La terapia de estirar el chicle
Soy libre. El concepto de “vacaciones” es hermoso porque dice que uno se ganó vacaciones, no es estar parado todo un año, es descansar de las reponsabilidades debido a que lograste una meta. Es bueno pero no suficiente, matarse trabajando en una proporción de 9 a 3 meses, o peor aún, de 11 meses y medio a 15 días, es inhumano y es de esperar que las generaciones futuras automaticen todo para lograr por fin un disfrute total de la vida. Mientras, hay tiempo para escribir. Mucho mejor.
El otro día estaba viendo “Pasiones”, y el pelotudo de Martín Cárcamo le recomendaba a una mina llamada Vanesa, que vivía volviendo con su ex marido, que se fuera a terapia. No es un buen consejo. Como escritor, como guionista te puedo decir que al final no hay nada más efectivo que estirar el chicle de las relaciones para que estas solas se desgasten y terminen por ser poco interesantes. El otro día anduve mucho en bicicleta, y pensé en Floribella, me contaron el final de esa teleserie, y es que la pobre Florencia no se casa con el príncipe. Ahora, viendo la teleserie, creo que eso va a pasar. Y tengo la más absoluta certeza de que uno también tiene guionistas, a veces mejores, a veces peores, unas veces crueles y otras aburridos. Recordaba, a propósito de gente que conozco, mi propia historia. Pensé muchas veces, a distintas edades, que nunca iría a olvidar a gente que ahora me da exactamente lo mismo. Curioso, es terrible, pero el tiempo es la mejor terapia que puede existir. Y no reprimir ningún impulso, eso es lo peor. Hacer lo que uno quiera, al final todas las cosas pasan. Ningún guionista por bueno que sea puede estirar una teleserie más de un par de años.
Recuerdo un par de nombres, Karim y Amelia. Cada una me gustó hasta los huesos, y el otro día las recordaba con cariño, con una sonrisa en el rostro, básicamente porque las había olvidado. Tal como sé que olvidaré ahora a quienes corresponde hacerlo, hasta que por fin encuentre lo que definitivamente ande buscando. No tengo prisa, para nada. Al mismo tiempo me gusta pensar en mujeres a las que les gusté y que hoy no deben ni tener idea de que existo, los años hacen bien, no hay duda de eso.
La próxima semana hay una junta generacional en mi colegio, el Calasanz. Lo organiza una mina que no sabe escribir bien su apodo. No me molesta tanto, en realidad que hagan lo que se les antoje. Pero yo quiero seguir recordando el profundo odio que sentía hacia el colegio, como contaba los días para salir de ahí, y la felicidad que sentí el último timbre. No soy sentimental y comparo la situación con familiares de detenidos desaparecidos, que de un día para otro dijeran “ah, me da lo mismo”. No se olvidan 12 años de encierro en un colegio. Pero mis ex compañeros ya lo olvidaron, prueba fehaciente de que todo se olvida, y es que en realidad como guionista es complicado mantener 365 días de inacción, hay que mantener a los personajes ocupados, pueden estar solos un tiempo mirando al vacío, por sus tristes ventanas, llorar un poco, dejar que sufran, pero ningún escritor es tan malvado con sus personajes -perdón Jane Austen, pero usted tenía su corazón también- y hay que darles buenas rachas, nadie tiene un odio de todo una vida. Porque el odio también aburre, ese es el problema.
Muy probablemente el amor no dure para toda la vida. Pero puede llevar a un agradable acostumbramiento. Por eso es agradable, el punto es que ningún sentimiento dura para siempre, todos despertamos un buen día diciendo que en realidad “ya da lo mismo” y esos son los días buenos.
Que a la vez son los días malos para los guionistas. Porque tienen que empezar a meter a nuevos personajes y nuevas historias, sino ellos también se aburren. Así que la terapia de Vanesa quizás siga siendo recaer hasta que se aburra, hasta que ya le de lo mismo el ex esposo, hasta que un día note que ya no corre a contestar el teléfono sino que camina, y a la semana siguiente lo mire y le moleste el timbre, y prefiera seguir regando que contestar. Y de ahí camine, se ponga el abrigo y salga a caminar por su barrio. A ver que depara el destino.
A mi me deparan las vacaciones. Saludos a todos.



