El 7 y 8 de Octubre se llevó a cabo el “Plebicito Nacional por la educación”, con un resultado del 95% para las opciones “Sí”, tras escrutar más de 700.000 votos.
Lo conversamos algunas veces en el Podcast: hacer un plebiscito para preguntarle a alguien si quiere algo gratis, es medio penca.
Ese día la página se cayó por la cantidad de visitas. Los organizadores decían por redes sociales que probablemente era un ataque orquestado para botar las páginas dado la importancia del evento. Así que pusieron más páginas opciones para votar… como la del Colegio de Profesores.
Estas fueron las preguntas:
Sé que es casi un acto poético, ir a marcar cuatro veces “Sí” y punto, pero en la vida real las opciones son más complicadas, por eso es que parece tan infantil este plebiscito.
Faltó una pregunta sobre si estamos dispuestos a pagar más impuestos para pagar esa educación. De hecho también podrían preguntar si el Colegio de Profesores debería tener una evaluación docente obligatoria. O si están de acuerdo con deponer las movilizaciones mientras los voceros negocian con el gobierno. En fin.
Yo iba a votar hasta que llegué a esto.
¿Mis datos? ¿En serio?
¿Y quién los cuida? ¿Voto ciudadano? ¿Una página que discute sobre Derechos Digitales y tiene un banner de Padre de Familia? No sé.
Mi problema con este tema es que las posiciones están tan polarizadas que si no estás de acuerdo con todos los puntos de un lado, eres un comunista, o un facho. La idiotez se ha propagado por esta discusión como… bueno, como siempre pasa en este país. Me imagino que si voto que NO a alguna de las opciones y luego mis datos y mi votación se filtra, las masas irán a prenderle fuego a mi departamento.
O cosas más sensibles como cargos públicos por ejemplo.
No, yo llegué hasta ahí. Le temo a la masa de zombies de uno y otro lado que se llenan la boca de slogans baratos sin detenerse a pensar en el fondo de las cosas. Y esa masa es bien amplia estos días.















