • Raveau dice:

      Gracias por tus palabras, no me quedo corto de ambición, pero esas cosas son más privadas y es mejor contarlas cuando resulten. De todos modos los comentarios son siempre el alimento de cualquier bloguero y en eso no soy la excepción. Muchas gracias otra vez.

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