DISCLAIMER: La siguiente es una bitácora de viaje de índole más o menos personal. Si no te interesan estas aventuras, quizás quieras revisar estos consejos prácticos para hacer cicloturismo.
Día 9: el clásico paseo a Cascadas.
Noveno día. Despertamos y afortunadamente había dejado de llover. Eso fue como a las 11, un par de horas antes un saco de wea despertó a todo el camping gritando. Fuimos a comprar desayuno, Sacha y Paula durmieron mal, tienen los puros sacos y duermen con la espalda en contacto con el piso de la carpa. Así que aparte del frío a la Paula le duele la espalda. Tomamos te con pan con mantequilla, Isabel y yo estamos hoy de aniversario, así que en la mañana le compré unas peinetas -ha alegado varias veces que no trajo- y ella me dio unos Vizzio. Ahora preparamos el almuerzo, unos fideos con salsa para posteriormente ir a las Cascadas. Isabel nuevamente ordena todo -un clásico a estas alturas- y yo cierro el cuaderno para retomar después. Esta debería ser nuestra última noche acá. Para mañana partir temprano rumbo a Rupanco. El paseo a Las Cascadas de Cascadas fue una vez más, increíble. Caminamos cerca de 2 kilómetros hasta llegar al estacionamiento (cobra $1.000 por auto) y después nos continuamos internando por la jungla unos 2 kilómetros más hasta que empezamos a escuchar el rugir de la cascada.
Avanzamos, cruzamos el río -Sacha iba webeando por su tatuaje hecho hace una semana- el agua estaba casi congelada. Finalmente llegamos frente a la gran Cascada, Isabel y yo pasamos por detrás, casi no se podía respirar y a diferencia de la vez pasada, ahora no volvimos inmediatamente, sino que nos dedicamos a mirar más el lugar. Empapados de pies a cabeza. Tras unos minutos nos dimos la vuelta, el camino de regreso estaba con mucho barro tras lo que la lluvia del día previo, lo que también ayudó a que no hubieran muchos bichos, es buena idea ir después de un día de lluvia. En el camping tomamos once, Sacha y Paula bajaron a la playa pero no se bajaron. En la tarde comimos fideos y empezamos la fogata. Tiramos leña y conversamos hasta más o menos la una. Porque al día siguiente había que partir temprano, el tipo de al lado nos regaló ron, vino y pisco que les sobró. No sé si alguien se lo habrá tomado.





