La semana pasada la estudiante María Música Sepúlveda le lanzó agua de un jarro a la ministra de Educación, Mónica Jiménez, produciendo una avalancha de opiniones desde todos lados. Este semestre me tocó hacer ayudantías en varios ramos en el instituto Arcos y sólo una vez me ví enfrentado a algo parecido a una falta de respeto. Estaban los chicos haciendo una prueba cuando les dije que les quedaban dos minutos. Alguien entonces dijo “shhh”, haciéndome callar.

¿Se te habría ocurrido hacer callar a un profesor cuando eras estudiante?

No hace mucho las noticias mostraban las condiciones de violencia que muchas veces tienen que enfrentar los profesores, en especial de educación pública, en las salas. El video de un profesor amarrado a su silla, el video de un profesor humillado con carteles en su espalda, eran todas situaciones desesperantes.

Por eso que una chica de 14 años le lance agua a una ministra y sea en primera instancia alabada por el colegio de profesores es una verguenza. Especialmente por que el mismo colegio de profesores había salido en ocasiones anteriores pidiendo protección y comprensión a su noble labor. Y es que claro, en esta sinfonía hubo varios tipos de verdades.

Primero las verdades idiotas. Fue increíble, en serio, escuchar a María Música decir “Bueno… no me quiso escuchar… y pensé “agua”. Ok, tiene 14 años, pero de donde yo vengo, me habrían sacado la cresta en mi casa. ¿Vieron las noticias esa noche? Música salió con su vieja en todos los canales, y puta, con esa vieja revolucionaria, claramente la chica no tenía más que salir como salió. O sea, que tu mamá salga en los canales alegando por la represión y por el fin del lucro, no sé… a mí me daría verguenza. Claramente la señora todavía no sale del colegio. Entonces bueno, la única culpa de María Música sería tragarse todo lo que le dicen, creer en el cuento de la represión policial, de la malvada persecución policial a los pobres estudiantes reprimidos… weon por la cresta, están haciendo pedazos la vía pública. Cuando la ministra de educación vaya, te abra la mochila, la de vuelta y tire todo al piso, y luego pise y escupa todas tus cosas… bueno, quizás tendrías derecho a lanzarle agua, jarro y todo.

Una cosa no escuché estos días, en ningún lado, lo preparada que estaba esta chica, el discurso aprendido, moldeado. Al final la de María Música fue la única actitud poco sincera de la semana pasada. A mi no me van a venir con el cuento de que fue todo “un impulso”, esa acto estaba bien preparado, no sólo el acto sino cada una de las justificaciones que vinieron después.

¿Actitudes sinceras? Bueno, partamos por la de Raúl Alcaíno: pedir la expulsión de la alumna. Así son las reacciones sinceras, en caliente, de pocos amigos. Porque claro, es una idiotez expulsar a la alumna, pero una idiotez del punto de vista pedagógico. Cuando ya lo piensas, y lo analizas en frío, no puedes en realidad, echarla. Tienes que educarla, enseñarle que la vida es más que la mierda que le meten en la cabeza sus viejos y los clásicos weones de la Chile que van a las universidades y colegios a aleccionar y enseñar a los demás. A repetir las 3 frases que saben de memoria.

Pero Raúl Alcaíno no es pedagogo, y por eso su reacción es sincera pero incorrecta. Echémosla.

La Ministra, Mónica Jiménez, no es sincera, pero sí pedagoga. Y especialmente política. Cuando pasó todo esto, fue la primera en decir que no iba a pedir la expulsión. Pero por sobre todo, ella es humana. Y cuando vio que Música no estaba arrepentida, que quizás lo volvería a hacer, que tenía lo que en términos técnicos se llama una actitud de mierda, Jiménez cambió. Porque según dijo ya no dependía de ella, que los tribunales iban a tener que ver que hacían… en fin. Esto es política, haces una cosa y dices otra.

Quizás María Música termine pagando caro los errores de amigos y familiares. Peleando una lucha ajena. Quizás le quiten la poca infancia que le queda, y recién en ese momento caigan en la cuenta del error que están cometiendo.

La lucha de los estudiantes dejó de tener sentido hace rato. Jamás debieron sentarse a negociar el año pasado si no estaban dispuestos a aceptar perder. No tiene sentido en democracia intentar un diálogo si la única salida posible es “yo tengo razón y si no me encuentran la razón dejo la cagada”.

Por eso nadie toma en serio a los estudiantes. Porque bueno… son weones que estudian. No son gente especializada para ir a pedirles la opinión sobre nada. No son gente seria tampoco. No respetan acuerdos, cuando llega el momento de organizarse de verdad, demuestran que sus representantes no lo son tanto. Y porque en último término, van a perder. O sea… así es el mundo chicos. Los adultos siempre ganan. Por eso son adultos.

Porque la principal condición de los adolescentes es esa… adolecer.

De criterio, especialmente.

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