En mi regreso a los comics leí hace tiempo un número de Sandman que contaba la historia de un joven africano que al madurar, tenía que escuchar la historia de una princesa que se enamoraba de un inmortal, y que finalmente por ese amor sacrificaba a su pueblo. No tiene mucho que ver en realidad, pero hace harto tiempo que vengo postergando una columna sobre sueños. Otra, aparte de esta. Y nadie mejor que Sandman para inspirar la mente. Sandman y claro, los sueños que me hacen tipear estas líneas.

Alguna gente no recuerda lo que sueña, lo que es francamente extraño para mí. Yo suelo incluso anotarlo para poder volver a ellos durante el día, y he notado que hay cierta tendencia en las “historias” que transcurren por las noches. La primera cosa rara es que mis sueños tienen tramas, narrativamente ilógicas y totalmente inverosímiles, pero tramas al fin y al cabo. Hace un par de días interrumpía un matrimonio basado en una paradoja que era algo así como… bueno, como que si ella se ponía el anillo, no se podía casar. No sé, algo así. Lo peor es que ni conocía a la mina, o sea, la escuché hablar gritar una noche y se me quedó pegado el tema. Pero no era suficiente como para armar una historia. Y cuando sueño con las mujeres que quiero soñar, es muy raro, pero uno siempre despierta mejor.

Ayer tuve un sueño medio mutante, principalmente porque no tenía una coprotagonista, era solamente un continuo sentimiento de felicidad al estar con una mina que tenía a su abuela por chaperona, y con la que ibamos a un lugar en una montaña a buscar privacidad, y nos daba lo mismo que fuera el sitio favorito de todo un pueblo para tirarse en alas delta. Cómo explicarlo, como transmitir en palabras la dicha del despertar feliz un domingo por la mañana, con ganas de quedarse en la cama para siempre a sabiendas de que en la vida real algo así no es posible. Y esa extraña chica, que no conocía, y ese sentimiento de felicidad que solo experimento en esa otra realidad que algunos dicen que son los sueños. Hace poco me contaban una teoría, de que cuando uno sueña “vive un poco” vidas de otras personas que no tienen nada que ver con esta dimensión. Era en realidad la teoría de un amigo mío que falleció, quien me la contaba era su vieja. Y como buen trekkie que soy, debo estar abierto a la posibilidad de que efectivamente los sueños sean nuestra forma de hacer “primer contacto” con otras realidades. Pero cuando yo era niño tenía otra teoría, que uno cada vez que pestañeaba, tomaba fotos de la realidad, y las veía cuando estaba muerto, en el cielo. Con los sueños era algo parecido, pero en video. Son curiosos los sueños, cómo aceptamos la totalmente inverosímil lógica de sus tramas, como nos dejamos llevar por la autogestionada emoción de las cosas que a nadie más le importan; eso es en realidad, los sueños es el único lugar donde somos protagonistas, donde podemos revivir momentos en que metimos la pata, no hablamos lo suficiente o nos callamos demasiado, y hacer las cosas bien. Yo he soñado con eso un par de veces, en alguna escena en alguna iglesia, cuyas escaleras subían hacia ninguna parte.

Sueños… la realidad que mortifica en forma de recuerdos pero que a la vez gratifica en forma de oportunidades, nuestro propio acercamiento a una extraña “frontera final”, porque en realidad el espacio y el fondo marino, es cosa de tiempo para ser descubiertos, pero los sueños son nuestra verdadera frontera final. Yendo donde nadie más ha ido y donde nadie, curiosamente, volverá. Ni siquiera nosotros mismos. Ojalá pudiéramos repetir emociones o despertares, pero lamentablemente no podemos. Y cancelamos o ignoramos los sueños diciendo “me desperté con el pie derecho”, porque una frase hecha es mucho más simple que intentar, y solo intentar explicar que fui durante un tiempo indeterminado con una chica indeterminada, cien por ciento feliz. Sin dudas, sin inseguridades, sin desconfianza. Como un niño enamorado, evadiendo cualquier problema que la realidad pueda ponernos, simplemente ignorándolo y pasando a su lado.

No quiero irme a dormir todavía, y eso que mañana tengo que madrugar. Quizás por eso mismo, es tarde y dormiré poco. No quiero arriesgarme. Pienso a veces en la bella durmiente, y se me acaba de ocurrir que quizás el primer gran problema que tuvo con su príncipe azul fue que, efectivamente la despertó.

¿Se imaginan a la pareja peleando? “Mi amor, pero no te enojes”

“Cállate weón, no sé para qué cresta tuviste que venir a despertarme”.

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Un comentario en “La verdadera Frontera Final.”

  1. Catalina Miles dice:

    parece que vuevle a usanzas del tipo de las columnas de tábano; eso es interesante.

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