Este es el día que bautizó este viaje como el “Cascada Salmón Tour”, con invitados especiales que se sentaron a nuestra mesa, la única gente con la que realmente compartimos en este viaje. ¿Los aburren mis introducciones? Bueno, vayanse a la cresta.
Día 9. Martes. “Díos existe y además nos quiere”. Al menos por ahora.
Comenzó el día bastante bien, primero que nada totalmente sobrios y segundo, con un clima nublado que tendía a mejorar. Mucha gente, el grupo principal, empacó las maletas y partió muy temprano. Ese fue otro gran paso, porque toda su comida, el hervidor eléctrico, la cocinilla, el gas, el aceite, los atunes, mayo, en fin, TODO, pasó a nuestras manos. Una caja entera. Y a la media hora de que se fueran, las nubes empezaron a retroceder. Fue la felicidad misma, comimos choclo y medio cada uno, luego atún con mayo, tomates con ajo y arroz. Un almuerzo bastante sabroso tras el cual notamos que el cielo ya estaba despejado, así que nos cambiamos la ropa de lluvia, en lo personal, una polera manga larga y dos polerones que no había cambiado durante 72 horas seguidas, y que sin embargo no amainaban el resfriado. Por fin volvió el traje de baño y bajamos a desquitarnos de la lluvia, el lago estaba muy tranquilo y la idea de partir antes cambió radicalmente por la idea de quedarnos un par de días más, cosa que no resultó porque llamamos a los buses y nos dijeron que estaba todo completo para viernes, sábado y domingo. Lo único era para el jueves a las 8pm.
Esas llamadas fueron hechas desde el campamento base, lugar que mientras estuvimos en la playa, se había llenado nuevamente de carpas, música y gente. Claro que esta vez era diferente. Debo decir que prefiero la paz, la tranquilidad y las viejas historias a los megacarretes. De hecho, según dijo Paula, el grupo de los otros weones, más que marcharse por el clima, se fueron porque los otros años esto era realmente carrete todo el día, algo así como sesenta weones. Pero el tipo que organizaba no había venido este año, solo su hermano menor, y no era capaz de mover tanta gente. En fin, estos ponían hip-hop, jamiroquai, funk, y esas mierdas. Entre preparativos para la pesca, sopas para uno y las reservas de pasaje, los demás fueron a pescar. Fui a lavar la loza, siguen escuchando basura y no tengo una pistola mental. Así que agarro un libro y me pongo a leer.
Anotación anexa: siguen escuchando hip-hop, es desesperante. Los demás no han vuelto, y el poco rato de tranquilidad que tuvimos, se ha acabado. A ver qué depara la noche.
Anotación de Sacha:
Tarde de pesca.
Partimos a pescar no por la playa, sino que por un camino que quedaba a través de un sitio, cosa de poder llegar al lago pasada la desembocadura. Después de seguir un camino que bordeaba el río logramos llegar al otro lado de la playa, donde habían varios pescando. Integrantes del viaje: Calleja, Jorge, Jaime, yo, Paula, Joaquín Lagos y su polola.
Preparamos las carnadas y empezamos a tirar. Jaime se puso al lado izquierdo, yo al medio y Calleja al lado de un pescador con experiencia que logró sacar un pez, pero era muy chico y lo devolvió al agua. Yo tiré un rato, después Shaggy y Joaquín me la pidió al final. Debe haber tirado como cinco veces hasta que lo escuché pedir ayuda. Me acerco y ahí estaba, un ejemplar de kilo y medio que igual dio su pelea. Al salir inerte del agua, se había zafado del anzuelo y se corría el peligro de que saltara de nuevo al agua, así que Calleja le pegó una patá pa tirarlo hacia las rocas y de ahí con una roca le dio varios golpeas en la cabeza hasta matarlo. Volvimos a tirar unas cuantas veces más pero no había mucha onda, así que empezamos el viaje de regreso, el cual al estar tan oscuro no logramos captar bien, pero por último llegamos.
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Para Juan Carlos II, el día partió como cualquier otro. Con sus inexpresivos ojos se despidió de su mujer e hijos, y salió en busca de alimentos. No había sido un buen día, y lo sabía. Salvo por un poco de plástico de tatoo manía de papas fritas, casi no había alimento. Por eso, decidió quedarse un rato más, a ver si había algo de alimento. De pronto, a lo lejos, un brillo la llamó la atención. Aunque los rumores hablaban de abducciones, decidió arriesgarse. Entonces todo se hizo complicado. Se sintió atrapado, y peor que eso, estúpido por haber caído en la trampa. Luchó con todas sus fuerzas, pero en un momento se encontró fuera del agua. Mala señal. Tocó la arena y pensó en su familia, en todo lo que quedaba atrás, planes inconclusos, hijos que no vería crecer, y una esposa que lloraría su pérdida. En la arena, hizo un último y desesperado esfuerzo, pero se sintió golpeado hacia las rocas. Lo único que pudo hacer fue esperar misericordia, una muerte rápida, la esperanza de otra vida mejor, quizás no como salmón. Un enorme xenomorfo se acercó con una roca. Juan Carlos II estaba muerto.
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Calleja, Jaime, Jorge, Paula, Sacha y un tipo llamado Joaquín, volvieron felices, la bolsa de Líder que Jaime había llevado, diciendo en broma que llegaría vacía, traía un salmón de kilo y medio en su interior. De inmediato procedimos, Jaime hizo un corte, Sacha removió los interiores, donde había un pedazo de plástico de papas fritas -oraleja: no tirar mierda al lago o río- y las dos chicas de las carpas de al frente, la polola de Joaquín y del otro cuyo nombre nunca supe, lo prepararon a la mantequilla, con cebolla y tomate dentro. Para eso doblaron una parrilla mientras Jaime y Jorge preparaban puré con tomate y huevos revueltos. Jaime estaba entrando en crisis por no comer puré. La mesa para seis tuvo cuatro invitados esa noche, todos comimos como cerdos, además había longanizas, el pescado alcanzó para todos y brindamos con una cerveza por la buena pesca. Los pendejos de al lado, mientras tanto, estaban locurizados, bueno, en su primera noche, bebiendo desde temprano, pero al menos habían cambiado la música, ahora sonaba Guns, entre otras cosas. Nos sentamos alrededor de la fogata, no la de los días anteriores, ya que estaba ocupada por los pendejos, sino otra, cerca de la carpa de los invitados. A eso de la una y media llegó “Uñas” a decir que a las dos había que apagar la música. De paso aprovechó para contarnos la historia de su vida, ex-rati, combatiendo contra el plan-z, viviendo actualmente en valdivia. Escuchamos sus sabios consejos -estudien medicina o ingeniería- y varias cosas más, como que cuando creciéramos compráramos el camping. Durante un segundo me cayó bien. Andaba más expresivo que los otros días. De a poco, todos se fueron a dormir, Jaime y yo piscoleamos lento, hasta que ya amanecía.



