Cómo olvidar ciertas historias… esta es de esas de las que no me siento muy orgulloso, de las que si mi vieja las conociera, o leyera, pensaría qué mierda pasó durante la educación de su hijo. Bueno, es simple: siempre he creído que la lógica de mi familia fue la siguiente: tener “la parejita”, un hijo y una hija. Cuando salió el hijo fue como “ya, eduquémoslo estrictamente, etc”, y se supone que después vendría una hija. Pero después vino otro hijo -mi hermano, el que figura en esta historia- y la cosa debe haber sido como “bueno, eduquémoslo bien pero pongámonos en campaña para la hija”, y se relajaron con él. Y luego, en ese tercer embarazo, vine yo. Y fue como “ah cresta, que este weón se eduque como quiera”, y por eso es que desde muy chico veía revistas porno, películas de terror, y me cuestionaba la religión que querían darme.

Por fortuna, al final vino mi hermana. Y ahí volvieron a ser estrictos, por eso es que mi hermanita se parece tanto a mi hermano mayor. En fin, esta es una historia de esas de antología, que cuesta contar para que siquiera intenten parecer lo entretenidas que fueron. Ahí vamos.

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“Pasillos del Mundo”, sobre los hermanos, y
“El día que murió Juan Miguel”, sobre Juan.

No me gusta mucho el barrio Bellavista, pero esa noche estábamos ahí Juan, mi hermano Daniel y yo, bebiendo unas cervezas y conversando, el punto es que en Bellavista hay de todo, y vimos avanzando por la cuadra a un guatón metalero, chascón, con una gran mochila en la espalda, avanzando por cada uo de los locales, y cada una de las mesas, pidiendo que le convidaran cerveza. Y no sé cómo se me ocurrió, ya que me quedaba un poco de cerveza, echarle un ravotrill de 2mg a la chela y cuando el gordo llegara, ofrecérselo. Y así lo hicimos.

El resultado fue perfecto, el gordo llegó, se sentó y le dijimos que nos quedaba un poco, que se lo tomara, cosa que hizo en un instante. Luego me parece que se levantó, se despidió, y siguió pechando por ahí. El efecto del ravotril es sumamente fuerte, cansancio, dan ganas de dormir al tiro, y con alcohol uno se olvida de prácticamnte todo. Pero el gordo metalero era resistente, por lo que pensamos que no le haría nada. Así que caminamos un par de cuadras hasta el auto, subimos, y en otro arranque que no sé de donde me salió, dije “ey, subámoslo al auto y vayamos a dejarlo a la cresta”.

Y partimos, a dar la vuelta a la manzana, a ver si pillábamos por ahí al gordo metalero, y en efecto, lo encontramos en medio de la calle, gritando no se qué mierda. Se me olvidaba, un efecto secundario del ravotril que quizás no aparezca en la literatura médica pero que un fiel usuario conoce, es que es desinhibidor, es impresionante.

Y ahí estaba el gordo, lo recuerdo bien. Y en el auto, Juan al volante, yo al lado, y mi hermano atrás, lo saludamos, le dijimos que ibamos a ir a un bar por ahí, y sin pensarlo dos veces, el gordo metalero subió su mochila y entró al auto. Y partimos.

Nos contó que no era de ahí, parece que del sur, y que no se ubicaba para nada en Santiago, no sé por qué de pronto el gordo idiota me dijo que yo era argentino, por mi acento -cosa que me han dicho varias veces- y le dije que…. sí.

“Me caís mal entonces” me dijo, “no es nada personal, pero yo no soporto a los argentinos”.

Y entonces, recordando mis mejores épocas de actor durante en el colegio, empecé a llorar, en el asiento delantero, mientras Juan conducía por Providencia hacia arriba y le decía “no weón, si este loco es argentino pero es buena onda, y es súper sensible, mira, lo tenís llorando. Juan también había hecho teatro conmigo y bueno… se notaba en aquel viaje. Mi hermano permaneció en silencio todo el trayecto.

Entonces llegamos a Los Domínicos y el gordo pareció ubicarse: “ah, si cacho, esto es Plaza Italia”. Perfecto. Seguimos subiendo y en una calle pequeña con amplios pastos, paramos. El gordo estaba medio aturdido por el ravotril y nosotros muy, pero muy nerviosos. Nos bajamos todos. El plan era bajar su mochila y cuando bajara el, partir, pero como siempre, la realidad supera a cualquier plan. El gordo metalero no quería bajarse, quería dormir en el auto, y estaba muy porfiado. Le bajamos la mochila y entonces se bajó, se puso a dormir en un pasto, muy profundamente, y partimos, eufóricos, a comprar unas cervezas -aunque ya era muy tarde- que bebimos en mi casa. Juan me coó que le habían entrado ideas muy macabras, se sentía medio raro porque por un segundo había sentido como Alex, de la Naranja Mecánica, quería patear al gordo, golpearlo. Pero no pasó nada de eso.

Fue solo una noche más para el gordo metalero, a quien probablemente no volvamos a ver más, y bueno, una historia que solíamos recordar muy gustosamente con Juan. ya sea solos o acompañados, y que empezaba siempre con ese “ohhh… ¿te acordai del gordito metalero de Bellavista?”

Cómo olvidarlo.

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12 Comentarios en “La inolvidable historia del Guatón Metalero de Bellavista”

  1. papion dice:

    ajajajajajjaa me acuerdoi cuando contabai esa historia….ajajaja que wea mas buena

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  2. Cata dice:

    jajajajaja!
    pa’ que tan mala onda con el guatón?!

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  3. Peter dice:

    acabo de leer la historia, yy metalero.
    y la verdad, malisima tu historia, y con respecto a los argentinos, estan todos celosos que somos mejores que ustedes, si no existen, si nosotros no nos corremos a ustedes se los come el agua,
    mucha suerte chileno “malo”, dedicate a otra cosa.

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  4. jose dice:

    jajajajaj weones mala onda.

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  5. lorena dice:

    Weón, eres lo peor.
    Como se te ocurre hacer una cosa así, y más encima contarlo, eres un verdadero idiota, seguramente eres un cuico culiao que no tiene nada más que hacer, que divertirse a costa del daño a otras personas. Seguramente en unos años más estarás pagando para tener sexo con alguna adolescente, o para torturar a alguién, todo con el fin de satisfacer tu enfermiza mente.

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  6. Raveau dice:

    Se me ocurre porque suele pasar que alguien tiene un puto blog PERSONAL donde escribe lo que quiere. Pasa también que los años pasan y que uno se arrepiente de las tonteras que hace, era más chico, así de simple, no pagué por sexo ni torturé a nadie aunque mi mente podría ser calificada de enfermiza. Y si, soy medio idiota, y claro que me arrepiento de esta historia, pero contarla es a la vez exorcizar demonios y esperar que si alguna vez el guatón la lee, sepa perdonar.
    Saludos!

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  7. julio dice:

    PUTA QUE ERES MALA PERSONA WEON!!
    EN FIN ME TINCA QUE TU CEREBRO ES DE UN SER BASICO
    TE SIENTES SUPERIOR CONTROLANDO LA VIDA DE OTRO, ESPERO QUE TE OCURRA ALGO SIMILAR PARA QUE ENTIENDAS LO QUE SE SIENTE SER EL GORDI METALERO.

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  8. YO dice:

    q mal roio pobre del metacho.

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  9. thrash metal dice:

    pobre regaytonero reprimido as deser el mas huaton de chile q asco con tu pais echo de porqueria y con tu estilo musical y patriota asta las mierdas pobre invecil tarado soy metalero y no ozo verte x chile ya que te sacaria la mierda la entremierda x burlarte asi de alguien q tiene los cabales puestos y bueno e llegado ala conclucion de que moriras de cancer sin nadie quien te quiewra y con el gordo al costado maldito soplapollass

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    • Raveau dice:

      Hay que reconocerlo: los metaleros son más entretenidos para insultar que los “emos”; la otra tribu urbana que me odia en este blog. O sea “He llegado a la conclusión de que morirás de cáncer sin nadie que te quiera”, es bastante poético.

      Claro que los dos escriben igual de mal, y supongo que también leen los comentarios y los articulos que eligen leer.

      Así que ambos pueden irse a la rechucha, me importa bien poco lo que opinen. Se podrían matar entre ustedes, de hecho. Todo ayuda.

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  10. thrash metal dice:

    hahahahahahahahahaha pobre bastardito cual poeta claro q soy poeta escribo cancion no soy un canpesino invecil e inculto taradasooo !!! pobre regurgitacion de la sociedad al = de los emos eres tan idiota q ni puedes darte cuenta de las pavadas q dices pobre invecil !!!!

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