Jueves en la noche. Terminando unos trabajos y listo para viajar a la playa, vacaciones de invierno, el panorama ideal para alejarse de todo. Esta es la última entrada de esta bitácora, por ese año fue todo y no volveríamos sino hasta el 2006 a Argentina, pero mucho más lejos. La verdad es que Mendoza no nos interesaba mucho más y estaba claro que había que volver, pero todavía faltaba todo un año para decidir.

Día 7 – Viernes

9:30 o algo así. Viajar es tomar decisiones. A las 9am los hijos de puta de al lado pusieron una radio pachangera a todo volumen y nos despertaron. Enchuchados, y sumado a eso los pendejos hiperactivos que casi no durmieron, tuvimos que decidir. Viajar hoy, luego de bañarnos, era una buena opción, que se validó por 3 a uno. Así que escribo estas líneas mientras todos me tiran puteadas para que lave la loza. A eso voy ahora.

10Am: Todo listo y empacado. Claro que los planes, como era previsible, han cambiado. Nos vamos de inmediato. Sin piscina. Debí suponerlo.

Salimos bastante pronto, en Mendoza lavamos el auto por seis pesos y quedó como nuevo. Después estacionamos y fuimos al centro, a la tienda “El turista” en la Avenida Las Heras. Luego pasamos a un local llamado “Chopp & Dog”, que tenía el mismo logo del SchopDog: un lugar diferente. Comimos panchos, Jaime una milanesa y Jorge un sandwich de milanesa.

Nuevamente peleamos por las rutas, yo andaba chato porque quería más piscina, de hecho, quería seguir allá, y la verdad, es que pendejos gritones, radio a las 9am y el hecho de no tener cerveza no era un inconveniente para mí. Esos fueron los argumentos, que nunca llegué a tragar.

Emprendimos viaje a eso de las 1pm, una vez más estábamos en el camino. Gendarmería argentina nos hizo desarmar la maleta y buscó bastante bien, no encinró nada, y no abrieron bolsos, solo buscaron. Cuando se alejaba, le escuché decir al tipo “no, no son estos”.

Seguimos camino, y en realidad, cuatro jovenes en un auto caro, podía resultar sospechoso. Dormí un gran trecho del camino y desperté casi en la parte de la frontera con Chile.

De nuevo mucho papeleo, carnés, visas, fotos, un S.A.G. Bastante simpático que solo nos hizo abrir un bolso y nos dejó pasar. Ibamos con la bencina justa, y de hecho, camino a la casa de Jorge, tuvimos que echar un par de lucas porque no quedaba nada. Cruzamos la ciudad con aire acondicionado, lentamente, por los tacos, con la cordillera como guía. Dejamos a Jorge, quién dejó varias cosas encima porque la puerta de atrás no se podía abrir. Un problema menor que arreglamos sacando cosas desde adentro. Subimos por Toesca con un fuerte taco, y finalmente me bajé en mi casa, con un montón de cosas porque me cargaron con las de Jorge. Pero ese viernes estaba recién por empezar.

Fin de la bitácora.

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