Cuando era chico y quería que me doliera la cabeza, o muchas veces por gusto, para sentirme medio raro, pensaba -y creo que lo dije alguna vez en estas páginas- en cosas desproporcionadas. Un auto pequeño andando en una carretera enorme, un tipo gigante caminando por una calle. Y hasta el día de hoy funciona, me desagrada de solo pensar en eso mientras escribo. Debe ser cosa de proporciones, un mecanismo genético de defensa (¿mucho X-Men?) ante la posibilidad de dejar de ver las cosas en su correcta perspectiva, en la medida justa, y perder algún día el juicio. Quién sabe. Es raro porque de alguna forma me define, soy un tipo más o menos predecible, a quien le gusta la estabilidad en muchas cosas.

Cuando las cosas se salen de perspectiva entran un montón de temas sobre los cuales no podemos tener certeza: la fe, Dios, extraterrestres, y por supuesto nuestro lugar en el universo. Y un tema que en especial para mí es sumamente intrigante: la necesidad de morir.

Idea que me desagrada tanto, que cuando noto que estoy pensando en ella, tengo que recurrir rápido a pensar en cualquier otra cosa porque comienzan los dolores de cabeza. Me molesta mucho y me deprime un poco saber que a fin de cuentas todos vamos a morir. No sé hasta que punto este tipo de cosas afectan “en grande” a mi vida, nunca lo he pensado tampoco. No creo que demasiado. Pero si en días como hoy, cuando me entero de que se mata una niña de siete años en antofagasta, pienso en que jamás se me ha ocurrido esa idea.

Esto puede sonar todo lo mamón que quieran pero me gusta demasiado la vida, piensen solamente que la idea de este post entero fue contar lo mucho que me gusta la sandía. Y luego fui pensando que no solamente me gusta la sandía, sino además me agrada la textura del melón tuna, el sabor de la carne en la boca, la sensación del whisky en la garganta… y no solo eso. Si sigo enumerando la cantidad de cosas que me gustan, que disfruto y que me daría pena dejar de hacer, no terminaría nunca. Podría decirles lo mucho que echaría de menos ciertas series de televisión, algunas películas, por supuesto a mucha gente, echaría de menos ver las noticias de la noche, hacer reír a los demás, conocer mujeres, coquetear, seducir o ser seducido.

Es un mundo lleno de mierda pero la vida en ese mundo es asombrosa. Y es asombrosa porque lo sigue siendo, porque lo único cierto es que, en efecto, como decían en Jurassic Park, la vida se abre paso. En todo lugar, en todo el planeta. Hay seres llamados “extremófilos”, solo por el nombre de los lugares y las condiciones extremas en que viven. Se han descubierto bacterias en hielos milenarios.

¿Por qué, si tenemos un mundo rebosante, a veces nos negamos a vivir la vida?

Es complicada, y no solo es complicada, la hemos hecho ser más complicada de lo que es. La complicamos y se la complicamos a los demás. Yo aprendí un par de lecciones en mi infancia y una de ellas es no incomodar a los demás. La otra, básica, es ser una aporte y no una carga. La vida es complicada, tiene momentos pésimos, pero ¿acaso no es eso lo entretenido? Saber y poder salir de los constantes baches, armarse una vida, es todo parte de la aventura que junto a millones de otras personas nos tocó vivir.

¿Y después de tanta maravilla me dicen que nos tenemos que morir?

Desaparecer, dejar de existir, yo, que no creo que la vida después de esta, simplemente cesaré de funcionar y mis memorias, pensamientos, sentimientos, se irán. ¿Era la única salida? ¿No podían inventar algo mejor? Es simple, sencillamente, terrible. Es un pensamiento escabroso.

En este artículo Isaac Asimov responde a la pregunta de por qué debemos morir. Básicamente porque estamos avanzando géneticamente hacia ser una mejor especie: evolucionar. Adaptarnos al medio. Para eso no pueden coexistir las generaciones viejas con las nuevas y mejores. Las viejas tienen que ir dando paso a las nuevas. Eso pareciera indicar… que vamos a algun lado, ¿no? Es decir, si mejoramos, avanzamos… o tal vez no.

¿Hay alguna meta en vivir, en construir una civilización, en ser un aporte para el mundo, en “dejar una huella”?

Y es terrible, porque todo lo sabremos después de nuestro último suspiro, tenemos que vivir con la duda, esconderla, postergarla, pero siempre con la muerte sobre nuestras cabezas. Somo seres sumamente frágiles, deberíamos despertar todos los días preguntando si no será el último.

Es terrible. ¿Será la mejor solución “no pensar en eso”? Pareciera ser la última, porque para ser honestos, ni la paz interior, ni las metas cumplidas, ni el cansancio, ni la tristeza, ni nada de lo malo o bueno que me haya pasado en la vida hará que de ninguna forma comience a considerar el tiempo que he pasado en ella como suficiente.

Artículos Relacionados

SANFIC: La vida me mata.
El argumento del miedo.
25 / dejar atrás / la historia de Cherry [Greeneland]
Perro amenazado de muerte.
Un lugar solitario para morir.
Postales de San Diego.

Deja un comentario

(requerido)

(requerido)




    • Tin Tin en el cine.

      La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.

    • Festival CineB 4.

      Del 4 al 13 de Noviembre se realizará la 4ta versión del Festival de Cine B. La idea es llevar a la pantalla un grupo de películas y cortometrajes independientes, de bajo presupuesto, de estudiantes o que simplemente no pueden exhibirse en otras salas. Son 700 películas, más de 40 en competencia, 18 salas en Santiago y 8 sedes en regiones. Puedes revisar la página oficial para más información sobre la programación, lugares y precios.