Un sábado al más puro estilo “Stand by me”.
No hay muchas historias de viaje este verano, la pega impidió un viaje más largo como los de años anteriores, pero aún asà este sábado nos pasó un viaje… como los que nos suelen pasar a nosotros, con su pizca de emoción, riesgo y aventuras. Uno a veces se queja de que la ciudad no es muy entretenida para andar en bicicleta, pero descubrimos un sendero que nos planteaba más de una aventura. En la foto de izquierda a derecha: yo, Jorge, Calleja y Germán. Faltan Dix, el fotógrafo, y Jaime.
El viernes previo al paseo, hicimos un asado en mi casa que resultó muy bueno, y a las 4 de la tarde del sábado siguiente ya estábamos en la piscina de mi casa pensando en dónde ir. QuerÃamos subir al San Cristóbal pero dijimos “no, mejor algo más tranquilo, una vuelta en bici no más”, y Calleja propuso ir a la pirámide, a disfrutar de las bajadas. Salimos de la piscina, llamamos a Dix para juntarnos con él y salimos, con nosotros iba Germán, que no pasa mucho tiempo en Santiago porque trabaja en una salmonera en Melinka, la XI región -quién lo manda a estudiar acuicultura- y completábamos Calleja, Jorge, Jaime y yo. Seis en total. Nunca habÃamos sido tantos pedaleando.
En la Esso de Vitacura con Américo Vespucio compramos lÃquidos para seguir el camino y por fin llegamos al puente de La Pirámide, para alejarnos un poco de las calles. Y llegamos al sector viejo de La Pirámide, un mirador muy bello pero dicen que algo peligroso. De hecho cuando nos detuvimos a mirar se veÃa una vista espectacular del sector norte de Santiago. También se veÃa un canal, junto a un sendero, por el que terminarÃamos yendo.
Descendimos el cerro de una manera muy veloz, fue increÃble, y por fin llegamos a la Universidad Mayor, revisamos el lugar y encontramos un sendero que bordeaba un canal de regadÃo que después supimos se llamaba El Carmen y que abastece de agua a varias zonas de plantaciones del sector. El sendero era bastante bueno para hacer mountain bike y avanzamos unos veinte minutos, quizás más, mientras el terreno se hacÃa más complicado, el camino se angostaba, las zarzamoras empezaban a aparecer y el canal se veÃa cada vez más cerca. Complicado porque los bordes son de concreto, caerse ahà es simplemente no poder salir. Más tarde Germán, que a todo esto ha hecho montañismo y se maneja en este tema, nos dijo que si caÃas lo mejor era cubrirte la cabeza y nadar con los pies hacia adelante; mejor quebrarte una rodilla que la cabeza.
En las fotos aparecemos a pie porque fueron tomadas el dÃa domingo… ya explicaremos por qué. El punto es que de pronto llegamos a un lugar más complicado, muy angosto, donde para pasar las bicicletas habÃa que caminar con un pie delante de otro y sujetando las bicicletas, a un lado el canal corrÃa sumamente fuerte y al otro habÃa una caÃda de varios metros de altura. Calleja, Jaime, Germán y yo fuimos los primeros en pasar, pero conociéndo a Jorge, que padece de vértigo, pensamos que no serÃa capaz de pasar con la bici.
-Yo le cruzo la bicicleta – dijo Germán, y se devolvió.
Calleja, Jaime y yo estábamos del otro lado de este cruce cuando de pronto escuchamos el grito de “¡Ayuda!” de Jorge y corrimos al otro lado del puente, lo primero que yo vi es a Jorge aferrado con todas sus fuerzas de las zarzamoras, -hoy es domingo en la noche y todavÃa tiene marcas en brazos y pies- y lo sacamos rápidamente de ahÃ. Yo pensé que solo habÃa caÃdo Jorge pero después me di cuenta de que Dix se habÃa ido al agua, y peor aún que Jorge. Lo que pasó es que cuando el terreno se puso angosto, Jorge se detuvo y de pronto la bici empezó a ceder por la gravilla. Entonces le pidió ayuda a Dix.
“Como me pidió ayuda tan calmado, casi ni me fijé”, dijo Dix, pero entonces vio que estaba cayéndose al canal le tendió la mano, desde la bici, casi sin pensarlo, y ambos cayeron, Jorge de pie y Dix de cabeza al agua.
Mal momento para contar que Jorge nunca aprendió a nadar.
Dix tragó algo de agua, y ambos cuentan que la corriente era sumamente fuerte. Jorge no sentÃa el fondo del canal, y por un par de segundos pensó que habÃa cagado, pero sintió una piedra sobre la cual puso un pie y ahà se quedó hasta que lo sacamos. Una vez estuvieron los dos afueras, ya caÃa la tarde, solo nos quedaba lamentar la pérdida de las bicis. Pero Calleja y Jaime empezaron con unos palos largos a rastrear el rÃo a ver si las encontraban; en la de Jorge estaban los documentos, teléfonos, todo.
De pronto Calleja enganchó algo y lo levantamos; era la bici de Jorge, Germán la agarró con fuerza y nosotros a él para levantarla. Sin embargo faltaba la de Dix, buscamos y no la podÃamos encontrar. Ya oscurecÃa e hicimos el camino de vuelta a casa, dos mojados, una bici menos, pero aún con el ánimo arriba, de hacer unas hamburguesas en la noche. Germán llamó a su viejo quién trajo su camioneta, donde echamos las bicis y volvimos sanos a casa. Como dijimos por ahi, siempre pudo ser peor, pudimos haber vuelto con mas bicis que miembros y eso si hubiera sido realmente malo.
Un par de horas más tarde, mientras en el departamento del sobreviviente Dix asábamos unas hamburguesas, se nos ocurrió que al dÃa siguiente, con mejor equipo, un arnés, cuerdas, y la experiencia de Germán, podrÃamos recuperar la bici faltante.
Asà que volvimos. Todos menos Jaime que tenÃa que visitar una sala de ensayo. Caminamos un buen rato y llegamos al “ground zero”. Empezamos a preparar las cosas y a rastrear el rÃo.
Germán se ató los arneses y empezó a tantear el terreno con sus bastones, sin embargo consideró que el riesgo era muy alto, porque la profundidad era mucha (1,20mts) y la corriente demasiado fuerte como para sumergirse a buscar. Asà que usamos otro método, con una piedra intentar buscar la bici, o con más palos buscar e intentar levantarla, pero fue inútil. Buscamos mucho rato y al final creemos que el rÃo debe habérsela llevado, la corriente era bastante fuerte en realidad. Asà que volvimos, con dos ideas en la cabeza: la primera, poner 10.000 cada uno y devolver esa bici a Dix, que en realidad es de su vieja, y que si bien era media mala, con esa plata y un poco más se puede comprar algo mejor.
Beneficios del club. El otro beneficio es que Jorge aprende a nadar como sea esta semana
Y la segunda idea, es por supuesto, volver. No nos va a ganar ese sendero de mierda.
Un fin de semana con aventuras, riesgo, emoción, y haciendo cosas entre todos los amigos, aunque sea tener que sujetar unos a otros para sacar a un miembro del club del agua.
No, no nos va a ganar. Asà que volveremos, maldito canal. Dalo por hecho.











que wea mas buena, yo pase la tarde de rescate andando en bici buscando una sala de ensayo……..es de esos fines de semana que logran hacerte pensar….”vaya que plana es la vida cuando no te arriesgas a ir un poco mas lejos de lo habitual”
Quiero decir dos cosas: el tÃtulo que te mandaste raveau, la cagó para ser perfecto.
Lo segundo… la cagó que perdimos una bicicleta, pero puta que ganamos mucho más.
FUERZA CLUB DEL ASADO!
Te quedó muy weno man…
Todas las experiencias sirven y de ellas se aprende algo. Yo aprendà que no hay que ayudar a NADIE…jaja.
Estoy listo pa voler a ese canal de mierda con traje de baño y nadármelo.
jajaj me entretuve demasiado leyendo esta aventura….espero que la bici ya este de paquete. que hayan aprendido a nadar…y sin duda que la cancion de Ben E. King los acompañe al los integrantes del club….en todas las demas aventuras.