El adiós de un viejo cascarrabias.
Ayer falleció Norman Mailer, el periodista/escritor norteamericano, niño terrible de las letras. Recuerdo que empecé a leerlo cuando estudiaba letras, cuando nadie en esa facultad te lo mencionaba como alguien importante. Empecé con “Los ejércitos de la Noche”, después vino “El parque de los ciervos”, (un tiempo yo firmaba como Marion Faye en algunos foros de Internet), El evangelio según el Hijo, Los tipos duros no bailan y mi favorita de todas ellas, “La canción del verdugo”. Una novela con la que me volví loco. Fue tal la importancia, que era un libro prestado que simplemente no devolví (sorry Mitch) pero hay cosas más poderosas que la moral o los buenos modales. Supongo que Mailer lo sabía. Y apoyaría mi decisión. Incluso sabiendo que aquel libro era un premio por un concurso, creo, de cuentos del Metro. Maldita sea. Cada vez que lo recuerdo me siento mal. “La canción del verdugo” ganó el premio Pulitzer en 1980 y es la historia de Gary Gilmore, un asesino múltiple que saltó a la fama tanto por la brutalidad de sus crímenes como por su largo y angustiante proceso penal, en el que Gilmore se negó a apelar, poniendo en problemas el sistema judicial americano. Mailer sostuvo cientos de entrevistas con diferentes personas y reconstruyó los acontecimientos de un modo magistral, en una novela que simplemente no puedes soltar y que recomiendo totalmente, ya sea que tengan que robarla para conseguirla.
Ayer fui a ver “Infame”, esa pésima película sobre Truman Capote, y a la salida me enteré de que había muerto Mailer. Las comparaciones entre “La canción del Verdugo” y “A Sangre Fría” surgen de inmediato, ambas novelas demuestran que cuando el periodismo es ejercido con talento, surgen obras maestras. Tanto Mailer con Capote se obsesionaron con casos criminales reales e hicieron lo que todo periodista barato no habría hecho nunca: involucrarse. Por no atreverse, por no ver la oportunidad, por carecer de talento, o simplemente, por falta de interés. Ahí donde la prensa vio un caso de sangre más, del que hubo que pasar al día siguiente, ellos vieron, cada uno en un estilo particular, la marginalidad al descubierto, una realidad que no puedes dejar pasar, que te atrapa, te envuelve. Casos miserables, asesinatos sin razón. “La canción del verdugo” comienza siendo un hecho singular para convertirse en la realidad de todo un país. En fin, se murió Mailer, otro de los grandes. Nada que hacer, se vendrán sus películas ahora y convertirán a su enojada figura en un héroe de acción.
Van a hacerlo pedazos. Una dulce ironía.




Leí la misma copia que te prestaron y que finalmente no devolviste, creo que el crimen siempre se perpetua. Excelente libro, hace tiempo que no me acuerdo de un libro que lo haya devorado con tantas ganas. Una pena para los fans de Mailer, ya no se escuchará su grave voz por estos lados.