Lo entretenido del cine es que desde un punto de vista muy nerd, es nada más y nada menos que un juego de rol. Hacer cine no es como ser escritor, no es un oficio solitario, cada rama tiene sus diferentes habilidades que solo combinadas logran hacer que el producto final sea bueno. Por eso es que el tipo de discusión de “que si es mejor ser productor que director” es tan idiota y carente de sentido. Bueno, el único momento respetable quizás sea cuando estás eligiendo especialidad, pero sinceramente, si lo cuestionas tanto, quizás haga falta un poco más de tiempo para tomar una decisión inteligente.

Yo soy productor. Para quienes lo son, comprenderán que es una vida silenciosa: ser productor no es ser alguien conocido, lo cual a mi me parece fabuloso. Si quieres fama, anda, sé director. Los productores nos regocijamos con una buena caja de Omeprazol y la satisfacción de haber logrado cosas, de saber que lo que se ve en pantalla es un esfuerzo de todas las áreas pero en las que alguien tiene que “mandar en la casa”. Conocer los gastos, hacer muchas veces del “pesado de la película”, en fin.

El viernes grabamos una cosa con gente de la escuela de cine y el ya frecuent guest star de este blog, Mitch Gómez, no voy a entrar en detalles aburridos de lo que era, pero sumado a mi gastritis -en ningún caso inducida por estrés, sino por sobrecarga de pastillas, que quede claro eso- fue en algunos momentos complicado. Pero ahí había que estar, y recuerdo aquella frase que dijo un amigo de Mitch, Parrao, un par de días antes, ante la avalancha de cosas pendientes o que podían eventualmente salir mal: “¡dame paz!”

Y me acordé de ese bootleg de Counting Crows llamado “Gimme thunder, gimme rain”, porque eso es lo que mayormente un productor querría decir o ofrecer: rayos, truenos, catástrofes. Y por supuesto, tienes una palabra que puede definir lo bien o mal que pueden ir las cosas. Para el resto de los mortales la palabra “caer” no es lo mismo que para nosotros. Si a la gente se le caen los pantalones, a nosotros se nos caen los actores, las locaciones, en fin, hay demasiadas cosas que se pueden caer como para que uno pueda estar tranquilo los días de rodaje. No solo uno, en todo caso. Todo el equipo. Pero es a uno a quien miran, uno el que tiene que buscar las soluciones, o preferentemente, tener una salida para todo.

Uno es como Batman. No a todos les agradas pero dado el momento del peligro, un equipo prefiere un buen productor en el set.

En fin, esa comparación quizás estuvo de más.

Pero sí es cierto el hecho de que el stress pasa la cuenta. Yo por ejemplo no como durante los rodajes, he aprendido que cualquier cosa me cae mal, prefiero comer antes, en la mañana, y llegada la noche. Durante el día ni me preocupo. Y supongo que es parte de llegar a ser profesional y de manejarse en el tema, el llegar a preocuparse un poco menos de las cosas, y saer producir de manera cada vez más efectiva. Cosas que aprender, para poner en la lista.

En fin, hoy es domingo, y principalmente, ya es marzo. Las últimas dos semanas entre pastillas, endoscopías y grabaciones fueron lo más cercano a viajar en la Event Horizont que recuerde, pero todo pasa, todo sucede, y la idea es que a la hora de los resúmenes, cuando hayan pasado las cosas, el balance sea positivo. Y en este caso lo es.

Habrá que guardar la lluvia y los truenos para otra ocasión.

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