Bitácora de Viaje. Cascada 2005. Día 10
Penúltima anotación de este primer diario de viaje, es algo corta pero usualmente cuando hay mucho que hacer hay poco tiempo para anotar. Y había que aprovechar las horas al máximo porque el horrendo viaje en bus se veía cerca. Acá vamos.
Día 10. Jaime y su encuentro cercano del octavo tipo.
El penúltimo día partió con un clima excelente, comimos algo de pan, unas mitades de empanada, cortesía de Jorge, y partimos al toque a la playa, a nadar y a tomar el sol. Estuvimos varias veces en el lago, casi todo el día, a decir verdad. A la vuelta los pendejos tocaron exactamente la misma música que el día anterior, y Jaime con Calleja fueron a pescar. Sacha y Paula durmieron una siesta, Jorge fue también a dormir y yo me quedé leyendo nuevamente. Durante la noche, repetimos lo de la fogata, ya que esta vez no hubo peces y los pescadores llegaron con los pies adoloridos, hechos mierda. Había mucho alboroto esa noche, al lado de nuestro sitio, donde una vez estuvieron los pendejos que se agarraron a mocha, había tres chicas con tres chicos. Había llegado más gente y en un último intento de socializar, me uní, casi sobrio, con el sitio de al lado, donde guitarreaban canciones en español. Lamentablemente, me uní dos minutos antes de que “Uñas” llegara a cortar la música. Entonces casi todos bajaron a la “Sede social”, mientras Calleja y yo nos quedamos junto al fuego, bebiendo unas últimas cervezas y escuchando, en paz, Radiohead. Al cabo de un rato llegó Jorge, después volvieron Jaime, Sacha y Paula. La sede social era una casa con música y gente bailando. Jaime había dicho que por lo menos diez minas le habían dicho que no querían bailar con él, por lo que bajó al lago y vio algo demasiado raro: a lo lejos, una luz que se movía, que de pronto se quedó quieta, y al final salió volando muy rápidamente. Tal como él después de ver esto, medio locurizado. Había visto una luz, quizás el próximo año sería un gris. Todos los lummox nos fuimos temprano a dormir aquella noche, el plan para el día siguiente comenzaba por solo una cosa: levantarse temprano.



