Seguimos con la odisea del año pasado. La primera, claro. Un día de resaca en el que estuve a punto de no escribir. Más que por ganas, porque no había mucho que recordar de la noche pasada. Pero no importa. El día fue mejorando y en general en el viaje, con sus momentos álgidos, de lluvia, tormenta y rayos, supo como arreglárselas para hacer salir el sol y hacer de este viaje una experiencia entrañable. Seguimos entonces.

Día 4: Resaca. Comida. Lago al por mayor.

Amanecí con recuerdos confusos, más que eso, desordenados. Despertamos al mediodía, cocinamos fideos. Sacha fritangeó unos huevos mientras Jaime y yo pagábamos las penas del infierno. Comimos rápidamente y el resto del día fue nadar lago adentro, desenterrar las rocas del fondo del lago, para buscar “El tapón del Llanquihue”. Llegamos bastante adentro. Nadar, nadar. Ahora es tarde, queremos tomar once y no beber demasiado hoy. Merecemos un descanso. A todo esto, Coipo y su harem se fueron temprano en la mañana.

SE BUSCA: RESORTES. NUESTRO SALTAMONTES FAVORITO.

Un par de ideas aparte: ¿Nieve o caca de paloma gigante? / Morlok, bicho que cae a la mesa. Creo que es el que tiene exoesqueleto.

La bitácora del cuarto día terminaría aquí si no fuera porque cuando subíamos al camping escuchamos música muy fuerte. Ha llegado gente. Más weones que minas, por lo que pensamos en demandar a Sacha, quien ahora se ha ido a “golosinear”. Ha llegado y trajo snacks.

Cayó la noche tras unos cuantos cafés, fuimos a comprar las cuatro cervezas reglamentarias, hay algo de vida social en el camping, cosa que al parecer practiqué con la chica de ayer, Inés creo que se llamaba. Recuerdo un cuadro, estarla abrazando. Al parecer, según Paula, yo le dije a ella que si salía la mano, yo me iba con Inés a la carpa de ellos dos y ellos se iban a la nuestra. Realmente dudo haber dicho algo tan idiota como eso. En fin, hoy me siento particularmente antisocial. Jaime llegó hace poco, de dormir una siesta por su caña, y dijo que hoy no beberá. Veremos si es cierto.

El intento de hacer arroz fue un fracaso y ahora es una plasta horrenda, que ahora yace junto a mí en el banco donde escribo estas líneas. Es una mesa grande, donde cabemos los seis perfectamente, tres a cada lado, y además comida, lavalozas y cosas así. Alguien saca un pedazo de arroz y lo tira a la parrilla, es como un “pan de arroz”. En realidad, escribir estas líneas me ayuda un poco a evitar socializar. Calleja habla a lo lejos con un tipo, la tranquilidad se ha acabado y suena música, muy mala y muy fuerte. Espero que el segundo intento del arroz de mejores resultados, la olla está sobre el fogón que encendimos hace un rato y que ciertamente tiene efectos hipnóticos. Presiento que hoy duraré poco, aunque quizás dormir sea complicado, debido al hecho de que los recién llegados probablemente sufran del “síndrome del primer día”, que consiste en volver a tener quince años y quedar ebrios hasta las seis de la mañana. Ellos están bastante bien equipados, llegaron en una camioneta roja y traen, inteligentemente, un pequeño balón de gas, equipo de música y sillas, asunto bastante necesario. Voy a lavar mis platos.

Hora: muy noche. Salí a caminar un rato y me tendí en la arena, a ver el lago de noche. De pronto dos pendejas se me acercaron. Hablamos un rato y una de ellas se puso a vomitar. Mucho. Me pidieron que me quedara cuidándola y no quise. Iba en octavo básico.

Volví e interactuamos un poco con la demás gente, ahora ellos bajaron a la playa y Calleja aprovechó de poner el Ok Computer, pero Paula puso cara de poto porque no era “música de carrete” así que hubo que cambiar de disco en el tema 6. Es una noche tranquila, sin alcohol para mí. Hace un rato una mina se puso a vomitar en una carpa cerca y su amiga nos lanzó una bolsa con vómito que llegó bastante cerca de Sacha, al parecer debido a cierto comentario de Calleja, que al ir a buscar leña dijo algo sobre “el show”. La mina volvió, recogió la bolsa y nos retapó a chuchadas. Cuando volvió, hablábamos de cualquier otra cosa y nos gritó “eso maricones, hablen por la espalda”. Le dijimos que no era el centro del mundo y desapareció. El primer punto negro, aunque sabemos que ella es “población flotante”, se marcha mañana.

Al margen: mi ropa huele a humo, comimos fideos y arroz hace un rato; en realidad hace horas atrás. El tiempo de los lujos, de las longas y los choclos, se ha terminado. Quizás vuelva, pero por el momento hay que sobrevivir solo a base de provisiones. Al menos tenemos las sillas para nosotros, y estamos de nuevo reunidos en la fogata. La mesa también es un desastre, llena de platos sucios, envases de cervezas, lavalozas, fideos, tazas, una linterna, un balón pequeño de butano latas abiertas, en fin, el desastre que esperábamos que fuera. Hay hasta pasta de dientes. Somos los perfectos Lummox. Los tipos gigantes en el universo de Ren & Stimpy se llaman así: Lummox.

Hace frío por las noches, pero los días están agradables, y según “Uñas”, seguirán así.

Dejo la bitácora sobre la mesa. Voy a conversar un rato.

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