Las historias ficticias y la profesión de cuentacuentos son tomadas como algo poco serio en nuestra sociedad: incluso yo creo que son basura. Pero en otras civilizaciones los chamanes eran los encargados de contar historias bajo la luz de la luna; inventarlas a medida que las contaban. En otro contexto, con algunas cervezas y una noche en la playa, las historias inventadas resurgen. Este es el universo de personajes que se nos ocurrió en El Quisco este fin de semana santo. Un par de naves espaciales y podríamos hacerle la guerra a Star Wars. Cualquier queja, con el sindicato de flaites, por favor.

Richie es el clásico matón de litoral central, que ha ganado todos los premios deportivos de su liceo con nombre de submarino gringo, vive en una pieza cuyo televisor de 25 pulgadas solo sirve para apilar los libros del colegio, libros que por supuesto solo sirven para apoyar su planta de marihuana que lo sitúa entre los 10 personajes más cool de la juventud del litoral. Con un espíritu de Cristo, es capaz de sacar 4.000 pitos -no pregunten la calidad- con una pura hoja. Él, Richie, está ahora mirando a quién sacar a bailar, en la EXCALIBUR, la discoteca más “pro” -si eso significa algo en un lugar donde los profesionales arreglan videojuegos- de El Quisco. Para Richie es una de las mejores oportunidades de ganar fama, ya que él y 14 amigos de San Antonio tuvieron que ahorrar unas tres semanas de su salario como empaquetador de supermercado para pagar la cabaña de tres camas que los alberga a todos. Pero no importa. Porque ellos tienen un plan. Entre todos sacrificaron una gran cantidad de monedas para pagarle a Richie la entrada a la discoteca y hacer que él vuelva con por lo menos un grupo de 10 amigas para que todos puedan tener lo suyo. Richie se la puede. Todos lo saben.

Y a eso de las siete de la tarde, se despidieron de él con un voto de confianza: “o traís minas o te sacamos la reshusha”. Y tras ponerse las zapatillas blancas y una parca que soportaría el mejor frío polar -porque Richie está seguro de que la temperatura promedio de República Dominicana, cuna del Reggaetón, es similar a la de Finlandia. En fin. Tiene calor pero no importa. Ya se ha tomado la piscola -es un eufemismo, todos saben que eso no es piscola- y está usando de su cuota de valor para sacar a la mejor mina de la disco a bailar. Ella es la Zamanta, nadie en su familia sabe bien por qué, pero así es. Ella sospecha que algo tuvo que ver Carlos Caszely, pero es una mezcla de conversaciones de la infancia que nunca quedaron muy en claro. La Zam es de El Tabo y está con las amigas, las “reinas de la noche” en la disco “top” del litoral central. Pero Zam no quiere nada para ella, en el fondo de su corazón, busca el amor para su mejor amiga, la Pochi. La Pochi -nombre real: desconocido. Quizás incluso por ella- tiene un obvio sobrepeso. Es más gorda que la mierda, pero no solo eso, no es de esas gordas lindas, que tu sabes que si bajaran de peso serían increíbles. No. La Pochi es un monstruo, es horrenda por donde lo mires, y más encima es exigente. La Pochi quiere engrupirse al Richie, sea como sea. Para eso necesita a la Zam.

Richi está casi perdido. Con el alcohol casi desaparecido de su cuerpo, tiene miedo y las palabras le salen muy complicadamente. Va al baño y mira la pared. Inmediatamente se toca el bolsillo, buscando la última moneda de $500 que le queda, y tiene que tomar una desición crucial para su vida: usarla en la máquina de 3 condondes por quina de la pared, o usarla en otra piscola. La solución es simple. Sin alcohol quizás no salga nada. Y llegar con tres condondes sin usar a la cabaña sería una sentencia de muerte. Richie bebe la piscola con premura y se dirige a la pista de baile, donde suena Don Omar a todo ritmo. Saca a bailar a la Zam -eso de “sacarla” es literal, la toma del brazo y asume que ella quiere- mientras la Pochi se queda mirando con cara de poto. No es una cara de enojo. Ella tiene el rostro así.

Pero todo el mundo tiene a Dios, a nadie le falta su oveja, etc. En la discoteca está Waldo, un gordito buena onda -quizás el mejor ser humano del litoral- quien solo busca algo de cariño y amor. Una chica para él. Y sin una sola gota de alcohol, ya tiene la vista puesta en la Pochi. Es su mujer ideal. No se va a desarmar al parir, y va a tener suficiente de mamar a sus trillizos. El Waldo es un tipo que se quedó en algún punto de la escala evolutiva, nadie duda eso. Pero tiene buen corazón. Cree que las peleas de la tele son de verdad y que la infidelidad es cosa de las teleseries. Bueno, cuando uno aspira a poco, tiene lo que se merece. Y Waldo, lamentablemente, tiene más que nada miedo. No se atreve a acercarse a la Pochi. Waldo no toma, por supuesto. Le enseñaron que era algo malo y jamás se lo cuestionó, como todo lo que le enseñaron de primero a octavo básico. Ok, démosle segundo medio. No cambia nada, es un chico tímido. Pero la Pochi, algo triste al ver que ya van en el décimo tema de reggaeton que bailan el Richie y la Zam, y que nadie se acerca a ella, termina su cuarto vaso de ron cola -otro eufemismo, todos saben que ESO no es ron- y se da cuenta, tras años y años de rechazo, que alguien la mira. ¿Cómo saberlo? Fácil. Mira a todos los hombres a los ojos en un segundo y medio, y hay uno que no desvía la mirada. Ese ES su hombre. Se acerca y se contorsiona al ritmo de Don Omar (sí, de nuevo) y el Waldo se calienta de inmediato. A los tres minutos se encuentran camino de la playa, donde se bajan los pantalones rápidamente y al cabo de 2 minutos ya no tienen nada que decirse. No importa. Tendrán tiempo para conversarlo cuando decidan qué hacer con el bebé que viene en camino.

Para Richie todo ha terminado pero él no sabe perder. Al haberse ido Zam, su única compañía son los restos de alcohol de los vasos de plástico. Si tiene que llegar con algo a la casa, que sea con un ojo morado y un par de billeteras ajenas. Mejor que nada. Así, se dedica al robo hormiga hasta las 5am, cuando lo tienen que echar por ebriedad. Su sistema de piloto automático se enciende y se regula lo suficiente como para secarse las lágrimas de fracaso antes de llegar a la cabaña. “Son de frío” se dice, mientras pasa la manga de su parca por su mejilla. Ni él se la cree pero no importa.

Han pasado dos semanas, la Pochi está embarazada y tiene miedo. Se lo dijo al Waldo quién está demasiado feliz, por fin su hijo ha logrado lo imposible: follar. Y de paso se le ha pasado el miedo a la familia de que su vástago saliera desviado, -es que hoy en día no se puede confiar en nadie- decía su mamá siempre. Antes de abordar un barco manzanero a Indochina y dejarlos abandonados. El papá está orgulloso pero sabe que las chicas de hoy son complicadas. La Pochi no está segura de querer la guagua y se la pasa todo el día bajando las escaleras sentada a ver si logra algo, pero sin resultados. Su celular, de los primeros smatcom que llegaron a Chile, suena a cada rato. Es el Waldo, pero ella no contesta. Se limita a ignorarlo. Waldo sufre por amor.

Pero los caminos del señor son misteriosos. Tras su primer gran fracaso, el Richie ha aumentado su frecuencia delictual y ahora se dedica a robar micros del litoral. Suele amenanzarlos con un cuchillo carnicero en la garganta. Ahora está subiéndose a una micro, y tras amenazar al chofer, éste pega un frenazo y el cuchillo se le entierra en la garganta. Pésima situación. Es el padre de Waldo. Richie se baja aterrorizado. Estas cosas las va a saber todo el litoral. Como experto en criminalística, tira el cuchillo por ahí y sale a la farmacia a comprarse diluyente para las manos, pero le dicen que eso lo venden al lado, en la ferretería. En ambos lugares deja todas sus huellas dactilares. Pico. La policía de la Quinta región todavía no cacha muy bien para qué son “esas weás”. Richie se esconde por un tiempo: le encanta darle emoción artificial a su vida.

Mientras tanto el Waldo está sumido en una depresión. Con su viejo muerto, casi no puede seguir adelante. Su esperanza es la Pochi, quien convencida a medias por lo triste que se ve Waldo y por un fuerte consejo de la Zam: “Si no es este, no vas a conseguir a ningún otro hombre NUNCA”, ha vuelto con Waldo. Quien tiene que dejar el colegio. Y mientras camina con el sol de fondo, piensa en que las carnicerías les falta un cantante. Es una idea fija que tiene de pendejo. Quizás podría probar suerte por ahí.

Comienza otra noche en el litoral central.

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2 Comentarios en “Richie, Waldo, Pochi y Zam.”

  1. papion dice:

    ajajajjajaj al mas puro estilo starwars pero con puntas y pacos

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  2. Batio dice:

    Esperando la 2da parte….

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