Bitácora de Viaje. Cosquin Rock 2006. Día 2

Está que llueve hoy en Santiago de Chile. Raro, porque son los primeros días de octubre y los esperanzadores días soleados que precedieron a este día hicieron que más de uno se pusiera una polera para hoy. Yo no. Desconfío de la primavera, del otoño y de sus sutiles pero engañosas temperaturas. Otro día de viaje, más que nada rutero. La llegada a Carlos Paz, el hacer algunos amigos y la primera noche de carrete. Estos son los días del pasado enero por allá pasado la cordillera.
Día 2 – ciudades de paso, haciendo amigos, ¡vihte!
El asado estuvo increíble, unos bistecs, morcillas, mucha carne, cerveza Quilmes, whiscola y a charlar hasta muy entrada la noche. Víctor y Jorge se fueron a acostar y Jaime y yo nos quedamos tomando whiscolas y viendo a un pobre weon del sitio de al lado (eran cuatro en total) cuya mina lo abrazaba para ir a dormir y él en vez de ir se divertía viendo los muy monofónicos ringtones del celular de su amigo. La mina, por supuesto, estaba increíble.
Así se fue la noche, y de pronto, a las 6:30am, Víctor empezó a repartir patadas dentro de la carpa. Era la hora de partir. En el mapa la ruta era simple, pero en la realidad se hizo más complicada. A las 7:30am salimos del camping y cruzamos Mendoza para tomar la ruta 7. Casi arrollamos a un perro en la ruta. Avanzamos y a las 9:45 llegamos a la provincia de San Luis, donde intentamos buscar la salida a la ruta 146 durante casi una hora, pero todos conocían cualquier otra ruta para Córdoba menos esa. Al final hicimos otro camino, un poco más… no sé si corto o largo, porque no figuraba en los mapas, pero sí bastante lindo con plantas en el bandejón central. (*)
Seguimos viaje hacia La Toma, donde tomaríamos la ruta 148, que enfila directo al norte por la sierra. En una bifurcación, decidiendo entre dos caminos, y casi a punto de tomar el incorrecto, un amable argentino nos corrigió.
(*)Bitácora anexa: son cerca de las 8 de la noche cuando escribo esto. La situación se ve compleja.
Pasado La Toma enfilamos al norte. Paramos en el apacible pueblo de “La Paz” a estirar las patas, echar bencina y tomar café. Seguimos viaje, esta vez con Jaime de copiloto, porque mis rodillas me dolían y porque Víctor se ponía demasiado pelotudo al volante, cada vez que tomamos una ruta decía “es para el otro lado” o cosas así. En fin. Me quedé dormido y desperté con frío, en las “Altas Sierras” unas montañas de las que nadie nos advirtió, solo aparecía en el mapa una ruta y el nombre del lugar, nada más. Seguimos viaje viendo cómo los argentinos adelantaban a destajo, es impresionante. En fin, perdonen la redacción un tanto tosca pero las condiciones no son las mejores. Seguimos. Carlos Paz era el próximo destino, es un… (alto. La batería se ha descargado y tengo que escribir afuera)
Carlos Paz es un pueblo pequeño a las orillas de un lago, ya cercano a Cosquin. Lo pasamos y empezamos a ver señales que decían “San Roque”, nuestro destino. Si no entendieron el chiste, es san Rock-E. A ver, escribir con frío, bajo una luz de 40 watts es complicado y los chistes no salen muy bien.
Los ánimos se calentaban, el viaje en auto todo el día pasaba la cuenta y nos empezábamos a agarrar medio a chuchadas, en fin. Pasa en las mejores familias. Lo que pasó es que en San Roque había campings, pero le preguntamos a un paco y nos mandó a Cosquin, donde nos mandaron de vuelta a San Roque. Una vez ahí estacionamos en un camping sumamente lindo y sumamente barato: $6 pppd (pesos por persona por día). Un pasto hermoso, en fin. Con ‘patio cervecero’ incluído. La weá es que no había NADA más, era para dormir e ir al festival, sin sillas, sin mesas, sin nada, porque el negocio era el restaurante. Nos fuimos y nos fuimos alejando también de la entrada del festival. Aunque hay varias, así que la distancia que tendremos que caminar no la sabemos con certeza. Siguiente camping: el municipal. Vacío, feo, pero barato. Como dijo Jorge, “olía a orines”.
Siguiente camping: buen precio pero familiar. “si me ponen música fuerte les voy a hinchar las pelotas”.
Siguiente camping: Instituto. Lindo pero… ante las dudas anteriores, pasamos a ver. Al lado del lago, amplio, con “churrasqueras” (parrilas), en fin… EL PARAÍSO TERRENAL. $10pppd más $2 por la luz y todo ok. Armamos la carpa y en poco rato el campamento base estuvo listo. Fuimos por unas cervezas y cocinamos fideos con crema. Sin mucho ánimo me armé una whiscola y me senté a tomarla. Andaba entre cansado, molesto con Víctor y con muchas ganar de cagar. De pronto Jaime se hizo el ánimo de ir a cagar y lo acompañé. Entonces descubrimos el punto bajo del asunto: los baños. Donde solo queda hacer el el estilo ‘windsurfing’ para cagar, apoyarse en las puertas o murallas. En fin. Sacando un par de mojones salió todo lo malo y volví a ser feliz, a Jaime le pasó lo mismo, así que está comprobado que cagar quita el cansancio y devuelve la felicidad.
A ver, aquí la historia se complica en términos de recuerdos, porque llegó “Estéfano”, un escabiado que tomaba melón con vino y fumaba ‘faso’. Yo conocí a otro argentino (que me dice “Chile”) y al final terminamos carreteando con ellos. Víctor y Jaime le compraron la hierba a Estéfano en $25 (un buen precio) y su amigo -quien tomaba ravotriles- estaba durmiendo. Terminó todo con bailes de ‘cuarteto’, un ritmo medio de baile, medio pachangesco. En esto se fue la media botella de whisky del día anterior, otra botella de litro de whisky, una de vodka, varias cervezas, vino -en melón-, en fin.
Jorge ya se había ido a dormir, yo no tengo idea de cuándo caí al sobre (ver anexo página siguiente).



