Tuve una conversación interesante ayer; interesante al fin y al cabo porque las mujeres -oh, gran sorpresa- tienen una forma de ver el mundo que aclara un poco las cosas. Tienen sus días ellas, cuando no enredan todo, lo simplifican todo. En fin, un resumen-extracto y suma de ideas de lo de ayer, sobre relaciones, amigos, el agua, el puente, el agua debajo del puente y por supuesto, el orgullo y prejuicio al mejor estilo Jane Austen.

Partir de frases hechas para definir lo que somos es tan inútil como intentar cambiar nuestros esquemas a medio hacer, decir “puedes compartir con una mujer el mismo grado de intimidad que un amigo”, no es lo mismo cuando ya has desarrollado un esquema en el cual existen las amistades férreas pero las relaciones de pareja son complicadas. Es decir la teoría pero desde muy cerca, en blanco, como si no hubieras vivido nada. Decir “quizás debería cambiar mi forma de ser” es hablar de experiencias, años de aprendizaje, y toda una vida que te ha llevado a ser quien eres.

Recuerdo aquella frase: “la única manera de corregir un esquema mal construído, es destruirlo y empezar de cero”. Por supuesto no aplicable a nuestras vidas. Yo tengo un esquema en el que he perdido muy pocos amigos, todos por pelotudeces y contados con los dedos de una mano, y por el otro lado, una serie de malas experiencias con mujeres que han derivado… en una suerte de desconfianza a lo que es una relación de pareja en “general”.

Porque tengo la sensación siempre de que una relación de pareja pende de un hilo. De que cualquier mierda, discusión idiota, por pequeña que sea, puede derivar en un “chao, no va más”, mientras que las relaciones con los amigos se van fortaleciendo por quizás el mismo tipo de pelotudeces, no son relaciones que tenga que cuidar ni que andar preocupándome por cada paso.

Tengo un amigo que siempre anda hablando de sexo, como si la única razón para tener una pareja fuera eso, me parece una idiotez. Uno busca una compañera en muchos sentidos, es cierto, no un “complemento de los amigos”, pero me parece que mucha gente hace eso. O sea, se busca pololas “porque hay que tener una”. Yo no creo que sea la solución. Pero a la vez es una búsqueda larga y complicada.

He perdido solo un gran amigo en mi vida adulta, los demás fueron cuando pendejos y por tonteras. Se llama Vicente y dimes y diretes sobre una mujer nos alejaron. Pero nunca me importó tanto como perder la mujer aquella. Porque cuando te hieren el orgullo son varias las cosas que empiezan a contar, uno se vuelve medio idiota y empieza efectivamente, como en la novela de Jane Austen, a llenarse de prejuicios sobre la gente, sobre las mujeres, sobre la forma de comportarse, es cierto, no puedes generalizar, pero ¿eres capaz de decir cuál es la excepción? ¿Es alguien capaz?

No creo. Seamos sinceros, cuántas veces una mujer les ha dicho “por favor no generalices”, “no metas a todas las minas en un mismo saco”, y comportamientos de ellas mismas las meten en ese saco. Y nosotros también, creemos merecer más de lo que damos o de lo que podemos ofrecer, yo no podría sinceramente enumerar las razones por las cuales una mina me debiera preferir a mi antes de a alguien más.

Lo del orgullo ataca como un virus, se mete con tu vanidad, con tu seguridad, quizás por eso, como anticuerpos, se van creando los prejuicios, que tomamos con tanta certeza en nuestro cerebro cuando no son nada más que juicios sin ninguna otra validación que lo que creemos que es cierto. Porque nos pasó a nosotros, claro.

Complicado, que difícil es todo. Mi amiga me decía que había tenido una intimidad super fuerte con un ex pololo. Perder ese tipo de cosas debe ser complicado, como perder a un gran amigo. ¿A dónde van ese tipo de cosas? Al baúl de las experiencias o de las alertas para las próximas veces, que buscamos y qué no. ¿Un complemento, alguien para salir “con tus amigos y tu chica? ¿Aprobación social? O es que simplemente la solución es no buscar y punto. Como en la misma novela de Austen. Cualquier orgullo y cualquer prejuicio es derrumbado si el amor es muy grande. A todos nos gusta Jane Austen, no me vengan con webadas. Pero eso se sabe sólo en el momento, no se anda buscando de discoteca en discoteca, no se planea de fin de semana en fin de semana.

No sé qué más decir. Son preguntas que no salen de la cabeza, que se siguen desarrolllando. Es como -para mí- intentar dejar de pensar en la muerte. Es cosa de pensar “oh, ya no estoy pensando” y ahí está.

Es como ver las estrellas. Se ven mejor cuando se intentan ver de reojo.

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