¿Te gustó este artículo? Esto es una crónica más o menos personal sobre el primer año que hicimos este gran viaje. Si quieres más datos sobre el tema, podrías leerte esto: Diez motivos por los que no deberías ir a la cicletada nocturna de Lo Vásquez.

Las últimas luces

La semana pasada leí que el viernes 7 de diciembre, como todos los años, se cierra la ruta 68 para automóviles y solo pueden andar peregrinos a Lo Vásquez. Es una oportunidad que muchos ciclistas aprovechan para reunirse y pedalear de noche. El club del Asado no podía ser menos. Muy novatos seremos, pero no se desaprovecha una oportunidad como esta. Así que partimos el viernes en la noche a ver qué nos deparaba el destino. Esta es la crónica de una noche que tuvo de todo. Pero vamos por partes.

Sabíamos que el viaje era complicado, nos documentamos bien antes de partir, había que llevar mucha agua, comida, ropa de abrigo, y bicicletas en buen estado. Nos juntamos en la plaza Gral Flores, Calleja fue el primero en llegar, acompañado de su vieja y su novia, como si estuviera en el colegio. Venía demasiado aperado, con una mochila llena de ropa y comida, yo le dije bromeando que iba a usar la mitad de las cosas: me equivoqué. Isabel y yo estábamos listos y muy aperados, con fruta, chocolates y galletas. Sin embargo no trajimos lo que Calleja si, y que a la larga se echó de menos: sandwiches. Comida más abundante, uno cree que puede reemplazar una comida con puras mierdas chicas, pero la verdad es que no. A eso de las 9:30 llegaron Jaime y Claudia, muy despelotados, Jaime venía sin casco ni luces, tuvimos que pasarle, parece que pensaba que íbamos a dar una vuelta por la ciclovía de Pocuro, no había comprado agua ni nada, venía a dar una vuelta, y con una bicicleta que daba pena. Al final eso terminó pasando la cuenta.

Plaza Italia

Partimos entonces. La parte más infernal fue la salida de Santiago, era que no. Una MIERDA por donde se le mire, llegamos por Parque Forestal hasta el centro y en Teatinos un viejo de mierda se nos acercó: “¿van para Lo Vásquez?”. “Si, le dijimos”. “Ya, vamos”, y agarro vuelo y se unió al grupo. Su compañero, que se quedó ahí, era el cĺásico weón que no soporto, “oye no te van a dejar pasar sin casco ni luces, oye si te pueden robar, oye si va de todo a Lo Vásquez”. Si quiero escuchar mierda me encierro en mi casa mejor. Avanzamos por la pésima ciclovía de Alameda, yo estaba preocupado por Isabel, que tenía bici nueva y no suele andar mucho, me preocupaba que se cansara pronto pero a la larga fue de las que más resistió. Según me dijo después, fue por pedalear lento y relajadamente, sin hacer ejercicio de más. Cuando pasó todo esto del ciclista que se fue a piso, nos deshicimos del lastre que llevábamos, que nos preguntó de inmediato a qué organización pertenecíamos, y le dijimos algo como “El club de la Bici”, no sé.

Mientras tanto Jaime avanzaba como loco, se pasaba las rojas en los paseos peatonales, incluso llegó a botar a otro ciclista al cruzarse en una bajada en la Alameda. Ahí le dijimos que parara los carros, que andaba medio alterado. En fin, igual faltaba un miembro de la tripulación, Jorge, al que recogimos en Exposición. Nos había estado esperando un buen rato y se había ido. Claro, es que Isabel me había dicho que según la radio, la Alameda estaba cortada desde Bulnes hacia abajo. Mis pelotas.

La salida de Santiago siguió siendo un cacho hasta que nos metimos a la calle en Gral Velásquez y todo se volvió más tranquilo, iba mucha gente, las luces se acabaron y avanzamos hacia el medio de la noche, eran las 11 y recién salíamos de Santiago. Nos quedaba toda una ruta por delante.

Isabel por la ruta

Yo llevé las radios solo por si acaso pero terminaron sirviendo más de lo que pensé, como Isabel iba más lento me quedé junto a ella y Calleja se fue con la otra radio, así íbamos en dos equipos pero igual comunicados. Pasamos a una On the Run a comprar bebestibles y al cabo de un rato seguimos. Ya se notaba el frío y todo el mundo se había abrigado. Fue cuando eché de menos tener un cortaviento un poco mejor. Pasado Vespucio, la ruta era solo para cicilstas, y ahí fue más cómodo pedalear. Iban muchos ciclistas, lo cual era bien entretenido. Muchos tenían parlantes en las bicis, otros derechamente colgaban sus radios a todo volumen. Como si quisiéramos compartir su reggaeton. O incluso la música que fuera, la gente tiende a creer que sus gustos musicales son tan buenos que todo el mundo tiene derecho a escucharlos.Totalmente recomendable son los audífonos.

Seguimos avanzando con pausas en el camino, cada cierto rato, para comer o reirnos un rato. El ánimo fue lo que nunca se perdió en el viaje, lo que es bastante loable considerando como terminan todos nuestros paseos. Seguimos pedaleando y llegamos al peaje. Pausa otra vez. Estábamos efectivamente en medio del camino. Un poco más allá nos revisaron las mochilas por si traíamos bombas o explosivos, y un ciclista más viejo, algo así como el sen-sei sobre ruedas nos gritó “si tienen chelas tomenselas ahora o bótenlas”. Debe habernos visto la cara de principantes. Y es que claro, por muchas guías que uno lea y muchas páginas que visite antes, tienes que hacer la ruta para saber a lo que te enfrentas. Una página decía que si haces el San Cristóbal puedes hacer este camino sin dificultad. SEGURO POS WEÓN, te la encargo. Especialmente por lo que vendría después.

Pasada la revisión llegó, por fin, el túnel Lo Prado, hermoso y cerrado solo para cicilstas. Ver estos lugares destinados a autos vacíos es como estar en la película “exterminio”, todos se convirtieron en zombies y hay que avanzar y escapar. No sé. A la entrada del túnel nos tomamos fotos e Isabel casi protagonizó un choque con su mala costumbre de frenar en medio del camino., que afortunadamente se le fue quitando. Cosas de la práctica.

la previa al tunel

A la salida del túnel quedamos de bajarnos y ver qué hacíamos. Frente a nosotros estaba la enorme cuesta. En bajada. Lo que por supuesto significaba que habría que subirla, muy probablemente caminando, después. Era el momento de tomar una decisión importante, eran las tres y media de la mañana. Esta ruta se cierra una vez al año. No había mucha más opción. Decidimos bajar y ver qué pasaba una vez allá. Entonces esperamos que no viniera nadie y nos lanzamos.

Pedaleé por unos metros con Isabel, alcancé a escuchar algo como “andate con cuida…” cuando ya me encontraba bajando la cuesta a toda velocidad. La sensación es increíble. Como volar. De pronto ves a alguien adelante tuyo y no puedes alcanzarlo, y van los dos a máxima velocidad, y todo se mantiene ahí, quieto. No haces ninguna esfuerzo. Yo tenía luces delanteras y traseras, y mientras bajaba, de pronto vi a uno de los muchos idiotas que bajan sin ninguna luz. Ni siquiera reflectante. Supongo que alguien sin luz delantera podría perfectamente chocarte, sin problemas. Era mucha gente la que iba sin luces, a pesar de las advertencias, es como algo de mínimo respeto para los demás, para que te vean. Porque a pesar de que habían instalado generadores para la bajada, de todas maneras había lugares de absoluta oscuridad. La bajada debe durar menos de diez minutos, y es increíble. De pronto, entre toda la felicidad, divisé la mochila de Calleja, Me agaché en la bici para agarrar más velocidad y lo alcancé. Un poco más allá iba Jaime. Los tres gritando de alegría. El frío helaba los dedos -hubiera sido muy útil llevar guantes de dedos largos- pero no importaba. Al terminar la última bajada nos estacionamos a esperar a los demás.

En la mañana Isabel me contó la otra versión de los hechos, ella, Claudia y Jorge se lanzaron. Jorge no tenía luz delantera y decía “que se acabe pronto”, Claudia gritaba “tengo frío” e Isabel estaba aterrada por no controlar bien la bici.

Nos reunimos abajo, muertos de frío pero felices. Daban café gratis y nos reímos pensando en el weón que puso toda su plata en el puesto de café para vender DOLCA o ECCO a los ciclistas y le aguaron la fiesta. Una pena. Hacía mucho frío. Llegar a lo Vásquez era hacer más de la mitad del camino hacia la costa. Teníamos dos opciones, hacerlo y tomar un bus de regreso, o simplemente dar la vuelta y emprender el silencioso y solitario viaje a casa, siendo los únicos por el otro lado del camino. Decidimos esto último y empezamos a subir. Jaime ya no daba más, todos teníamos el trasero fusionado con el asiento, pero Jaime iba especialmente mal, porque su bici tenía muy pocos cambios y el asiento parecía de ladrillo. Era lo que había no más. De hecho a eso de las 7:30pm, antes de salir, me había llamado diciendo que la Claudia tenía una neumático pinchado, que no sabía que hacer. Toda una semana para prepararse y a última hora se dieron cuenta de eso. Igual es diferente, por ejemplo yo uso la bici toda la semana como mi principal medio de transporte, así que la tengo siempre a punto, pero es más que comprensible que si la usas de paseo no le tengas el mismo cuidado.

Tardamos unas dos horas en subir, en silencio, de a poco, descansando. Tomando agua. Se nos unieron unos perros, Dingo el peregrino y Splke, su fiel compañero pequeño. De puro aburrido les inventamos una canción, más que perros eran ángeles de la muerte. Subimos, subimos y subimos. Hacía frío, sed, hambre, todo.

Close Encounters

Lo que más detesto en lo personal de las bicicletas es tener que arrastrarlas, es la antítesis de todo lo que representab. Y durante dos horas me tocó a mi llevarla a ella. En ciertas partes se podía pedalear, con cambios suaves, avanando poco, así lo hice yo. En momentos me adelanté y quedé solo, apagué las luces y me senté a esperar a los demás. En medio de la nada. Por la otra vía avanzaban felices los ciclistas, cuesta abajo. Contamos tres estrellas fugaces en medio de un cielo perfecto. Avanzamos y avanzamos, el estado físico era cada vez peor. Todos sufríamos por nuestros traseros pero Calleja y Claudia en especial no daban más. Yo siempre pensé en volver en bicicleta, en pedalear hasta el Mc Donaldas, esperar que hubiera más sol, comer como idiota y volver, pero no se dio el caso.

Sin Flash - oscuridad total

No se permiten bicis

En medio del túnel, solos, nos detuvimos a pensar en el regreso. Claudia entonces llamó a su viejo para que con camioneta y todo nos recogiera en el peaje. Era coherente, seis estropajos humanos que con suerte suben el San Cristóbal, botados en el camino, cansados. Yo creo que pude haber llegado de vuelta en dos ruedas, pero si partes en grupo, tienes que volver en grupo.

Seguimos por el interminable túnel, recorriendo las cavernas, todo lo que no puedes hacer cuando andas en auto. Un auto de asistencia médica nos empezó a escoltar y Calleja le pidió que lo llevara atrás. Fue muy barsa, de pronto yo iba pedaleando y escucho a Calleja decir algo así como “ya po, hasta el final del túnel que sea, qué te cuesta”. Así que lo llevaron. A la salida, despuntaba el alba.

Calleja a la salida del tunel

Isabel y yo alcanzamos a los demás. La meta era el peaje, ahi esperaríamos al viejo de la Claudia. Avanzamos. Isabel y yo una vez más nos quedamos atrás. Este trayecto era solo en bajada, así que fue sencillo. Una vez en el peeaje, dejamos las cletas y descansamos. Calleja incluso roncó. Estábamos agotados pero felices, de ahora en adelante nunca más podremos pasar en auto por ese lugar sin recordar esta hazaña. Al cabo de un rato llegó la camioneta. Venían los dos viejos de Claudia. Una mala idea ciertamente, porque me tuve que ir atrás con las bicis para que cupieran todo. Igual éramos seis personas. Al comienzo Jaime también fue atrás, y mientras nos alejábamos del peaje, pensé que en realidad es un trayecto muy largo para hacerlo. Dejamos a Jorge en su casa y seguimos andando. A eso de las 7:30 nos despedimos y quedamos en juntarnos nuevamente, para el asado, más rato. Donde se contará una y mil veces esta gesta heróica.

Igual me quedé con ganas de hacer la guía definitiva para el novato que va a lo Vásquez. Se las debo. Igual qué viaje, qué historia. Como para prepararse al viaje al Llanquihue en verano. Si todo marcha sobre ruedas, estaremos allá en un par de meses. Nos vemos.

Un par de datos: el velocímetro instalado en mi bici marcó que la máxima a la que llegamos fue 47,9 km/h. La distancia total fue de 70,7km. Para terminar, un pequeño video de la salida del túnel Lo Prado en Bici.

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11 Comentarios en “A Lo Vásquez en bici: una crónica de heroismo sobre dos ruedas.”

  1. Calleja dice:

    Una increíble experiencia, nada que decir y nada de que arrepentirse. Puedo decir que estuve al borde del colapso de tanto cansancio y dolor de culo, pero la experiencia lo vale. Gracias a Raveau por la iniciativa y la organización.
    Saludos a todos y fuerza.

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  2. Pablo dice:

    Saludos, y disculpen por dejar un mensaje en su sitio, lamentablemente no nos conocemos, sin querer llegue a leer su historia, me trajo muchos recuerdos ya que participo de ese momento de viajar por la ruta, hace 5 años que voy cada 7 de diciembre viajando con un gran amigo (Andrés), y partió como ustedes, con un par de bicicletas roñosas e incomodas, sin preparación y cansados hasta decir basta, tuvimos la fuerza de llegar a nuestro destino, cada vez nos fuimos puliendo con las experiencias, hasta que hemos profesionalizado un poco el viaje tomando todas las precauciones, siendo ciclista amateur, espero que próximamente puedan llegar y quien sabe quizás nos topemos, mucha suerte!, arriba la próxima será mejor y el esfuerzo que realizaron vale, y si se quieren preparar para el siguiente año compartan algún sábado y domingo en bicicleta clarillo es un buen destino quizás también nos encontremos y compartamos un rico asadito, suerte gracias por compartir su momento.

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  3. luis olea dice:

    hola a todos buenas tardes quisiera saber si hay alguna posibilidad de unirme a ustedes para poder hacer este viaje ya que no me gustaria ir solo ,pucha si no pueden por favor comunicarme de algun grupo para poder unirme muchas gracias

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  4. jaime_bike dice:

    buscando informacion sobre lo basquez encontre tu cronica toda una aventura y es la primera vez que voy y por ello la lei soy de los que suben al cajon del maipo ire bien preparado pero con buen juicio sin exagerar tu cronica muy buena y didactica grascias

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  5. chelo dice:

    Hola,sin querer me tope con esta historia y no deja de llamarme la atención que nadie hiba por lo que realmente significa ese día y que no es una carrera ni una travesía,no existen las medallas ese día,les digo esto porque yo voy hace más de 20 años y siempre la gente que va creyendo que es una “travesía” es la que más sufre,de nada sirve ir si no hay un sentido,para excursiones hay otros lados,es dificil esa ruta y eso que devuelta Uds no suben la Cuesta Barriga,igual se les felicita el esfuerzo,saludos.

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    • Raveau dice:

      Hola Chelo, puedes tener razón pero también considera que esta fue la primera aventura grande en bicicleta de un grupo de amigos, así de simple. No hay que tomárselo tan en serio tampoco, la idea siempre fue pasarlo bien y a pesar de todas las complicaciones, ese primer año igual fue divertido.

      Después viajamos -más profesionalmente- y lo haremos de nuevo este año, nos vemos en la ruta.

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  6. chelo dice:

    Hola Raveau,que bueno que vallan este año denuevo,si me permiten un consejo les diría por experiencia propia es mejor ir de día ya que al ver mejor las velocidades son mayores y se avanza más,el cansancio de noche se produce en gran parte por la falta de sueño (a menos que antes hayas dormido todo el día) aunque vallas pedaleando y además por el frío costero que se siente pasando el tunel Zapata,en todo caso es una humilde opinión,bueno que les valla bien y entrenen harto,saludos.

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  7. Vane dice:

    Bueno debo confesar que me reí bastante con tu crónica, logre imaginar todo lo que pasaron. Tengo pensado viajar este año en compañía de unos primos, tratare de prepararme en estos meses pero = en caso D, pediré una camioneta…
    Salu2

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  9. [...] Una completa historia del viaje a Lo Vásquez en el interesante blog de Raveau [...]

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