Comienza acá otra historia, otra categorÃa de este blog, y es que a eso de Octubre estaremos rodando el cortometraje “Ensayo General”, de tercer año de la escuela de cine de Chile. Claro que este es un blog personal, por lo que no esperen demasiadas especificaciones técnicas, es más bien la sección de un diario de vida relativa a cómo hacer un cortometraje, en el que figuro como guionista y productor de Introfilms. El año pasado, cuando terminamos de rodar otro corto, pensé que me gustarÃa haber hecho algo como esto antes. Contar la experiencia. Quizás a otros les pueda servir.
El dÃa que terminé mi carrera de literatura en la Universidad de Chile, sabÃa que la teorÃa no era lo mÃo, que necesitaba inventar, crear, y que no podÃa quedarme en esa facultad, donde creen ser el olimpo literario en un miserable y triste edificio de horrendos colores y vasos de café a cien pesos. Al menos en esa época. Quizás hoy cuesten $150, no sé. Volvà varias veces, hasta que un dÃa me propuse ir por última vez, pero no a despedirme. E intenté sin mayores explicaciones decirle a mis cuasi amigos que dejaran de creer en su “olimpo” e hicieran algo con sus vidas. No tuve por supuesto resultados.
Y me fui. Caminando, como siempre.
Han pasado dos años desde aquello, dos años que incluyen de todo pero por sobre todo una gran necesidad por fabricar historias. La semana pasada una compañera me decÃa que cómo se me ocurrÃa todo lo que escribo y le decÃa que por supuesto que no escribo sobre mi vida, sino tendrÃa un par de historias y punto. La gracia es agarrar un pequeño hilo de algo que uno conozca y luego inventar una historia. Hace dos años inventé la historia a grandes rasgos de “Ensayo General”, la historia -muy a grandes rasgos- de un tipo que va al ensayo del matrimonio de la mina de su vida y sufre un humillante ataque epiléptico. Muy poca gente en la escuela me conoce realmente y todos ellos piensan que es un corto sobre mÃ, que es casi mi vida, y en realidad es todo lo contrario, soy el menos indicado para mostrar visualmente lo que es una crisis de epilepsia ya que las he sufrido pero nunca las he visto ni nada de eso. No sé cómo son. Sólo lo que se siente, y eso, como cualquier aplicado guionista sabrá, de nada sirve en lenguaje cinematográfico. Quizás otro dÃa postee el guión acá, para que lo revisen y opinen. En fin. El tema del que me agarré no es la epilepsia sino una vez las últimas oportunidades. Claro que no descarto la confusión de cualquier estado epiléptico para futuros efectos narrativos. Pero volvamos atrás. El año pasado en un ramo de guión seguà desarrollando la historia hasta que tuvo sus quince páginas, los personajes me fueron más claros, y las locaciones aparecieron en la cabeza. Junto al equipo -tema que amerita un largo post- empezamos el arduo proceso de llevar las palabras y las descripciones al papel. Salimos un domingo muy temprano a ver bencineras, cafeterÃas como YPF, esas clásicas, que por asuntos de guión deberÃa estar cerca de un aeropuerto y por mucha suerte llegamos a una perfeta, en Colina. Que posiblemente sea el lugar definitivo, una de nuestras locaciones centrales. El resto de ellas no están seguras, como tampoco lo está el casting todavÃa. Sabemos “la onda”, queremos algo muy naturalista, sabemos la fotografÃa, el montaje que queremos, el estilo de cámara, y una palabra que suena fundamental: octubre. Nuestro mes de rodaje.
Pero vuelvo al guión. A mi personaje central basado en José (“Lito”), al menos en lo fÃsicamente, tÃmido, retraÃdo, con la última oportunidad para interrumpir la boda de la mina de su vida. Esa que sabes que ya no vuelve. La idea original era que Germán (nombre del personaje) fuera simplemente a mirar el ensayo, sufriera de un ataque, y listo. Era mi primer guión. Pero un profesor consideró que el héroe tenÃa que volver, que aprender de sus caÃdas. No sé. Pero luego me pasó algo en la vida real, y es que haciendo una broma telefónica al programa pasiones, llamé para contar una pena de amor, y dije que en mi caso particular no me interesaba volver, sino solo desearle felicidad -asà evitaba ir al programa- y la productora del programa, muy al estilo Homecenter del Corazón, me dijo que “solo trabajaban para reencuentros, reconquistas, cosas asÔ. Asà que se me ocurrió que en realidad a mi tampoco me interesarÃa ver una historia asÃ, tan de mierda, donde no-pase-nada, por lo que hice que mi personaje volviera, y más que eso, lo hice volver para vengarse. Mamonamente, a golpear y salir corriendo, pero golpear al fin y al cabo. Ahà estaba el héroe, sufrido, luego de librar una batalla contra su propio cuerpo, pero dentro de todo, lo suficientemente claro como para saber cuál era el bien o el mal. Y eso es precisamente lo que me agrada, escribo “suficientemente claro”, pero cualquier persona con epilepsia sabrá que nada es muy claro después de una crisis. Germán vuelve por su venganza, la consigue, y se gana cierto respeto, cierto cariño, espero, por parte del espectador.
Anita es la mejor amiga de Germán, buena onda, linda, simpática, pero no es “la mina” de Germán. Atiende el servicentro y es la cómplice para sus planes. Mucho más no tengo que decir de ella. La inventé de la nada.
Fran es una amiga, Francesca, alta, atractiva, que me gustarÃa mucho si simplemente yo fuera otra persona. No es mi tipo. Pero el personaje es ella, curtida con un trabajo de mesera y una vida que no parece muy simple. Pues bien, la idea es simple: ¿Qué pasarÃa si Francesca se enamorara de un médico, y cambiara radicalmente su vida? Mi Fran, la de “Ensayo…” sufre de una arribitis múltiple y ha cambiado, ya no es la rockera de antes, la que estuvo con Germán, en términos muy pokemón, ella “evolucionó”. Y ella jamás te dirÃa lo contrario: fue para mejor. Siempre. Y mientras recibÃa los mails y cartas de Germán pidiéndole hablar, no pensaba para nada en “pobrecito”, sino en “pobre wea”, con una risa sardónica que le conozco muy bien a Francesca, la de verdad, porque pocas mujeres se rÃen con tanto carácter y moviendo todo el cuerpo con una carcajada. Es cosa de observar a la gente para darse cuenta de ciertas cosas que uno inconscientemente toma prestadas para armarse la personalidad.
Básicamente esos son los tres personajes centrales, y por la cresta que cuesta encontrarlos en la vida real. Ver caras y escucharlos hablar, hacer que calcen en un porcentaje bastante alto, no sé, es complicado como guionista y como productor también. He visto cortos de mi curso con casting asquerosos y sé lo importante que es el tipo adecuada para la lÃnea adecuada.
Pero habrá tiempo para hablar y pensar en eso, de aquà a Octubre. A ver cómo sale este experimento, estas crónicas cinéfilas desde dentro.




jajajajaj no sabia los nombres de los personajes ni que correspondian mas menos a gente dle entorno…..jajajajaja ahora me cuadra un poco mas el cuento ajajajajaj
1. Viste “El Aura”? Lo digo por la epilepsia.
2. Bien por preocuparte del casting. Es más importante que el talento de los actores. Sobretodo en cortos, cuando el talento no es demasiado, generalmente.
3. Bien por no hacer más historias donde no pase nada. Pueden hasta servir en literatura, pero en la pantalla, casi siempre dejan gusto a nada.