
Este dÃa conocà por primera vez la pampa. En las fotos que ven arriba pueden ver el camping, la “Nave Madre” donde viajábamos, la “chara” donde dormÃamos y la mesa donde se tomaban las decisiones sobre el viaje. En esa foto recuerdo que estábamos con el mapa al medio, viendo destinos. Pero todavÃa quedaba mucho viaje por delante, y este dÃa serÃa algo asà como la calma antes de la tormenta.
DÃa 2 – San Rafael.
Despertamos, sin haber dormido casi nada, a eso de las 9. En tiempo récord comimos los sándwiches que quedaban. Desmantelamos la carpa, armamos la nave madre y salimos. Nos querÃamos dar una ducha pero estaba asqueroso, asà que partimos al supermercado a comprar este cuaderno para la bitácora y luego de perdernos un poco, por fin tomamos la ruta 40, a Tunuyén, para luego tomar la 143, a San Rafael.
Anotación anexa: escribo estas lÃneas en el dÃa 3, lunes, cerca de las 10pm (9:29) de uno de los dÃas más brÃgidos. Estamos en el medio de la nada.

El camino a San Rafael fue abriéndose ante nosotros de manera espectacular, mostrando la inmensidad de la pampa. Nos tomamos unas fotos, Jaime y Jorge despertaron en el asiento de atrás y en la inmensa recta medimos la velocidad de la nave madre: 180km/hr. De a poco fueron apareciendo árboles y el paisaje se fue arreglando, llegamos a San Rafael por una linda avenida arbolada, y luego estuvimos ya dentro de la ciudad, pequeña pero con 3 pistas por lado en su calle central. Llenamos el estanque ($60) en una YPFdonde nos atendió una bella chica. Luego partimos a un restaurante, comimos dos pizzas, una napolitana y una especial más una cerveza “Quilmes” por $23, atendidos por supuesto por una bella chica. Eran 3 que atendÃan más otras dos bellezas sentadas en otra mesa. Contentos por la comida y la vista, salimos, por consejo de la chica que nos atendió, rumbo a un lugar llamado “El valle” en vez de ir a la Laguna Llancanelo, nuestro destino original. “El Valle” es una serie de campings que cobran vida gracias a un embalse, el del Nihuil. El rÃo es bastante fome, por lo que su rafting era igualmente aburrido. No sé bien qué camino hicimos (porque me dormà por un ravotril), Jaime dice que no fue casi nada, pero me pareció que anduvimos un buen rato. A eso de las siete nos decidimos por cierto camping. Estacionamos y por 2 pesos por persona más 2 por carpa, nos quedamos. Un par de dÃas por lo menos. O al menos, esa era la idea. La gente en la tarde empezó a marcharse de a poco, ahà caÃmos en la cuenta de que era domingo y de que el “Valle Grande” era el lugar de balneario de San Rafael. Nos metimos al rÃo un buen rato, tenÃa harta corriente. Luego fuimos al sitio, sin el horrible calor de Mendoza y habiéndonos cambiado de ropa.
Arrendamos una mesa y cuatro sillas de plástico (o,5 c/u + 2 la mesa) y nos sentamos a discutir la ruta. No nos quedarÃamos ahÃ. SeguirÃamos hacia el sur, hasta Llancanelo, y no por la ruta de cemento de Malargüe, sino por la 180, directo al sur.
Cuando cayó la noche, sin gente, comenzó el caos. Millones de bichos, no se podÃa hacer nada, era imposible tomar una sopa sin tragarse varios. Empezamos a colapsar. Eran demasiados y los atraÃa la luz, o sea, no podÃamos prender nada sin tener bichos por todas partes. Apagamos la luz del camping y prendimos la del sitio de al lado, lo que aminoró un poco la situación. Comimos fideos con crema y atún, y nos sentamos tranquilamente a beber unas cervezas Andes (2,50 c/u) y un vodka mezclado con limón. Pero antes fui a lavar loza y encontré una telaraña gigante, perfecta, como la de Spiderman. Llamé a los demás y salvo VÃctor, empezamos a iluminar la tela de araña. Al hacerlo, los bichos se fueron directo a la luz, la araña los envolvÃa con rapidez, se hizo un festÃn con los insectos. Esa fue la primera parte de la venganza. Volvimos a la mesa a disfrutar de unos tragos y a charlar, decididos ya a marcharnos de ese camping infecto, antes de las 12am, ya que nos cobraban el dÃa entero si se pasaba la hora. AsÃ, por tercer dÃa seguido, seguirÃamos en viaje. Jorge fue a mear y volvió diciendo que habÃan ranas: bajamos a ver y en efecto, un gran anfibio se encontraba plácidamente ahÃ. Lo vimos con la linterna y al alumbrarlo los bichos también fueron a verlo. La rana se dio un gran festÃn. Bebimos un rato más y a las tres nos fuimos a dormir.



