Continuamos con la historia. El Bar B.Q. era un bar entretenido pero empezó a faltarle gente, como que el ánimo inicial con el que empezó no dio para más, por otro lado Dix -que en esa época trabajaba free lance para Rockaxis- nos decía que había muchos vales de la revista, por lo que al parecer no entraba mucha plata.

Pero nosotros éramos los encargados de darle a Omar otro dolor de cabeza. Empezamos a llamarlo para hacer pitanzas, de puro weones, y siempre motivados por el hecho de que Omar se enfurecía. Llamábamos, se enchuchaba, y después íbamos al bar y veíamos que había invertido en una fabulosa central telefónica para ver de dónde lo llamaban. Un verano me quedé solo en mi casa y lo llamábamos siempre, junto con mucha otra gente, recuerdo que llamamos a “Jimmy Picón” -su nombre está en la guía telefónica- y por supuesto a Omar.

Era muy gracioso. Llamábamos y poníamos audio de películas porno, y se escuchaban los gritos de Omar. Una vez llamamos desde la casa de Juan y Omar llamó a la mañana siguiente a la casa. Dijo que sabía dónde estábamos, que su tío era general de ejército, no sé qué mierda más. Pensamos que íbamos a tener que pelear. Pero la cosa no llegó a tanto. Una vez llegamos al extremo de hacer pitanzas desde el mismo baño del bar.

Omar se fue de ahí, y años más tarde fui a postular a una pega para… no recuerdo bien qué era, sacar a pasear extranjeros, algo así. Y Omar era el jefe de la empresa. Había que hacer un test y quedé en blanco. Sé que el sabía que era yo el que llamaba, lo supe en sus ojos, y cuando miré a su esposa, Carolina, supe que ella también lo sabía. Ambos. Me asusté, no contesté la prueba, y me fui de ahí. Los volví a ver y me arriesgo un poco contando esta historia, aunque nadie lea este blog, porque de vez en cuando los veo por ahí por providencia. No sé en qué andarán ahora.

En fin, Bar B.Q. se fue y el local quedó abandonado por un buen tiempo, hasta que se puso “Fabra’s”, pizza bar. Una fomedad salvo por su “rodizzio” de pizzas, que una vez… recuerdo que fuimos y habían cambiado al dueño y no tenía los mozos suficientes, fue un fracaso, comimos el mismo tipo de pizza 20 veces, y más encima era mala.

Nunca volvió a ponerse en ese lugar un bar de borrachos, uno digno de piratas como el Freeds, o por último uno menos indecente como el Bar B.Q. Nosotros emigramos a Pancho’s, de donde no hemos salido mucho, salvo a Manuel Montt, o a veces al Velvet, en Bilbao con Manuel Montt. Un bar requiere de muchas cosas para ser atractivo, precios, gente, que no haya hordas nazis como en el bar Rojo de Providencia, donde me gustaba ir. Buena música, mujeres, algo de comida… el mundo de los bares es algo que me atrae desde siempre, debo decir. Cuando era chico pasaba siempre por el “Bar Budo” cerca del colegio Aconcagua, y quería entrar por esas puertas oscuras, a probar qué vendían ahí.

Una vez escuché algo de Frank Zappa, supe que había puesto una botillería en Algarrobo. No sé si será verdad, pero parece que estaba destinado a tener negocios relacionados con el alcohol.

Lo cual es bueno, porque mientras exista gente como nosotros, tendrá negocios. Al final, hay que pensar que su pasión por la ilegalidad fue lo que lo llevó a tener uno de los bares más memorables que he conocido.

Así que salud por Frank Zappa. Faltaba más.

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2 Comentarios en “Mosca de bar. Segunda parte.”

  1. carolina dice:

    jajajajajaja, es una buena historia!!! La Carolina!! jajajaa

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  2. carolina dice:

    Estas equivocado en algo, nunca pensamos que fueras tu!! jajaj Por supuesto que ahora sabemos perfectamente quien eres!! jajaj, ningun rollo, y nos parecen muy divertidos tus recuerdos!! Saludos

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