La bitácora perdida del Capitán Kirk.
La semana pasada se cumplieron 40 años de la exhibición del primer episodio de Star Trek (Viaje a las Estrellas), la serie de Sci-fi creada por Gene Rodenberry donde una nave espacial recorrÃa el espacio buscando nuevas especies y metiendo mano en otras sociedades, a bordo de una nave espacial que hacÃa las veces de barco explorador por los confines del universo. Personalmente disfruto mucho la serie, pero lo que más me gusta es el pensar en estar lejos, a la recresta del mundo, en una nave donde la lealtad es a toda prueba y donde cada dÃa te despiertas pensando “mierda, que cosa rara irá a pasar hoy… desintegraciones, mutaciones, naves alienÃgenas o simplemente una nueva forma de vida”. Este es mi humilde homenaje a Rodenberry y a los queridos personajes de Star Trek.
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Bitácora personal de James T. Kirk. Maldita sea. He recibido una llamada de la flota estelar avisando que debemos volver de inmediato a la tierra. Sucesos que no me fueron especificados pero que tenÃan que ver con crisis sociales, han hecho que la tierra ya no sea la misma. De hecho la percepción hacia nuestra misión de cinco años ya no es claramente la misma. La flota espacial ha perdido estabilidad y los fondos para su mantención no alcanzan a mantener la misión del Enterprise por mucho tiempo más. La opción ha sido simplemente recortarnos: debemos volver a la Tierra.
TodavÃa no comunico a la tripulación el hecho, pero me parece que Spock, con quien me crucé camino de mi cuarto, debe sospecharlo por la sola forma en que bajé la mirada… es complicado transmitir desde tantos años luz la paz, la tranquilidad que significa vagar por el espacio sin frontera alguna, sin ningún miedo, con la certeza de que siempre hay algo más allá. IntentarÃa escribir a la tierra explicando esto pero…. no encontrarÃa palabras para describir las lluvias de meteoriotos que a veces caen sobre el casco de la nave, y ese escalofrÃo que recorre mi espinazo pero se que también al de todos nosotros, y veo el brillo en los ojos de McCoy, que parece decirme con su acento tejano “Maldita sea Jim, esto es lo más hermoso que he visto en mi vida”.
En realidad toda esta tripulación está maravillada, hemos visto más de lo que jamás pensamos que verÃamos, y conocido -también enfrentado- formas de vida totalmente increÃbles. Cualquiera de nosotros se darÃa por pagado por mucho más de una vida. Es cierto, se dice que la tripulación le es fiel a su capitán, pero también es cierto que el Enterprise no solo ha logrado una comunión humana impresionante, estas almas están ansiosas de llegar donde ningún hombre ha llegado antes. No solo le son fieles a su capitán, sino a su instinto, a sus ganas de explorar.
No puedo creerlo… nos cortan las alas, nos cancelan, nos sacan del aire. Nos hacen volver cuando más quisiéramos seguir, sé que muchos me seguirÃan si propusiera seguir adelante sin el permiso de la flota… pero dentro de todo no tengo las agallas para representar a la tierra sin autorización… no quiero ser el primer renegado espacial, no somos una nave de combate y no lo seremos nunca. No he pedido opiniones, tampoco las habrá. Será solo un comunicado. Probablemente Scotty querrá hablar conmigo en privado. Spock me apoyará… siempre encontrará un lugar en alguna nave Vulcana pero al mismo tiempo… creo que él sabe que ha encontrado su lugar aquÃ, en esta nave. Quién lo hubiera dicho, un vulcano conviviendo entre humanos y sufriendo por nuestras emociones. La de hoy es una que quizás Spock llegue a comprender. Sentirá una desolación y una tristeza enorme en todos. ¿Cómo intentar hablar con la tierra, hacerles entrar en razón… explicarles que representamos a la tierra en la vastedad del universo…?
Estoy triste. Sin embargo he tenido mis recompensas. La soledad en términos afectivos la he reemplazado con la emoción de salir ileso de más de alguna situación complicada. He dedicado mi vida entera al espacio… dejé atrás la posibilidad del amor por abordar al Enterprise… a esta “Ella” tan especial, como dice McCoy que me refiero a la nave. A veces pienso en eso, cuando quisiera compartir mis alegrÃas con alguna “ella” con menos metal y no tengo a nadie salvo los recuerdos del ordenador, fotogramas y entonces, cuando se me acaban las opciones, camino hasta el puente y le pido a Uhura que me muestre en la pantalla el universo, el espacio, y solo cuando comprendo la importancia de lo que hacemos es que la profundidad del espacio le gana a la tristeza y me dejo llevar… para despertarme un dÃa más, ponerme el uniforme y hacer lo que mejor se hacer. Diablos, lo único que se hacer, lo único para lo cual pareciera que el destino me preparó: ser capitán. Y no cualquier capitán, el capitán de una de las más hermosas naves espaciales, en viajes espaciales solo comparables a los del antiguo Capitán Archer… o aún quizás a los de Colón.
Nos han cancelado… humanos, solos allá, encerrados en esa esfera azul. Cuando uno está tan lejos solo cabe entenderlos… todas las guerras, todos los problemas, justificados porque nos sentimos encerrados en solo cinco continentes hiperpoblados… hemos construÃdo una sociedad casi sin problemas, no entiendo por qué ahora me llaman para esto. Para la palabra que nunca quise escuchar… “Volver”.
Estoy triste, por primera vez en años siento semejante tristeza. Comunicar la noticia va a ser una tremenda desilusión. Otros vendrán después de mÃ, pero… ya no será lo mismo. Muchos volverán y cruzarán el espacio… serán otros tiempos… ¿signifcará esto que mi tiempo se acabó? Cuando vea la tierra desde Plutón ya no será lo mismo… tardaremos un tiempo en volver… pero siempre pensé que lo harÃamos en otras condiciones. En los cinco años originales de la misión. No en tres. A lo lejos se ve un nuevo sistema solar, que nunca conoceremos. Otros vendrán, tengo la certeza. En otras condiciones, mejores para la tierra, mejores para todos.
Por mientras, vamos a volver.
Voy a comunicar la noticia a la tripulación.
Computador, pausa.



