Fui al cine hace un rato, a ver… en realidad cualquier cosa. Y terminé viendo una película de Robert Redford en la que actúa Jennifer López, en fin, no la encontré tan mala. Pero la amiga con que fui casi sale vomitando del cine. La siguiente columna no tiene nada que ver con la película, tiene que ver con relaciones y otras cosas, tiene que ver con una expresión sobre la cual siempre he tenido mis dudas, “escupir al cielo”. Y tiene que ver también con aquella gran frase: “La comedia es tragedia con un poco de tiempo encima”.

Interior. Servicentro “On the Run”. Medianoche.

Cecilia y yo salimos cada cierto -quizás demasiado- tiempo desde hace varios años, somos bastante amigos y es de esas personas con las cuales uno tiene que pegarse de vez en cuando un “update” de su vida, porque hablar por messenger es realmente “no-hablar”, y bueno, en eso estábamos cuando una vez más, como tantas veces, salió el tema de las parejas y todo eso. Siempre me es complicado empezar a hablar con ella porque cuando no has visto a alguien en tanto tiempo, tienes pocas cosas de las que hablar. En fin, pero si hay algo que me gusta es contar historias y así llegamos al famoso tópico de la infidelidad. Quién sabe por qué el tema nunca será la fidelidad sino la infidelidad, pero eso es otro tema. Le dije que no me interesaba ser el patas negras de ninguna relación, por lo que prefería simplemente cortar por lo sano y dejar de ver a la persona, empezando por lo más simple: quitarla de messenger.

-Yo vengo del barrio de los cagados -le dije- por lo que en realidad me causa bien poca gracia ponerme en el lugar del marido, es una especie de… solidaridad masculina, o algo así. Además encuentro que nadie sale ganando porque al final de cuentas todo se trata sobre tomar decisiones, y cuando te casas, o sea no es que “estés pololeando” o “de compromiso”, te casaste, elegiste a alguien, por sobre todos los demás, lo elegiste “for real”, diste el gran paso, no sé.

-Yo tengo una teoría -dijo Cecilia- si yo me meto con un tipo que está con alguna mina, es problema de ellos dos, no mío.

-¿Como es eso? O sea, ¿dónde queda la responsabilidad tuya en eso?

-En ninguna parte. O sea, no te hablo de gente “casada”, pero si hay una relación y el tipo se mete conmigo, que soy soltera, no es mi problema. Es de él y de su mina.

-¿En serio?

-Si, en serio. O sea, algo malo tiene él, o su relación, que se yo.

-No te sabía eso.

-Si. Y además no sé qué tanto hablas de fidelidad si ya has sido “patas negras” antes.

-De nadie casada. Y tenía atenuantes. Pero cuando se trata de cosas más grandes, olvídalo.

-No escupas al cielo.

-Primero, nunca me ha quedado muy clara esa expresión, ¿se supone que te cae en la cara o algo así?

-Obvio.

-Pero es como “cuidado con que le caiga a Dios”, de hecho cuando era chico la entendía así. Se vería bien un poco de saliva sobre la mejilla de Dios.

-No, es sobre no prometer cosas que quizás termines haciendo. Por ejemplo, yo sé que no me metería con otra persona si estuviera casada, pero, o sea, si de pronto me vuelvo loca por el tipo o algo así, no sé, no puedo escupir al cielo.

-Pero es que no puedes decir eso. Es como dejar la puerta abierta a… “bueeeno, si es que pasa, pasa”.

-No es eso, pero es que no puedes decir lo que va a pasar y lo que no.

-Si se puede. Se puede perfectamente, la gente cree que los arrebatos de pasión te dejan completamente idiota… hay que ser capaz de razonar, no todo es “Pasiones” en la vida.

-Nada que ver. Primero los arrebatos de pasión se llaman así por algo, y “Pasiones” tiene material todos los días.

-Porque la gente no racionaliza bien su vida. Y sí, “Pasiones” es mi placer culpable.

-En fin… a lo que voy es que no puedes cerrar puertas a lo que puede pasar. Nadie puede. No vas a tener a un Marty McFly que llegue en el momento en que estés con una mina a decirte que te arrepientas.

-No voy a eso Cecilia. Voy a que uno tiene que tener reglas claras, como “leyes” inquebrantables para vivir su vida.

-De acuerdo. Pero mi punto es que no puedes escupir al cielo. Quién sabe mañana te enamoras perdidamente de una mina que está casada, ¿y que vas a hacer?

-Sumirme en la depresión y escuchar a Morrisey.

-No, en serio.

-… era en serio.

Cecilia ríe. Esta última frase jamás se dijo, pero bueno, es lo que haría. Lo que hago, no sé. No me juzguen tampoco.

-Pero es que creo que dejas inconscientemente abiertas las puertas -continúo- para que llegado el momento, cuando te estés besando con el tipo, pienses “bueno, no es como si me cayera saliva en la cara”. Aunque quizás, llegado el momento, debería caerte. Pero no te vas a sentir tan mal porque no es como si quebrantaras un mandamiento, sino… ahí está, es como si justo encontraras un resquicio legal para ser infiel.

-No es eso. Pero no puedes ponerle así como así barreras a las emociones.

-Si se puede.

-No se puede.

-En fin… ¿Te molesta si escribo esta conversación en mi blog?

-No, pero no uses mi nombre real.

-Bu. Tengo cierto apego por usas los nombres reales. Además no has dicho nada malo.

-No.

-Ok.

-Pero si vas a escribirla, quiero que mi punto quede claro: no me metería con un tipo casado. A no ser que se dieran las cosas.

-No es así la cosa. O te metes o no te metes, no hay puntos medios. ¿No puedes decir simplemente que “no te meterías con un tipo casado” y se acabó?

-¿Bajo ninguna circunstancia?

-Bajo ninguna circunstancia.

-No, no puedo. No hay que escupir al cielo.

-Y dale.

-Bueno, quizás haya una circunstancia.

-¿Si, cual?

-Bueno… -Cecilia sonríe- que no supiera que se hubiera casado.

-Tuché -yo también sonrío. Es tarde y nos vamos del local, ella dice no tener historias que contar, pero todavía, tipeando esto, no quedé muy convencido. Todo es una historia. Dice que lo suyo son pequeños episodios mínimos, que no son “historias-historias”.

“Y no todo es una historia”, agrega. Yo creo que sí. Del principio al final, hasta el punto donde te encuentras cara a cara con el salibado creador y te alega por qué lo escupiste tantas veces y le respondes que no sabes, que si puedes pasar o no al cielo, y te dice con una sonrisa sarcónica que “No”.

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