Si te parece conocido el título, es porque acá hay una columna del año pasado, llamada “Nuestro vietnam, a 6 años de la guerra”

…Hace casi exactammente dos meses retomé una relación vieja que no terminó muy bien para mí. No entraré en detalles, esto no es un blog “tan” personal tampoco, aunque hay pinceladas en esas columnas llamadas “Cartas a Martín”, así que si quieren darse una idea pueden pasarse por ahí. En fin, las cosas han ido bastante bien, quizás mejor de lo que pensé que podrían darse. Es raro que no escribí en dos meses nada sobre ello, especialmente porque sabría que “ella” me leería y hay cosas que es mejor hablar de a dos.

Este fin de semana ha sido medio raro, he estado solo por razones que no entraré a detallar. Había olvidado que el frío se siente diferente, que la diversión con los amigos no es la misma, uno se acostumbra a la gente y han sido dos días que espero que terminen rápido. De una u otra manera, pero que terminen. O sea, después de terminar esta columna, tengo que ponerme a escribir un guión para la escuela de cine. Una comedia, se imaginarán que no es nada facil.

En fin, a lo que iba. Aquella noche de hace dos meses escribí esta columna y la dejé reposando para algún momento. Creo que no hay otro mejor que esta tarde oscura que parece no acabar.

La maldición de la confianza perdida.

Confiar en alguien no es nada más que suspender temporalmente las alertas con las que convivimos todos los días, es en términos simples “bajar la guardia” y relajarse, dejarse llevar e intentar ser feliz. Perder la confianza en alguien supone que alguien aprovechó esas defensas bajas y que rompió un acuerdo, o un intento de convivencia. Es complicado confiar en la gente, ganarse la confianza de los demás, y es sumamente facil perderla. De un segundo a otro, una imagen, una palabra, y se va al tacho de la basura.

Recuperar la confianza es otro tema totalmente diferente. No quiero hacer de esto una columna demasiado personal, no es la idea, pero tiene que ver con cosas que pasan, claro está. Porque acabo de retomar, no por primera vez, una vieja relación y es como si no pudiera volver a bajar la guardia ante el pasado. “Lo que pasó” es simple de racionalizar: ya pasó. Que se repitan las circunstancias por las cuales tu chica conoció y se enamoró de otra persona es dentro de todo, poco probable. El pasado es una maldición, una mochila con la que tienes que cargar y cuyo peso se siente a veces, por mucho que te acostumbres. Lo bueno es que a veces ni se siente que está ahí, y además, es una mochila que tiene cosas útiles dentro de todo, de la cual puedes sacar cosas para no cometer los mismos errores de antes.

Pero pesa.

¿Cómo volver a confiar en alguien? Supongo que con el tiempo, o sea, más que supongo, tengo ciertas pinceladas de certeza de que las cosas son así. ¿Certeza o esperanza? En realidad lo veo como una única salida, hay tan poco tiempo de vida que uno no puede pasarse desconfiando de la persona con la que estás. Una única salida, porque la otra es considerar esto como una última oportunidad y después de ella, simplemente seguir adelante, pero cerrar bien las cosas, como corresponde.

Pero hoy no me siento así, hoy cuando caminaba a mi casa, de pronto me sentí tranquilo, mis defensas estaban bajas, el radar de alertas se había desenchufado, y me sentí bien. Estaba confiando. Y me miré las uñas. Crecen más rápido que la confianza perdida, pero si hay algo que darle al tiempo, es precisamente eso, tiempo. Si, ya sé, le he dado mucho, pero uno se merece últimas oportunidades. Esta es la mía.

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