Empecé este blog a fines de Diciembre, cómo ha pasado el tiempo. Por el momento ha llegado el final de esta primera bitácora de viaje, al sur, al lago Llanquihue. No tengo mucho más que agregar. Solo que ya volverán los mismos personajes con más aventuras. Al parecer gustaron lo suficiente como para no ser cancelados demasiado pronto.

Día 11. ¿El final?

Escribo estas líneas bastante tiempo después de haber llegado a la ciudad, aunque recuerdo el día bastante bien. Ordenamos todo en tiempo récord, las mochilas, las carpas, en fin, el campamento base quedó limpio en muy poco rato, esa era la idea para aprovechar el día. El bus desde Osorno salía a las 8pm y el viaje desde Cascadas era por lo menos una hora. Con todas las cosas arriba del auto, y la mochila con fierros de Jaime dándole un disgusto a Paula, salimos a comer empanadas, unas dos por cabeza. Luego, al lago, donde Paula se desenojó. Nadamos mucho rato, no queríamos salir del agua por ningún motivo, pero a eso de las 4.45 salimos, Paula y Sacha se marcharon y una vez más fuimos Calleja, Jaime, Jorge y yo, esperando el bus. Subimos a uno bastante más decente que el de ida, nos tiramos en los asientos de atrás, y resistimos las fuertes miradas de las viejas gordas que querían esos asientos. El volcán fue achicándose, el lago desapareciendo, y de pronto me quedé dormido. Eran las 6:15 y llegamos a Osorno. Apenas tuvimos tiempo para cambiarnos de ropa en casa de Paula, “depositar” lo que hubiera que “depositar”, beber un jugo de frambuesa, y salir al terminal. Esta vez no fue caótico, con los diarios y los snacks en la mano, y las mochilas abajo, comenzamos la despedida, los abrazos, agradecimos la hospitalidad, y subimos al bus. En él, hacía un calor asqueroso, al menos era semicama, pero el calor se sintió hasta mucho después. La comida fue asquerosa, un “tomate” con “pepinillo” y un par de masas con sabor a futuro. Eso me recordó el campamento, los jugos de colores raros que “sabían a futuro” y cosas así. No queríamos volver. Luego de las noticias, “Los piratas del caribe”, por como décima vez en mi vida. Luego, a intentar dormir. Con la misma tos con la que salí de Santiago.

Anotación anexa: el día siguiente partió con el asistente del bus, “Tony Dientes de Bala”, abriendo las cortinas sin mucha delicadeza. No tomé desayuno, solo un ravotril. En Santiago nuevamente todo fue humo, ruido, voces. Calleja estaba insolado, se sentía pésimo, quería llegar a “cagar y vomitar”. Nos despedimos de Jorge y tomamos el metro. Esta vez las estaciones volaron. Jazmín nos recogió en la misma estación, todo parecía tan asquerosamente igual. Jaime se quedó con nuestra bolsa con platos y cubiertos, que todavía no han sido repartidos, y a eso de las 9 de la mañana, llegaba, agotado, a mi casa. Mi hermano estaba viendo tele, le pedí mi cama y me tiré a dormir. No recuerdo haber soñado con nada.

Fin

Eso dice el cuaderno claro. Pero por supuesto, no sería el fin. Pronto seguimos con otra bitácora.

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2 Comentarios en “Bitácora de Viaje. Cascada 2005. Día 11”

  1. Batio dice:

    Otro viaje asi como pa’ cuando, viteh?

  2. Bendrix dice:

    viaje real o bitácora?

    Bitácora pronto
    Preguntar lo otro en marzo es una crueldad
    B.

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