Viernes en la tarde. Hoy en la noche encontré un lote gigante de revistas viejas, de “Zona de Contacto” en las que hay cuentos y columna mías perdidas en el tiempo. Eso es mucho material. Pero mientras tanto vamos a seguir repasando lo que pasaba el 2005 a mediados de año. Y los extraños recovecos que pueden recorrer las vidas. Muchas veces, mirando en perspectiva uno piensa cómo habrán hecho los guionistas para seguir usando la misma gente, y hacer que las historias, las idas y venidas, las volteretas y todo lo demás, sigan siendo creíbles. Es complicado. Con el tiempo pareciera que no hay nada más inverosimil que las cosas que hacemos
Originalmente publicado el 29 de Julio de 2005, en TabanoTv.
A principios de este año, cuando recién despuntaba enero, hice algo inusitado, quizás por el sueño o por la desesperación: le pedí a cierta chica (a la que llamaremos “Ivanova”… que nombre más torpe… algo más corto… “Fran”.), que por primera en algo así como ocho años, tuviéramos algo serio. Eran las cinco de la mañana y me había despertado recién. Al día siguiente yo viajaba al sur.
…but i’ll never betray your trust… nada mejor que un buen tema de folk candadiense para esta hora. Démosle.
He estado viendo mucho C.S.I., y claro, si en parte ya me creo Mulder, Jack Bauer, Indiana Jones, etc, no hay nada malo en creerse un poco el personaje de Grissom. Es impresionante como todos, cuando conocemos otras personas, tomamos cosas de ellos, formas de decir ciertas expresiones, pequeños gestos, en fin, no puede negarse que somos más que literalmente lo que el ambiente nos condiciona a ser. ¿A qué iba? Ah, claro, C.S.I. En realidad gran parte de esta serie de forenses te explica (muy por abajo, cayendo en la sobreinterpretación) que si reduces todo a pequeños momentos, o instancias, la vida es muy simple. Claro, porque cuando la miras con ojos de forense, se trata de algo que ya pasó, que si te concentras, no te puede influir en nada.
Con las relaciones es diferente, nunca puedes hacer borrón y cuenta nueva de nada. Hay -a la misma hora que C.S.I., en la noche- un programa de mierda que une parejas. Lo veo en los comerciales. El caso de ayer era el de una chica de 18 años que estaba enamorada de su profesor, eran amantes, y la esposa se había enterado. Los consejos del panel de expertos eran que se fuera de viaje, que se alejara, y que tomara terapia, que pensara en ella misma, que aún era muy joven. En realidad pudieron haberle dicho que estaba truncando eventuales posibilidades de hacer feliz a alguien más. Es complicado el tema de las posibilidades. Más allá de mi alcance. Sigamos
Conocí a Fran a eso de los 16 años, yo era muy joven, ella es unos cuatro años mayor que yo, y es un secreto a voces lo nuestro. Pero nunca ha pasado nada… o sea, de pareja. Quizás es cierto que cualquier cosa seria mataría eso que se supone que hay entre nosotros. Había. No sé. En fin, por cosas del destino cuando ella quiso estar conmigo, yo dije que no, y cuando yo quise, ella se negó. Aquella madrugada me dijo que si estábamos juntos, le haría daño a otra persona, una amiga suya que yo detesto porque se lo agresivamente desleal que puede ser. He conocido más gente como esta durante mi vida, y he intentado evitarlo. En fin. Hace años, yo me negué a algo serio por idiotez. Ella lo hizo por lealtad. Una lealtad que desde mi lado de la cancha parece estúpida, pero bueno, eligió una amiga ante un novio. Excelente. No puede tener las dos cosas, nadie soporta mucho rato un fuego cruzado.
Y así fue. Fue parte del proceso, perder, muy de a poco, la confianza en ella. De alguna forma fue justo, ya que de su vida jamás supe mucho, en realidad el que hablaba era siempre yo. Pero cuando me tocó hablar a sabiendas de que cualquier cosa que diría podría llegar a oídos equivocados, no pude.
Cosas de confianza. Y no pude estar más con ella.
No hay nada peor en el mundo que intentar autoconvencerte de que quieres a alguien. Yo ya no lo hago. Ensayo y error. Y yo estoy muy viejo como para seguir ensayando. Ahora me toca la sección de “Práctica y error”, parece. En fin, quizás haya algo peor que autoconvencerse: perder la confianza en la gente. Líneas de tiempo de años en las que, en un momento, pones una marca y se empieza a difuminar todo. De aquí en adelante, las cosas se van a ir perdiendo.
¿Han mirado a la cara a alguien sabiendo que no quieres verla nunca más? Siempre te van a decir “¿Qué te pasa? Pareces triste.
Pero el agente Grissom no parece triste. Es un tipo serio.
Nos vemos.



