Un poco más descansado de ayer y sin el estrés previo, me dispongo a tipear estas líneas, un resumen de lo que pasó ayer en la grabación del corto, mientras mis amigos se emborrachaban “como en los viejos tiempos” y vomitaban afuera de un bar. Las cosas que hay que sacrificar.

El viernes fue caótico, la prueba de vestuario, dando vueltas por Zara y Ripley en el Parque Arauco, y yo que nunca había trabajado con una vestuarista o una directora de arte de verdad, y bueno, quizás algo de pasearse buscando ropa les debe gustar, sino se dedicarían a otra cosa. Pero en lo que respecta a Nico y a mi, una horrenda lata, a tal punto que preferimos comer Kentucky antes de “elegir” ropa al actor porque en estricto rigor, la ropa era como casi toda igual…. no sé. Son cuatro líneas que resumen dos horas y media de sacar y elegir vestuario, de pasearnos por Zara buscando ropa que al final no se pudo llevar por un atado de los cheques, que eran a 30 días, etc. Y previamente a eso nos habíamos juntado con Samantha para recoger el uniforme y el gorro de Anita, (Daniela Salinas) para la nueva estación de servicio: Bombicentro.
Y así se acabó la prueba de vestuario, los actores fueron y hubo que cambiar un par de cosas, luego con Nico fuimos al Jumbo a comprar catering y a dormir. En ese momento, que resumo de manera brutal, sin contar los tacos, los viejos enfadados al volante y muchas historias más, había básicamente dos cosas que me preocupaban de sobremanera: la primera es que durante la semana yo no había podido contactarme con el local de YPF de Colina, lo que me hacía pensar en realidad cualquier cosa. A ver, yo había hablado con Mauricio Campos, de Marketing YPF, y él había mandado un mail a la gente en Colina, mail que recibí yo. Independientemente de eso, el concesionario en Colina, Don Marcos, sabía que íbamos, pero aún así, no habíamos podido confirmar nada. Eso era un punto. Siendo cien porciento catastróficos, el local podía haberse quemado y solo lo hubiéramos sabido al llegar allá. Pero por otro lado yo contaba con que no había razón alguna para tener cerrado el local un día sábado, por lo que sería cosa de llegar y preguntar. El otro problema radicaba en que Colina es bastante lejos, y yo necesitaba a alguien que me chofereara por todo Santiago para ir a buscar y dejar a los actores, y por primera vez en mi vida me sentí un inútil absoluto al no poder manejar. Mis amigos no podían y la solución fue la polola de mi hermano, quien por una suma accedió a hacer la pega. Así que ese día partió temprano, a las 8am desperté y me puse a jugar Zelda hasta las 11 más o menos, luego a arrendar un polarizador en Arauco Films, y posteriormente a casa de Solange, nuestra vestuarista, a buscar el vestido de novia y otros menesteres necesarios para la prueba de vestuario de Bernardita, que mientras nosotros nos coordinábamos, volvía de Chillán en bus. A las 5pm todo el equipo se juntó en la escuela y empezamos a cargar los equipos, por supuesto que en el mejor estilo “Escuela de Cine” nos pasaron a llevar con ciertos equipos, pedidos con antelación, pero tras la molestia inicial, no quedó nada que alegar -por ahora- y los autos partieron a Colina, a armar la locación. Yo partí a comprar unas cosas que faltaban y al terminal de buses, luego a Bellavista y luego a Provi a recoger a nuestras estrellas, Bernardita Ubilla, Juan Pablo Martínez y Daniela Salinas, quienes resulta que se conocían entre ellos, y eran como “muy amigos”. En fin, cosas del teatro. Partimos a Colina, ya de noche, yo estaba algo urgido por lo que fuera sucediendo en Colina pero Nico me dijo que estaba todo ok, que el jefe venía en camino y que una vez que se inventariaran las cosas se podría empezar a rodar. Eran cerca de las 8 cuando bajábamos por La Pirámide y veíamos a Santiago extenderse, tomamos Vespucio Norte y luego la salida 7b para Colina.

Luego de un rato llegamos a la locación. focos instalados, el revistero siendo armado, y un lote de gente -ya que para bien y para mal se sumó gente a la grabación- y empezamos a cambiarle el look al “Servicompras” por el de “Bombicentro”, con diferentes adhesivos y con un look de cafetería más profesional, un poco más gringa también, algo así como la cafetería de los sueños de Samantha Burton, nuestra directora de arte.

Por fin tiramos nuestro primer plano, uno general de la bencinera. Había bastante ánimo, luego tardamos en armar el recorrido de Germán (Juan Pablo) y hay que destacar el ánimo del equipo de sonidistas para trabajar a pies descalzos, cosa que no se escucharan sus pasos sobre el más que frío pavimento. Y hay que destacar el temple de Cristobal Rivera, el sonidista jefe, para como buen capitán, llevar zapatos y ocultar el padecimiento que su corazón sufría al no sentir lo mismo que sus compañeros. El team de foto igualmente la hizo muy bien, el único problema en general fue que tardamos mucho en todo, cosa que no puede suceder en el próximo día de rodaje, porque tenemos un horario más estrecho.

Seguimos mientras seguía la noche, grabando desde el techo de la bencinera, la salida final de los personajes, y luego entramos a grabar todo lo que era diálogo, los diversos momentos del guión que ya se convierte en realidad con los personajes actuando en escena. Como guionista debo decir que es un agrado cuando alguien del equipo que no ha leído el guión escucha los diálogos y no pueden evitar reírse, es decir, de eso se trata hacer comedia. Es como un primer focus group.

Cabe destacar entre todo la amabilidad de la gente de YPF para usar sus instalaciones, y la cordialidad con que nos trataron. Dentro del mar de gente que no apoya ni al cine ni a los estudiantes, alguien que aperre a ambos temas siempre se agradece.

Y bueno, siempre hay anécdotas que pasaban mientras avanzaba la noche, de partida todos crían que el local estaba abierto por lo que Daniela, la actriz, tenía que decirles que estaba cerrado, que no se podía pasar, etc. Un viejo ebrio quería comprar cigarros y no podía entender que no lo atendiéramos, hasta que David, el dueño, le vendió unos. Otro tema era el “tuning” (por llamarlo de una muy generosa manera) que pasaba por colina. Los autos más ordinarios y por supuesto con los mejores motores tirando ruido, por lo que había que repetir algunas tomas. Otros moticiclistas igual de ruidosos, en fin, cosas así. Y siempre el atraso, y un poco de desorden en el plan de filmación que fue a ratos complejo, pero el estado de ánimo se mantenía…

Grabamos los diálogos, cambios de ropa, más diálogos, y de a poco fuimos guardando cosas, como a las 530 de la mañana, para tirar un último plano, a un espejo, que fue bastante complicado porque los sonidistas se veían por donde fuera…. qué más… nada mucho, volver a ordenar, guardar las cosas, y viajar de vuelta a dejar a los actores. A devolver el dichoso filtro, descargar el auto y cuando comenzaba a despuntar el alba, dormir.

Y hay un lote de cosas que hacer, organizar y arreglar hoy domingo para la jornada de mañana. Que se viene ruda.

Nos vemos

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