Las altas cumbres

He tenido problemas durmiendo estos días… ayer simplemente pasé de largo y hoy desperté a las 4am y no pude seguir durmiendo. Damn. Es la fase de sueño retrasada, que le dicen. Llueve en Santiago y parece que seguirá lloviendo más durante el día. Son las 7:30 de la mañana y más rato tengo clases. Mientras, sigue el viaje en un día con poco aporte, una enorme resaca y la tormenta más feroz que hemos enfrentado en nuestros viajes.

Día 3: Resaca y tormentas

Amaneció radiante, con nosotros hechos mierda. El primer día de camping es siempre algo… ‘celebrativo’. Bueno, de a poco resucitamos y los argentinos -los con plata- me convidaron un poco de pescado a la parrilla, que estaba increíble.

Anexo a día 2: el auto ha respondido ok a todo, en la aduana se ahogó un poco, pero tras un poco de urgimiento partió. Perdimos el tubo de escape en el trayecto Uspallata-Mendoza, así que el auto suena bastante. Pero lo complicado era el camino de montaña en Chile, acá todo se veía más fácil.

Recuerdo que en un momento del día anterior el tipo argentino como que se había ido con mi sombrero, no sé. Se lo fui a pedir y no hubo mala onda… pero igual… no sé.

Hoy se robaron el aceite -cosa que encontramos muy rara. Víctor estuvo toda la tarde echado, Jorge y yo comimos fideos con salsa, Jaime durmió, Estéfano de Córdoba volvió para allá -se supone que vuelve- y dejó a Jorge cuidando su melón, cosa que nos dio bastante risa. Cuando despertó Jaime fuimos a jugar videos y pool y luego a echarnos al lago a mirar una tormenta que se veía a lo lejos. Ayudamos al argentino a meter su bote, en fiin, Jaime trajo pan, jamón y queso, comimos algo. La ciudad al frente del lago desaparecía por la niebla pero creímos que se iría para el otro lado.

Jorge fue a buscar algo al auto y se quedaron las llaves adentro, nos levantamos para ver cómo Víctor desatornillaba una de las ventanas. Entonces, ya terminada esa tarea, algo me golpeó el sombrero. Un pequeño trozo de hielo. El cuidador vino corriendo, diciendo que teníamos que cubrir el auto con una lona, entonces Jaime y yo fuimos corriendo, hubo que mover el auto, todos corriendo mientras llovía hielo, y luego se largó a llover torrencialmente, cuando terminábamos de poner las estacas. Yo fui a buscar una pala para armar una canaleta, pero era tarde, llovía mucho, yo estaba empapado, pero el agua pasaba por debajo de la carpa. Fue un momento complicado, el agua entraba por debajo a veces, por las costuras, y había que secar. Menos mal que aguantó todo la hora que duró la pasada de la tormenta, luego de la cual mis pantalones estaban mojados, comenzaba a bajar el frío no tanto, pero la humedad lo hacía sentir. Pasamos la tormenta sentados en los colchones inflables, viendo el lago. Cuando salimos, pusimos cartones en la entrada y empezamos a ordenar. Entonces me puse a escribir la bitácora, ahora ya ando más cómodo. Hicimos andar el auto para cargar la batería pero el pelotudo de Víctor puso la música de nuevo y se descargó de nuevo. Habrá que empujar mañana. Hoy Jaime y Víctor andan con resaca y eso pasó la cuenta, al menos al empujar el auto, que fue un webeo.

Pero sobrevivimos. Personalmente, estoy preocupado, un poco, por la carpa, pero no creo que haya problemas. Esperamos que no llueva más. Hoy estuvimos a punto de meternos al lago pero… al final no. Estaba algo cochino y huele mal.

El pan no sobrevivió a la lluvia, el jamón y el queso sí, y se fueron con los fideos con salsa Alfredo. Son las 12:15 y todos están en la carpa mientras termino este día. Mis jeans y campera siguen mojados pero los ánimos no caen. Como dijo Jaime, “nuestros viajes siempre son choros”. Toda la razón. Pero hoy no hay más aventuras, o sea, esperamos que no llueva en la noche -eso sí sería una aventura. A propósito de lluvias, la vieja dijo que no es época, pero que el año pasado llovió un día y volvían todos embarrados del festival. Veremos. Dijo que algunos años no llovía y otros sí, todos los días. Mientras cayó la tormenta, todos se guarecieron en la pequeña tienda del camping, nosotros fuimos los únicos valientes que resistimos.

12 y cuarto y no hay nada más que decir por hoy. Pero mañana, que debería llegar gente, esperamos también conocer Córdoba. Pero hoy se cierra esto y me voy a la carpa, donde pusimos el colchón inflable de Jaime para no dormir sobre el piso. Ese colchón es de a dos plazas y está desinflado porque Jaime no trajo una tapón que usa la weá. Nuestros viajes siempre son choros. Anoche fue excesivo, como buen primer día. Pero excesivo al fin. Estoy cansado. Fin del día de hoy.

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