Teoremas.
Este fue mi segundo cuento publicado en la Zona. Después de uno de los talleres, Alfredo Sepúlveda me llamó, junto a Mitch Gómez -cresta que han pasado años- y recuerdo que nos felicitó a ambos. Personalmente me dijo “weón, este es un muy-buen-cuento”. Era “Teoremas”, el que viene a continuación, y claro, hoy al leerlo suena sumamente ingenuo, “él es presidente del canal de tv más importante de inglaterra… a los 38 años…” pero cuando lo pienso mejor, la realidad… como tal… no es algo que me ha interesado respetar demasiado, además de que claramente Teoremas es una fábula, un cuento infantil, más que otra cosa. Y, una vez más, sin ser una excusa, hay que considerar que solo tenía 17 años.
Que horror. Soy un viejo.
Teoremas
Originalmente publicado en Zona de Contacto de El Mercurio
viernes 16 de enero de 1998, #348
Julieta vive en el sexto piso de un departamento en el sector céntrico de Kingston, Jamaica. Tiene 33 años y desde que sus padres murieron en un asalto bancario, hace casi una década, se dedica a escribir cuentos para niños y también a crear algunos teoremas. Su nombre ha cruzado oceanos y sus libros han tenido un moderado éxito en Inglaterra, Escocia y Estados Unidos, de donde le suelen llegar invitaciones que ella insiste en rechazar. Dice que nunca podría salir de Jamaica porque es el único lugar donde se encuentra totalmente bien, porque sólo allí encuentra la inspiración que necesita y además, confiesa riendo, porque le tiene terror a volar.
Su hogar es bastante pobre y solitario, con muy pocos muebles, un sofá en vez de cama y un computador de segunda mano que a veces no prende. La tostadora de pan, regalo del marinero, jamás funcionó. También hay una jaula pequeña en la cocina, pero está vacía y sucia desde que Tiro, el último hamster que tuvo, murió de sed en un rincón. Ya no tenía sentido volver a comprar uno de esos bichos feos para cuidarlo y darle de comer sin recibir nada a cambio; lo ideal sería tener a alguien a quien abrazar en esas largas noches caribeñas, aunque fuera un bicho feo, pero que la quisiera.
No como ese marinero portorriqueño de quien creyó enamorarse una vez. El hombre jugó con sus sentimientos casi dos mese, y ella se sintió bien, se sintió querida. Quiso estar más tiempo con él, pasar los días, las noches, su vida entera juntos. Pero él no tenía la misma idea y una mañana se mandó cambiar, sin previo aviso, rumbo a Estados Unidos. Julieta ha pasado los últimos cinco años esperándolo, pero sabe que no regresará. Por eso es que se prometió nunca más volver a enamorarse, nunca más entregar su corazón.
Esa misma mañana, pero unas horas más tarde, Julieta escribió su primer teorema. Hablaba acerca del amor: “…Y eso que llamamos amor no es abrazar la almohada en la noche deseando no dormir todavía para pensar un poco más en él. No es tampoco una reacción química ni un encuentro hormonal. Es una mentira, una gran mentira que creemos vivir junto a otros. El verdadedor amor lo podemos sentir sólo por una persona, y es casi imposible que ésta se encuentre próxima a nosotros. Lo que llamamos amor es un sentimiento provocado por la ansiedad, por la desesperación de no encontrar a esa persona única entre tantas otras. Es una mentira”.
El último tiempo, Julieta ha estado pensando seriamente en salir del país y concretar algunas ofertas de Escocia o Inglaterra. Ya tiene decidido que aceptará solo una: la próxima que llegue a su pequeño departamento en Kingston. Será una buena oportunidad de conocer gente y lugares nuevos, y de intentar quitarse de la cabeza esas ideas depresivas que la han mantenido desanimada desde hace algunas semanas. Es que ya se siente vieja y no sabe cuánto tiempo más podrá soportar tanta soledad.
* * *
Romeo es presidente del canal de televisión más importante de Inglaterra, y parece como si los mismos comerciales que transmite diariamente la estación se reflejaran en su propia vida. A los trece años entró a trabajar como junior del canal, pero paulatinamente fue ascendiendo, primero a supervisor, después a ejecutivo, hasta que en el otoño pasado, a los 38 años, se hizo cargo de la empresa. Tiene dos hijos encantadores, Nick, de seis años, y Marilyn, de diez, además de una bellísima esposa llamada también Marilyn. Se casaron en una iglesia de Londres cuando él tenía 25 y ella 22. Fue una ceremonia inolvidable, llena de alegría y diversión, que reunió a la familia del novio por primera vez en muchos años y los llevó incluso a olvidar viejas rencillas internas.
Romeo ha escrito dos libros en su vida. El primero fue publicado el verano del año pasado y habla acerca de sus claves para conseguir el éxito económico en la vida. Fue un fenómeno de ventas en Europa y Estados Unidos, y de vez en cuando llegan a su despacho algunas cartas de nuevos millonarios agradeciéndole por haberlo escrito.
El segundo libro no lo ha publicado y no cree que llegue a hacerlo alguna vez. Nunca llegaría a importarle a nadie, porque se mueve en un terreno donde el siempre se ha perdido. Contiene sus reflexiones más íntimas acerca de la felicidad, la pareja y el amor. Es un libro de teoremas, y en la primera página, junto al dibujo de la mitad izquierda de un corazón, está su principal afirmación: “Difícilmente alguna persona en la historia de la humanidad ha conseguido sentir verdadero amor por otra persona. Encontrar a la pareja perfecta es una utopía. Creemos amar y, lo peor de todo, creemos ser amados. Es nuestra nece(si)dad la que nos lleva a unirnos, hombres y mujeres, nuestra desesperación ante la idea de pasarnos la vida solos. La verdad es que las parejas perfectas están dispersas por el mundo, muy lejos uno de la otra, y es muy extraño que se lleguen a conocer”.
Romeo se casó con Marilyn un jueves de abri. La fecha poco importa, lo realmente importante es que si bien no la amaba entonces, y nunca la llegará a amar, descubrió una linda y muy buena persona, de corazón dulce y dispuesta a entregarse a su esposo para intentar ser felices juntos. Él decidió corresponderle, aún con lo poco que tenían. Marilyn se dejó querer y hoy viven en una mansión en las afueras de Dover, sin amarse, pero felices, aunque con esa incómoda sensación de que algo falta, de que existe solamente una cosa que no pueden aspirar a tener.
Todos los fines de semana, cuando ya es de noche, Romeo sube a la pieza de sus hijos y les lee algunos cuentos antes de dormir. Él los disfruta tanto como sus hijos, especialmente por esa extraña pero agradable sensación que le cruza el pecho cada vez que lee en voz alta las historias de los libros. Según su esposa, ello es producido por una rara habilidad en el lenguaje que posee la jamaiquina que los escribe, a quien más de una vez han intentado infructuosamente llevar al canal. En todo caso, tal como lo afirma Romeo en su primer libro, una de las claves del éxito es la insistencia, y habrá que seguir enviándole cartas rogatorias hasta que algún día se aleje por fin de Kingstone y supere ese ridículo temor a volar.




A veces nos conformamos con aquello que en apariencia nos hace bien. Un te quiero con desgano parece suficiente cuando se está sola, pero cuando finalmente tienes la suerte de encontrar a alguien que lo dice desde el fondo de su corazón eres una persona muy afortunada.
Cuando leí tu cuento por primera vez me sentí súper identificada con Julieta, recuerdo haber llorado incluso la primera vez, era como si me hubiesen puesto a escribir a mí, pero desde Chile.
Como que en algún momento uno pierde las esperanzas, como que los años empiezan a pasar y uno está cada vez más vieja y más sola.
Ya van más de 5 meses desde que nos conocemos y en todo este proceso cada tanto releo este cuento. Las cosas increíblemente han dado un vuelco maravilloso, te convertiste en un gran amigo y una maravillosa pareja. Llevamos dos meses y han sido los mejores que he tenido en los últimos años. Un gran descubrimiento.
Ahora, a diferencia de Romeo y Julieta creo que es posible encontrar nuestra otra mitad. Yo estoy feliz porque siento que es así. Porque siento que estoy completa cuando camino de tu mano y te digo lo mucho que te quiero. Porque no tengo miedo y porque podemos conversar y reír juntos. Eso creo que es fundamental.
Cuando releía tu cuento, muchas veces me daban ganas de comentarlo, invitarte a conocer mi vida (como metáfora de la carta e Inglaterra), pero al comienzo era complicado. Hoy no tengo problemas en escribir y decir que es maravilloso tenerte cerca y poder leerte.
Que a pesar de que es un cuento de alguien que tenía 17 años, habla muy bien de lo que eres, sientes y escribes. Un gran chico!