Seguimos con la bitácora del viaje al sur del año pasado, en esta calurosa tarde, mientras cada vez falta menos para salir de vacaciones y emprender otra aventura. Antes olvidé decirles que hicimos un video para tabanotv.cl, de la serie “La tierra en que bebimos”, sobre este viaje. Se los dejo.

Día 2: Bus. Osorno de mañana. Paseo turístico. Supermercado y ¡por fin! Cascadas.

Comienza el día con un par de flashazos de luz, el primero a las 6:30, cuando amanecía, y el otro a las 7:30, éste fue definitivo, aunque Jaime no despertó sino hasta mucho después. De inmediato comenzaron las quejas por haber dormido pésimo, ya que en los “semicama” el único que cabe bien es Jaime. Los letreros en el camino indican que Osorno está a unos 70 kms. Llega el desayuno, bastante diferente a la cena, un café o té en vaso de vidrio con una bombilla y unas galletas bastante mínimas. Jaime despierta cerca de las 8, cuando se encienden los televisores del bus. (Nota del Redactor: todas las horas se agradecen al enorme reloj de luces rojas del bus)

Osorno aparece por fin un cuarto para las 9 y nos bajamos, con una bolsa menos -la de las bebidas- pero todavía cansados. Hechos mierda, a decir verdad. Llamamos a Sacha y en unos diez minutos aparece el Peugeot 206 blanco de Paula, quien trae cara de enfado, comprensible de entender ya que se habían quedado correteando hasta eso de las 4am. Nos reciben y echan las mochilas y bultos en el auto. Nosotros tomamos un taxi y los seguimos. A eso de las 9 y media ya estamos tomando desayuno. Paula se va a acostar y a cambiar la cara de enfado por otra.

Tomamos desayuno y con fuerzas sacadas de algún lugar misterioso, salimos a caminar por Osorno, calles limpias, casas de madera y algunas sin rejas, para fascinación de Jaime. Calleja está feliz por todo, y lo hace saber a cada paso. Jorge camina en silencio, esto es lo más al sur que ha estado. Entramos al estadio Parque Schott y luego regresamos a la casa. Son recién las once de la mañana. Los sillones de la casa de Paula nos acogen un rato -llegué a dormir unos minutos- y luego salimos a comprar al Bigger todo lo que pensamos que falta. Básicamente, alcohol. Todo sale unas 30 lucas. (N.del R: la cantidad de promos es difícil de contar, quizás fueran siete, quizás ocho. Todo estaba en la boleta, que se pensaba incluir en esta bitácora de viaje, pero que la lluvia posterior se encargaría de hacer ilegible)

Almorzamos un bistec con choclo y papas, rico pero no suficiente, por lo que una hora más tarde, buscando el bus a Cascadas, tuvimos que recurrir a unos completos (pan – salchicha – microondas – mayo – váyanse) mientras nos hacían “La Osornina”, famosa broma que consiste en ir a un terminal de buses y que te digan que es en el otro, una cuadra más lejos. Con los pasajes a Cascadas comprados ($1000) fuimos a sentarnos a tomar un Pitcher. Calleja, Jaime, Jorge y yo. Sacha y Paula llevaban lo que más podían en el auto. Tomamos el “minibús”, también conocido como “Micro” en Santiago durante los años ’80 y partimos rumbo a la ya mítica cascada. Cruzamos también la ya mítica Panamericana y de pronto, a lo lejos, vemos el volcán Osorno, de dos centímetros de alto. Estamos cansados, ansiosos, felices. Jaime duerme un rato y yo también. Cuando despierto, el volcán mide cerca de cinco centímetros, hay más vacas, y de pronto el lago Llanquihue aparece a nuestra derecha, todo esto amenizado por mi interpretación de la música de El Señor de Los Anillos, que Calleja amenaza con callar a golpes. Seguimos camino, el lago está muy cerca de la carretera. De pronto nos metemos al pueblo de Cascadas, y llegamos al retén de pacos que esperábamos. Hay un camino que se adentra al lago, y aunque nos habían dicho que esperáramos ahí, nos adentramos y caminamos hasta la orilla misma del Llanquihue. Por fin estamos ahí, de pie, frente al inmenso lago, pisando la arena. Hay un par de olas pero el lago está tranquilo. Como describe Calleja, con su habitual tendencia a la exageración, es “una piscina gigante y con olas”. (N.del R: al momento de escribir estas líneas, Calleja grita que a las 8 empiezan a caer las criaturas gigantes de los árboles y hay que entrar a las carpas) Calleja también dice que a los bichos estos, a los tábanos, se les apreta, se les mete un palo por la raja y vuelan así. No le creo mucho.

Regresamos y vemos el río, no se ven peces pero ya esperamos que salgan. Sacha y Paula llegan unos diez minutos más tarde y nos instalamos en el sitio 7, atendidos por una vieja pelirroja que parece bastante asustada pero que según aclara Sacha, siempre ha sido así. Sacamos las carpas y lo que parecía un problema se soluciona en cinco minutos. La carpa de mi amigo Bati es enorme, cabemos de sobra los cuatro juntos. Al lado está la carpa de Calleja con los bolsos y mochilas, y junto a nosotros la carpa de Sacha y Paula, quienes tienen colchones inflables.

Hace hambre. Tenemos unas seis longanizas grandes y Sacha dice que hay dos más, cortesía de la mamá de Paula, quien también puso un montón de choclo, que comemos ahora mientras cae el sol. Con el campamento base armado, al lado de una casita naranja que días después sería usada, salimos a comprar. Sacha y yo vamos por carbón y cervezas, luego Jaime va por pan y trae más cervezas. Luego, cuando van a buscar leña para la fogata, encuentran dos envases de cerveza más. Hacemos un jugo y calentamos un jarro en el que me tomo un café sin azúcar. (N.del R: Jaime dice en este momento, “Qué la zorra, son las nueve y media y todavía hay luz”.)

Partimos unos choclos y los tiramos a cocer, Calleja alega por los zancudos casi sin sentido, al menos yo no los siento. Bebemos unas cervezas y Calleja sigue alegando, diciendo que mañana amanecerá hecho una gran roncha. El hombre roncha. “Arriba por el chocolate” dice Jaime, y en el sitio de al lado comienza la música. Parten con cumbia, luego Snatch, luego U2, luego Red Hot, en un sin fin de estilos. De hecho, ahora suena algo que Jaime describe como basura.

No hay luz, casi, y el encargado del lugar, conocido como “Uñas”, un tipo moreno, gordo y de hablar pausado, llega a tomar los nombres, cosa que también había hecho la vieja pelirroja, que creía que “Sacha” era un nombre chino. El tipo pone las cosas claras, si hay familias, la música se corta a la 1:30, sino, hay chipe libre. Hay que avisar si nos vamos, cosas así. Luego se marcha. Jaime destapa otra cerveza, le digo échame porfa y dejo de escribir por ahora.

Día 2 – Intermezzo

Anotación de Sacha: Hay algo extraño hacerca del lugar, generaciones extintas de gente que no susurra, la reaccion inexistente frente a todo lo inusual y no veo que haya extasis en la existencia. Un caos y se ve lo que pasa, el fuego extingue plagas, y la plaga se hace presente. Todo cuadra y sigo feliz.

Anotación de Paula: “UÑAS ña ña ña ña pero comotanto nos dio la bienbenida uñas del camping cascadas y nos dio muchos consejos practicos para pescar salmoncillos ji ji ji

Nota del Redactor: la ortografía ha quedado intacta en todas esas anotaciones.

Dïa 2 – Continuación

Comimos bastante y nos hicimos unas piscolas, la noche caía y al cabo de un rato el ron ya se había ido. Abrimos una promo y bajamos a la playa con la guitarra, entonando viejas canciones, yo iba abrazado con Calleja cantando una vieja canción de Radiohead. Los pacos pasaban a cada rato, como para que nos quedáramos allá y no subiéramos al pueblo. En algunas casas habían “reuniones sociales” que no llegaban a ser fiestas.
Volvimos, Calleja y Jorge fueron a dormir all igual que Sacha y Paula (Jaime y yo nos quedamos frente al fuego, piscoleando hasta las 5 de la mañana)

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