DISCLAIMER: La siguiente es una bitácora de viaje de Ãndole más o menos personal. Si no te interesan estas aventuras, quizás quieras revisar estos consejos prácticos para hacer cicloturismo.
Cuando era niño, todos los veranos salÃamos de vacaciones con mi familia, y mi viejo siempre designaba a uno de mis hermanos para que escribiera la “Bitácora de viaje”. Cuando empecé a viajar solo, la costumbre ya se me habÃa quedado pegada, y ahora no puedo emprender un viaje sin un cuaderno y un lápiz. Es un remedio contra el olvido, una entretenida manera de plasmar todas las aventuras que te pueden pasar en una salida. Esta es la bitácora del viaje en bicicleta que nos tocó vivir con mi novia, Isabel, el verano de 2008, al sur de Chile. Acá empieza todo.
DÃa 1: Santiago – Puerto Varas.
Tiempo pedaleo: 5 horas 5 minutos.
Distancia: 50 km.
Vel. Máxima: 55, 5 km/h
Vel. Promedio: 9,9 km/h
Y por fin el gran dÃa llegó, después de meses de espera y preparación, el tÃo de Isabel estacionó frente a la casa y empezamos a cargar las bicis, proceso que contaré con detalle más adelante. Partimos entonces rumbo a la estación de buses, donde nos esperaba “LÃnea Azul, su flota amiga”, la única puta lÃnea de buses que nos aceptó llevar las bicis adentro. Yo iba asustado: terminal de buses, 8 de febrero, dÃa viernes, todo auguraba desastre. Lo único a favor nuestro era la hora de salida: las 18:15, como que todo el mundo está en la pega a esa hora. El tÃo de Isabel, Luis, se manejaba bastante bien, estacionó en el terminal de Tur-Bus y luego cruzamos la calle hacia nuestro bus, que ya esperaba estacionado. Eran las seis de la tarde.
Isabel fue a preguntar si ese era el de las 18:15, y volvió con una respuesta afirmativa. Caminamos por entre la gente y sus bultos, con dos bicis cargadas a full. El auxiliar las vió y al tiro dijo que iba a ser problema. Yo tenÃa contemplado eso, sabÃa que el peor caso era volver con las bicis y con una cara de culo terrible a la casa. Menos mal que el auxiliar era joven (pausa para comer…). Isabel le dijo que las bicis eran especiales, que no se podÃan desmontar, etc. Sacamos las alforjas sin mayor problema y entramos al bus, por fin, las bicis iban como podÃan pero iban. El auxiliar me preguntó cuánto nos habÃan dicho que era el sobreequipaje, le dije “Cinco lucas las dos cletas” y por supuesto alegó. Pero por teléfono nos habÃan dicho entre dos a tres mil pesos cada una. El diálogo fue algo asÃ:
-Yo pregunté por teléfono y me dijeron que podÃamos llevar las bicis.
-Si, es que por venderte el pasaje te dicen cualquier cosa….
-Bueno, si, pero con pasaje comprado ya no hay nada que hacer.
Y asà estábamos al interior del bus, menos mal que era joven el auxiliar, que si nos toca un viejo mañoso nos dice que no y punto. No pudimos comprar nada para tomar por la prisa, asà que aguantamos la sed hasta Talca, mientras en la tele del bus daban “Niñera a prueba de Balas” y posteriormente “FireHouse Dog”, algo asà como “El perro Bombero”. Fue cayendo la noche, Isabel y yo en el asiento 43-44, mirando como pasaban las ciudades, nuestra flota amiga, la LÃnea Azul, es súper amiga, tan amiga que se siente culpable de dejar gente abajo por lo que nos fuimos todo el viaje con sobrecarga de pasajeros, de hecho desperté un momento en la noche y habÃa por lo menos cuatro personas viajando de pié. Desperté un poco cansado pero preocupado al ver que estábamos llegando a una ciudad que pensé que era Puerto Varas, sin embargo era Osorno. Despertamos con Isabel que me dijo que habÃa dormido poco mal, en lo personal recurro siempre a un par de miligramos de raveautrill(tm) para dormir en buses. Un poco después por fin llegamos a Puerto Varas, sacamos las bicis y los bolsos con bultos y empezamos a armar las alforjas. Tardamos como 20 minutos en ambas, tras eso colocamos los pulpos que sujetan cosas como el sombrero y el cortaviento, y ayudan a darle estabilidad a la carga. Desayunamos en un YPF, café y brownies, cargamos agua en el camelbak y las caramagiolas y partimos.
Prontamente tomamos el camino hacia Ensenada, felices por fin de ir bordeando el lago. Eran las 10 de la mañana, el clima está parcial nublado, cuando se despeja es muy caluroso, pero en general hay nubes. Los 13 primeros kilómetros fueron en su mayorÃa planos, con un bar de bajadas y subidas fuertes, y nos tocó la suerte de que están construyendo otra pista, que por el momento está cerrada para los autos pero que fue muy útil para nosotros. Después del km 13 nos mezclamos con los autos, quienes nos viven tocando la bocina, claro, si pasan rajados al lado nuestro.
Pasamos por Playa Venado y tras una fuerte subida encontré un lugar perfecto para acampar almorzar, esperé a Isabel y entramos. Es una playa donde dejamos las bicis y preparamos el almuerzo. Llamé a Jaime mientras el arroz se cocinaba, y después de cortar el salamÃn en trozos para acompañar, empecé a escribir. Después de almuerzo metimos las patas al lago. Queremos llegar hoy a Ensenada, pero para eso faltan unas horas más de pedaleo. Dejamos una caramagiola para el jugo -ya que yo uso el camelbak- y la otra para Isabel. El equipo de cocina funcionó bien, salvo un detalle muy idiota: el mango universal de los equipos Doite se calienta como condenado. Menos mal que tenÃamos un paño de cocina. Por el momento cierro esta bitácora porque hay que enfilar a Ensenada, más precisamente a Laguna verde, a ver si más tarde las nubes se dignan a mostrarnos el volcán Osorno.
En la foto, Isabel almuerza frente al lago:
21:47 Partimos y tomamos rumbo a Ensenada, esta vez con mucho bloqueador solar, más agua pero a la vez más cansancio. Hubo un par de subidas, y por ende bajadas, más fuertes. La idea de este dÃa es exigirse más para llegar a Ensenada, pero al poco rato noté que serÃa complicado, a Isabel le dolÃan las rodillas y todavÃa estábamos lejos. Paramos en un mirador a tomar fotos. Luego nos detuvimos en una cabañita a comer empanadas y bebidas, ahà nos dijeron que Ensenada estaba a 8 kilómetros, asà que proseguimos un rato a pié para descansar las rodillas, en otro momento me adelantaba, son dos ritmos diferentes. Yo prefiero avanzar, cansarme y esperarla descansando, a ser tan constante. En todo caso Isabel sabe que me gustan las bajadas, y por lo general lo hago rápido y la espero allá.
Avanzamos pedaleando una y otra vez, cansados, pero con la idea fija de acampar en Ensenada varios dÃas y luego seguir la ruta. Veremos que pasa. Tras mucho pedalear, llegamos por fin a Ensenada, y entré a preguntar a un camping, “Casa de Campo”, en el que todo era “de primera”, pero el precio era muy alto, el viejo cobraba por sitio y más encima habÃa que caminar cuadra y media hacia la playa. Al ver mi cara de estupor agregó: “pero es un camino con pastito a la sombrita…”. Mis pelotas, me da lo mismo caminar por un sendero de oro o de brasas ardiendo, la cosa es que no es “al-lado-de-la-playa” como yo querÃa. Y a esas cuadras de campo la verdad es que le temo un poco. Avanzamos hasta el camping “El Trauco”, donde se veÃa todo bien, y habÃa un sitio a pasos de lago. Nos dijeron que estaban reservados asà que fuimos a la tercera opción, una recomendada por un chico al que le preguntamos. El “Caping Montaña”, ahà lo más cerca que nos podrÃan tener del lago era a la mierda y cobraban $1000 más que en el anterior en el que sólo tenÃan dos sitios disponibles, por lo que me apuré al “Trauco”, le dije a la Isa que esperara y aceleré. A la distancia veÃa una camioneta blanca enorme entrando al camping, querÃan quitarnos el lugar más cercano a la playa. Asà que aceleré, alcancé a la camioneta, entré y le dije al cuidador que me quedaba con el sitio 8. Aceleré y gané el lugar. Mientras escribo estas lÃneas, veo la camioneta un poco más lejos.
En las fotos, Isabel y yo revisamos los mapas, y luego un par de paisajes en la ruta.
Empecé a desarmar los pulpos, en eso estaba cuando llegó Isabel, armamos la carpa, levantamos los vientos y sacamos las alforjas, todavÃa quedaba sol, por lo que me puse traje de baño y fui a lanzarme al Llanquihue, por fin estaba ahÃ, nadando, salà a buscar a la isa, le encargamos las bicis a la pareja de al lado y ambos nos bañamos mientras caÃa la tarde. El volcán Osorno se habÃa despejado y mostraba toda su majestuosidad, su nieve, frente a nosotros. Hay varios cerros más, pero fui incapaz de identificar alguno. Quizás en los próximos dÃas, mapa en mano, lo hago.
Después, una ducha caliente, cambio de ropa, amarrar las bicis, y por el momento, sentarnos a tomar una sopa (Isabel, un té), escribir, ella a leer, y ahora a preparar ravioles para la cena.













