Retiro para escritores.
En la última novela de Chuck Palahniuk, “Haunted” (o “Fantasmas” en español), diversos personajes se ven atraídos por un aviso de un diario que dice así:
ABANDONE SU VIDA DURANTE TRES MESES
Desaparezca sin más. Deje atrás todo lo que le impide crear su obra maestra. Su trabajo, su familia y su casa, todas esas obligaciones y distracciones, déjelas en suspenso durante tres meses. Viva con gente afín en un entorno que promueve la inmersión total en su trabajo. Incluyendo comida y alojamiento gratuito para todos los que sean aceptados. Apueste una pequeña fracción de su vida por la posibilidad de crear un nuevo futuro como poeta, novelista o guionista profesional. Antes de que sea demasiado tarde, viva la vida con la que sueña. Plazas muy limitadas.
Yo estoy en la playa este fin de semana. No por tres meses sino por un fin de semana, pero la lógica es parecida, necesitaba salir de la ciudad para escribir, y hasta el momento ha sido bien provechoso, tanto para leer como para escribir, porque los descansos del tipeo hay que usarlos en algo. En este momento yo los uso en “Los propios Dioses” de Asimov, que está muy bueno. Recuerdo que Graham Greene decía que en la Isla de Capri avanzaba unas 4 veces más que en otros lugares. Yo como solo tenía para el bus, me vine al Quisco. Sacrificando el cumpleaños de la polola de Jaime, Claudia, a quien mando un saludo por acá. No pudo ser tan malo, no me tuvo que aguantar ebrio.
La cosa es, ¿qué estoy tipeando acá, lejos de toda distracción mundana? Simple, quiero finalizar este fin de semana el guión de “La comiquería“, historia que ya estoy seguro que tiene que cambiar de nombre, pero que por el momento, va bastante bien. Llegada la escena 70, decidí dar un paseo por la playa, descansar, y después encerrarme en un ciber a relatar mi fin de semana.
Ayer eran las 8 cuando subí al metro, y al lado mío, una mina bastante ok, con una mochila llena, por lo que supuse que iba a algún lugar no muy lejano de Santiago. Una vez más, no me atreví a hablarle a alguien desde cero, esa es una de las cosas que hay que cambiar llegando a la ciudad, sino veo recomplicado conocer mujeres nuevas. Llegué a las 10 al Quisco. El litoral central nunca cambia demasiado, es como si hubiera energía concentrada aquí que se transforma pero nunca aumenta ni desaparece: me explico, el local de completos y papas fritas puede moverse media cuadra pero sigue siendo de los mismos dueños, el supermercado de la esquina puede cambiar otra vez de nombre pero siguen las mismas cajeras.
Caminar solo por estas calles de noche es algo que me satisface y que por lo demás estimula la imaginación, así que ayer llegué a escribir, no sin antes comerme un rico As en “El bajón”, cerca de mi casa, donde llegó de pronto un amigo del local, preguntando por sus amigos, “El garrafa” y “El Mochila”.
NOTICIA DE ÚLTIMO MOMENTO: no me van a creer esta wea, pero les juro por mi vida que es cierto, estaba seleccionando las fotos para subir al Flickr, cuando puse “seleccionar”, y ahí estaba, en “Mis Imágenes”, la foto del pene de alguien en un vaso de vidrio. Qué mierda, no quería ver eso… arg. Y recién alegaba por el teclado del cibercafé, que asco.
Sigamos. Avancé bastante esa noche, “La comiquería” ya es casi totalmente una comedia romántica, con enredos, desenredos y una vuelta de tuerca que quise darle pero que todavía no resuelvo bien para el final, eso es tarea para esta noche. En todo caso la idea se mantiene: “qué puedes mantener, la chica o la editorial de comics”. Complicada decisión. Esta semana entramos a ver una locación y a conocer a “Catalina”, la novia de Daniel. La vi en una foto y puede servir bastante, se ve como con… el carácter suficiente para ser ella.
Que horror aquel pene en un vaso de vidrio.
Para hoy en la noche: espero ir al super ahora, comprar la famosa Pichanga Surtida, y unas salchichas para acompañar los fideos. Tengo una cerveza guardada por si a las tantas de la mañana termino y quiero celebrar. Sería bien bueno.
En fin. Mañana vuelvo a la ciudad, con ese guión listo. Así que por el momento, a trabajar.





Mientras unos disfrutan de un fin de semana de relajo, otros vemos a los amigos del colegio vomitar desaforadamente en el baño de un lokal de providencia. Quiza fuimos demasiada mala influencia para el pobre, aunque no me considero tal.