El próximo lunes, 19 de marzo, comienzan las clases de nuevo en la Escuelita de Cine, y el 15 termino de trabajar en Retaguardia. El verano se fue en un chasquido de dedos, lo que no me tiene de muy buen humor, pero bueno, las cosas son así. Quizás me vaya a la playa el fin de semana, tengo que pensarlo. Mientras los dejo con la siguiente columna del año pasado. Nos vemos.

Originalmente publicado el 31 de agosto de 2005

Me demoré en escribir estas líneas solo porque tenía las uñas largas y me demoro demasiado en tipear así, y en realidad cuando escribo estas columnas intento no demorarme demasiado, no pensar las cosas dos veces, así, si hay que arrepentirse o andar respondiéndo a lo que escribes -cosa horrenda- puedes siempre decir que escribiste sinceramente. Llegaste, tipeaste, y punto.
Siempre se dice que hay que pensar dos veces las cosas antes de hablar; no lo sé, yo antes pensaba que las cosas eran así, pero andar pensando y luego disparar me suena a falta de confianza. A veces no es necesario más que decir lo justo y necesario, y se acabó. Recuerdo los últimos días de diciembre pasado, cuando terminamos una relación con una chica que conocí un mal momento para mí, y simplemente nos juntamos en plaza Ñuñoa y fue como “ey, terminemos”, y fue simple. Nada de teléfonos ni problemas, nada de arrepentimientos. Creo.
Cuando uno quiere hablar con alguien suele hacerlo “con las uñas largas”, es decir, lentamente, borrando lo que escribe, sin lanzar todo a la cara por una razón muy idiota: el cariño. Mal entendido, querer a alguien es andar ocultándole cosas. Decir “ok, pasa a verme”, cuando no tienes ganas, hacer cosas que detestas “porque prometiste hacerlas”, o cosas por el estilo. Detesto eso. Odio las relaciones. Fabi me dijo hace un par de semanas que ya no éramos simplemente amigos, sino que éramos amigos “con comillas”, y me dieron ganas de prenderle fuego. Fue como “caíste, pendejo, te cagué”. Desde entonces no hemos vuelto a hablar mucho. Y claro, cuando la estas líneas me va a decir “entendiste todo al revés”, o “entendiste bien pero no se qué”, etc. En fin. Se estaba pareciendo demasiado a una “relación”. Pero tuvo días buenos.
Hoy odio a toda la mitad del mundo que no me odia. Quiero salir a patear cabezas, no sé. Y se que los meses siguientes serán algo parecido a esto. Fabuloso.

Todo pasa por dormir siesta en la tarde. Sé que soñá algo increíble y estuve muy feliz por cinco minutos antes de olvidarlo. Recuerdo una imagen bastante vaga, de atrapar dibujos de tiburones que estaban como vivos, era la raja.

Necesito un café.
Las relaciones son como un café helado. No sirve recalentarlos. Solo puedes rehacerlos y esperar que te queden igual o mejor que antes.

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Un comentario en “Uñas cortas [Greeneland]”

  1. daniela dice:

    ma encnta seyh

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